En la época de las cavernas, hay evidencias de que en las lóbregas cuevas los hombres utilizaban piedras afiladas para practicarse la depilación facial.

El hombre y la mujer prehistórica ya tenían una buena conciencia de su cuerpo, un rasgo que nos separa de la mayoría de los animales, por tanto, por esa época ya comenzaron, a pesar del dolor, a librar la piel de las masas pilosas.

Edad Antigua

Hace 1.500 años, en el antiguo Egipto, según el famoso papiro de Ebers, un documento donde representaban a la mujer del faraón, ideal de belleza femenina, libre de vello, un símbolo de belleza y pulcritud. Los egipcios estaban muy preocupados por la higiene y la estética, se llegaban a lavar tres veces al día. Tal vez el caluroso clima de las tierras faraónicas tuviera algo que ver con la práctica de la depilación total del cuerpo.

Las mujeres utilizaban conchas de tortuga para cortarse el pelo, además de la llama de una antorcha e incluso grasa de hipopótamo, que tal vez sea la primera crema depilatoria de la historia. Si bien el método que predominaba en la gran civilización egipcia era el “Halawa”; una pasta compuesta básicamente de agua, azúcar, aceite, limón, sicómoro y miel.

Los griegos continuaron las técnicas depilatorias egipcias, pues pensaban que un cuerpo sin vellosidad era símbolo de belleza, juventud e inocencia. Empero, añadieron a su catálogo lamparillas y velas para quemar el vello. Asimismo usaban ceras hechas con cenizas, minerales, resinas y sangre de animales. También usaban abrasivos como la piedra pómez.

Los romanos eran depilados cuidadosamente por sus esclavos que hacían de esteticistas. Les untaban con cremas, les arrancaban el pelillo con unas pinzas llamadas “Volsellas”, les depilaban sus partes íntimas, y les hacían ceras con dropax: una mezcla de brea y de resinas a la que denominaban “Philotrum”.

Edad Media

Para depilarse las cejas, las sienes y la frente, los europeos utilizaban el oropimente, un mineral compuesto de arsénico, azufre y lo mezclaban con cal. Entre los siglos XV y XVII se continuó con estas prácticas, si bien, además, se cubrían las partes a depilar con vendajes saturados con aceites y vinagres. Y no se olvidaron de las navajas y las pinzas para seguir depilándose algunas partes del cuerpo.

En América, los aborígenes tampoco se descuidaban de la beldad, tanto hombres como mujeres, y como no, también la expresaban rasurándose parte de la pelusa de su cuerpo. Los americanos utilizaban para afeitarse navajas con valvas de moluscos afiladas, tijeras con quijadas de las palometas y pinzas que las fabricaban con conchas de moluscos.

Siglo XVIII

El hombre jamás se prestó a la dejadez, siguió pensando y elaborando nuevos cosméticos y utensilios que les librara de los bosquecillos pilosos. Y fue en 1750 cuando en Francia surgió la brocha que suavizó el afeitado masculino. En 1762 un barbero francés llamado Jean Jacques Perret, inventó la primera maquinilla de afeitar, que constaba de un borde de metal sobre la cuchilla para así prevenir los cortes de la piel.

Siglo XX

Con el nuevo siglo llegaron nuevos avances. Concretamente en 1903 el estadounidense King Camp Gillette se ingenió la maquinilla de afeitar con hojas de usar y tirar.

En 1920 la depilación femenina se popularizó, y con ello la formula de cera compuesta por resina vegetal, parafina y cera de abeja para utilizarlo en gran parte de su cuerpo. Y hacían servir las pinzas para las cejas.

No obstante, la depilación de larga duración no llegaría hasta finales del siglo. Antes, en 1927 Jacob Schick, un coronel estadounidense, introdujo el afeitado en seco con la invención de la maquinilla de afeitar eléctrica. Una década más tarde, salieron nuevos modelos de maquinillas eléctricas con cabezales giratorios y menos ruidosos.

Para ellas, llegaron las primeras cremas depilatorias que destruían químicamente el pelo, modificando en parte su crecimiento ya que atacaban la queratina, la capa más externa de la epidermis donde se arraiga el pelo.

Y llegó la depilación eléctrica por termólisis y electrólisis, aunque el proceso es doloroso, realmente llegó a ser de larga duración, pues la técnica constaba de una aguja que lanzaba un impulso eléctrico directamente a la raíz del vello y el pelo jamás volvía a crecer.

Y por fin, en 1994 el doctor Grossman y el Dr. Anderson comienzan la era de la fototermólisis selectiva y de la depilación láser a través de un láser rubí de alta potencia.

Siglo XXI

Hoy en día, recién entrados en la segunda década del siglo XXI, muchos expertos consideran la depilación láser, incluida la fotodepilación, también llamada IPL , como el remedio final de la depilación, ya que a través de un haz de luz de alta potencia destruye permanentemente el folículo piloso, eso sí, sin casi dolor y sin quemar la piel.

No obstante, todavía continuamos aplicándonos la cera. Nos untamos con cremas hipoalergénicas para deshacernos químicamente de la vellosidad. También están las maquinillas eléctricas de rotación, que consta de una serie de rodillos y pinzas que van arrancando los pelos de raíz, incluso llegando a cortar el vello más corto, hasta 0.5 milímetros de longitud, o el pelo que crece en diferentes direcciones. Y seguimos pasándonos la cuchilla. Hay que añadir que no es verídico que utilizar esta herramienta fortalece el vello, pues justamente no puede variar el color, el espesor o la velocidad del crecimiento del pelo. Y las pinzas continuan en nuestro neceser. Además están los inhibidores químicos que se aplica después de la depilación. Estos productos se aplican sobre las zonas recién rasuradas mediante un masaje para evitar el crecimiento del vello, consiguiendo debilitar la actividad del bulbo.

En un futuro descubriremos otras técnicas, métodos o fórmulas para depilarnos. Y del dicho: “el hombre y el oso, cuanto más peludo, más hermoso”, tal vez deberíamos decir; “el hombre y el oso, cuanto menos peludo, más hermoso”. Del oso no lo garantizamos, pero del hombre y la mujer seguro que sí, estaremos más hermosos.