La actual megalópolis de San Pablo tuvo sus comienzos en 1551 cuando los jesuitas fundaron una casa para instruir a los indígenas tupíes de la zona. El lugar se denominaba Piratininga y estaba a unas once leguas (unos 55 kilómetros) de la capitanía de San Vicente, primera población fundada en Brasil por los portugueses en 1532 y situada en la costa, a la altura del Cabo Frío.

El caserío de San Pablo crece durante los siglos XVI y XVII

San Pablo se fue formando lentamente aunque de su origen como lugar para misionar, fue mutando a centro poblacional de avanzada de la colonización portuguesa, pero ahora con el aporte de criminales y marginales. Tal como lo definía el historiador Furlong, San Pablo se convirtió en un nido de piratas, al que llegaban todos los desesperados de Brasil y también de Paraguay. (Guillermo Furlong, "Misiones y sus pueblos guaraníes", 1962).

Las "facendas" y la formación de los "bandeirantes"

Ya en el siglo XVI, las "facendas", grandes extensiones en las que se cultivaba sobre todo azúcar, requerían de mano de obra. Para ello se organizaban desde San Pablo partidas de bandeirantes (por las banderas con las que se identificaban), también llamados mamelucos, verdaderos ejércitos perfectamente armados y equipados, capitaneados por portugueses o sus descendientes e integrados en su gran mayoría por indios tupíes a sueldo. Se introducían en los territorios de los indígenas carios y guaraníes, apoderándose por la fuerza de los que fueran comercializables (descartaban a viejos, enfermos y niños); los indios eran marcados a fuego, acollarados y atados con cadenas entre si; después eran arreados en largas filas hacia la ciudad, donde eran vendidos en subasta pública. La integración mayoritaria de los ejércitos bandeirantes por los propios pueblos originarios tupíes, recuerda otras guerras entre pueblos hermanos, como las que llevaron adelante los mapuches contra pueblos de la Patagonia argentina, solo que en esta oportunidad no tenían capitanes ibéricos.

Las bandeiras paulistas y la avanzada territorial lusitana

Pronto el territorio que cubrían los bandeirantes hizo que se exterminara a la población indígena más cercana y los esclavistas debieron trasladarse hacia los territorios de la corona española del Río de la Plata.

Motivo de estas correrías fueron muchos de los conflictos que tuvieron durante los siglos XVI, XVII y XVIII las coronas española y portuguesa. La unión transitoria que tuvieron ambos reinos entre 1580 y 1640 no solamente no disminuyó la cacería humana, sino que al contrario, al no haber fronteras entre los dominios, los bandeirantes sintieron que tenían vía libre para su actividad.

El tráfico humano y la acción de los bandeirantes fue uno de los motivos por los que los portugueses avanzaron sobre territorios que estaban bajo dominio español y fuera de lo que les correspondía por el Tratado de Tordesillas, sobre todo en toda la zona que hoy linda con Paraguay, Argentina y Uruguay.

Varias guerras se sucedieron, sobre todo en los territorios de las misiones jesuíticas. Los propios religiosos combatieron junto con los indios contra las bandas de bandeirantes, en combates desiguales. Son las Guerras Guaraníticas del siglo XVIII, que llevaron a la firma de tratados entre Portugal y España, como el de Pemuta de 1750, y a la creación del Virreinato del Río de la Plata por el rey español Carlos III en 1776.

Testimonios de las correrías de los bandeirantes paulistas

El padre Mansilla decía en 1629: "Lo que los moradores de San Pablo tantas veces se han atrevido a hacer contra las leyes del Rey nuestro Señor, no haciendo caso de ellas ni de la ofensa tan grande a Dios... saliendo continuamente en malocas cautivando y trayendo a fuerza de armas indios libres." Y agrega, mencionando a algunos de los más famosos capitanes de los bandeirantes paulistas: "Los nombres pavorosos de Leitao en 1583, de Marinho en 1592, de Jorge Correa en 1594; y Soeiro, Pereira de Souza, Prado, Manoel Preto Cusha Gago, Aguiar, Siqueira, hasta Raposo Tavares en 1628 llenan las crónicas misioneras en los campos de Paranapenama, Tivagy, Praná, Iguazú y Paraguay en pleno dominio español de las reducciones jesuíticas." (Extracto de la Introducción de "Campañas del Brasil", 1931).