En México la celebración del Día de Muertos va acompañada de la colocación de un altar dedicado a los difuntos, la visita al panteón para dejar ofrendas a familiares y las rimas de las tradicionales calaveras.

Las calaveras literarias son composiciones picarescas y humorísticas dedicadas a un personaje destacado, redactadas en forma de epitafio o pequeño texto en verso que se inscribe en las tumbas.

Cada año, se versa sobre los personajes del momento e incluso sobre las tragedias que agobiaron al país, tienen un tono irónico, exhiben defectos y critican vicios; son muestra de la creatividad e irreverencia del mexicano.

Orígenes de las calaveras literarias

"Una civilización que niega a la muerte, acaba por negar a la vida." Octavio Paz

El culto a la muerte, tiene sus orígenes en la época prehispánica, mismo que se ve reflejado en restos arquitectónicos, utensilios, pinturas y cerámica hallados en diversos centros ceremoniales.

La muerte era considerada un tránsito inevitable, un cese de sufrimientos, por ello no inspiraba temor. Esta concepción ha seguido su curso durante toda la historia de México y representada en su literatura.

En el siglo XVIII los criollos y mestizos escribían pasquines, textos satíricos y burlones generalmente anónimos, un medio para expresar su inconformidad con las autoridades españolas.

En la primera novela mexicana “El periquillo Sarniento” de José María de Lizardi (1816), se incluyen composiciones poéticas con características de epitafio. Según la investigadora Blanca López de Mariscal al realizar la edición crítica y notas de libro anotó “posiblemente se trate de las más antiguas calaveras insertadas en una obra impresa que se conservan en México".

En 1849, el periódico El socialista, editado en Guadalajara, Jalisco, publica calaveritas.

El Mtro. en Estudios Latinoamericanos, Edgar Adrián Mora señala que la tradición de estos versos no tiene un punto de partida concreto en la historia, sin embargo anota que el periodista liberal Guillermo Prieto en la crónica “Muertos y Panteones” escrita para el periódico El siglo XIX, el 28 de octubre de 1878, menciona la celebración del día de muertos y la realización de serenatas o responsos de carácter fúnebre.

Estas serenatas fúnebres publicadas el día de muertos eran conocidas como “panteones”, se distribuían en hojas sueltas y eran de carácter generalmente anónimo.

La fuerte crítica que contenían las calaveritas no fue del agrado de los gobiernos en turno, por lo que se confiscaron o destruyeron muchas, por esta razón es difícil encontrar alguna de esos tiempos en las hemerotecas.

Entre la última década del siglo XIX y la primera del XX, las calaveras tuvieron mayor popularidad por el trabajo del grabador José Guadalupe Posada y el escritor Antonio Vanegas Arroyo en el periódico semanal La patria ilustrada.

Vanegas Arroyo escribía las calaveras y Posada las ilustraba, logrando más de 200 imágenes que actualmente forman parte de la iconografía popular de la celebración del día de muertos, sobre todo “La calavera garbancera”, mejor conocida como “La catrina”.

Funciones sociales de las calaveritas

Para el Mtro. en letras españolas Rodolfo Gutiérrez García, las calaveritas cumplen las siguientes funciones sociales:

  • Función catártica: los lectores al regocijarnos con la lectura de calaveras, purificamos nuestra alma de rencores y pasiones malsanas. Damos salida mediante la risa estrepitosa o la sonrisa moderada a todo rencor, el resentimiento que nos causa ver nuestras esperanzas frustradas.
  • Testimonio histórico: las calaveras nos dan noticias históricas verificables, consignan hechos concretos.
  • Termómetro social: se muestra la percepción de la sociedad sobre el actuar o vida de un personaje.
Calaverita dedicada al escritor Gabriel García Márquez, tomada del periódico La Jornada Michoacán:

"Quiso esconderse en Macondo,

La muerte fue tras él.

Ella se puso sus moños

y lo tiró a un hoyo hondo

¿De qué se murió Gabriel?

De amor y otros demonios"

Las calaveras no mueren

Con la llegada de las festividades del Día de Muertos, las calaveras reaparecen en publicaciones, se realizan concursos para elegir la mejor, el ingenio del mexicano juega con las palabras y sus desgracias para recordar que no le teme a la muerte.