El iPod, la revolución tecnológica del siglo XXI se ha convertido en el gadget favorito para quienes disfrutan de la música en el camino desde hace ya varios años, sin embargo más allá de romper las barreras de la portabilidad, este reproductor multimedia rompió las barreras del ritual musical en el nuevo milenio.

Antecedentes y calidad del audio del iPod

El formato de audio principal que reproduce este dispositivo y al que de manera predeterminada es convertido a través del iTunes (programa de conversión y biblioteca musical exclusivo de Apple) para su posterior sincronización es el Advanced Audio Coding (AAC), pero el programa admite también el formato mp3, surgido en los ochenta y que significó un gran avance dentro de la compresión, administración y distribución de archivos de audio, cuya preferencia se ha mantenido debido a la considerable reducción de espacio o volumen y la mayor capacidad para llevar consigo grandes listas de reproducción o playlists.

En el caso del AAC, la calidad es superior y permite entonces a los usuarios amantes de la música, cargar sus colecciones de música en el bolsillo sin necesidad de cargar con el centro de entretenimiento.

Evolución y variedad del iPod

El 2001 marcó el inicio de una nueva época para el mundo de la música “para llevar”, la marca de ordenadores y equipo de cómputo Apple lanzaba al mercado el iPod, un reproductor de música en formato digital con una capacidad superior a la de cualquier reproductor y con calidad de audio sorprendente, entonces en el mercado musical se perfilaba una revolución que cambiaría la manera de escuchar música de las nuevas generaciones.

El iPod de primera generación era grande en tamaño (en comparación con los actuales) y enorme en capacidad, pues poseía 5 gigabytes de memoria. Casi un año después en el verano del 2002, la segunda generación aparecía con el doble de capacidad al mismo precio: 399 dólares estadounidenses.

A partir de entonces, el iPod se ha ido reinventando a “la velocidad del click”, después de la tercera generación la gama de este gadget se amplió, ofreciendo a partir del 2004 el iPod Mini, menor en tamaño y capacidad, con mejor portabilidad y en variedad de colores; en julio de 2004 el iPod ya contaba con una cuarta generación y para octubre de ese mismo año, el iPod vio a colores a través de su pantalla, la capacidad era superior (30GB) y en su pantalla ya era posible la visualización de fotos a colores.

En septiembre del 2005 el iPod mini fue sustituido por el iPod Nano, muy inferior en tamaño, pero con pantalla a color y visualización de fotos e interfaz a colores con capacidad de 4GB; un mes después el iPod Video llegaba con una capacidad de 30GB para disfrutar de videos musicales y películas, además de las colecciones musicales; para el 2006 la segunda generación del iPod Nano ya venía en variedad de colores y capacidad (2, 4 y 8GB) y la sexta generación del iPod no variaba mucho de la anterior.

Fue hasta el 2007 que la gama iPod se vio ampliamente diversificada y ofrecía opciones para todos los gustos y bolsillos, además de una evidente evolución. Para entonces ya existía el Nano de tercera generación con reproducción de audio y video a colores, el iPod de siempre ya no existía pero llegaba el iPod Classic con 80GB de capacidad con reproducción de audio y video, y el iPod Touch surgía como una opción revolucionadora del click.

En 2008 la segunda generación del iPod Classic ofrecía más de 100GB de capacidad y el precio era muy accesible: 299 dólares.

En septiembre de 2010 el presidente de la compañía Apple, Steve Jobs anunció la nueva línea de productos de la compañía, así como del reproductor de música más famoso del mundo, destacando la considerable reducción de tamaños del iPod Nano y iPod Touch, así como variaciones y funciones en los dispositivos y software.

Adquisición de la música: ritual en extinción

Si bien el iPod es una revolución musical, ha rezagado la cuestión física del ritual musical. Antes de su aparición la adquisición, reproducción y portabilidad de la música requería de una dinámica física, pues antes de este reproductor, lo que podría considerarse como un ritual musical era diferente.

Los formatos físicos de audio y video, tales como discos compactos, audiocassetes, vinilos, cintas VHS y DVD´s aguardaban en los anaqueles y estantes de las tiendas para su comercialización, en espera de una transacción con diversas matices configuradas por los estractos socio-culturales de los consumidores, quienes experimentaban además de la experiencia sonora, otros recursos físicos durante la selección de los álbumes. Se tocaba (el empaque) y se olía (el material), se veía (la imagen) y se escuchaba al mismo tiempo la música, sentidos elementales desplazados por el click que emerge al hacer presión sobre un botón.