La historia de Inglaterra estuvo tachonada de invasiones, las que fueron otorgando un particular espíritu a su pueblo y a sus líderes, respecto de la defensa de sus derechos cuando fueran conculcados por el gobernante.

Por cierto que este proceso llevó siglos, pero en todo caso tuvo su especial relevancia con la Carta Magna, hacia los primeros años del siglo XIII, durante el reinado del déspota Juan Sin Tierra.

Juan Sin Tierra, el reinado de los desaciertos y el terror

Después de la muerte de su legendario hermano Ricardo Corazón de León en 1199, Juan, llamado Sin Tierra asumió como rey de Inglaterra. Juan era descendiente del normando Guillermo el Conquistador, y como a todos los normandos, le gustaba la guerra.

Juan no fue la excepción y empezó su reinado de forma violenta y requiriendo de enormes esfuerzos del pueblo para financiar sus diversiones y sobre todo, sus guerras, mediante el aporte de impuestos y la imposición de multas aribitrarias.

Sus acciones desmedidas y discrecionales en las que demostraba su poder le valieron enemigos poderosos, entre los que se anotó al Papa: lo que él pudiera ordenar sobre la vida espiritual resultaba trascendental para las personas.

Así fue como ordenós a los Obispos que pronunciaran el interdicto o el entredicho contra el reino gobernado por Juan. Esta orden implicaba la prohibición del culto en todos sus dominios y se dejaba de dar los sacramentos y cesaban las ceremonias religiosas. Juan Sin Tierra subió la apuesta y se apoderó de todos los bienes de los obispados y de los conventos. La devolución de esos bienes fue mediante el pago de una suma enorme. Juan fue excomulgado por el Papa y así permaneció por tres años hasta que legados del pontífice fueron a la Asamblea de los señores y anunciaron que aquel los desligaba del juramenteo de fidelidad al rey y podían dejar de obedecerle. La presión vino de un convenio del Papa con el rey de Francia y la eventual pérdida de todo el reino y Juan cedió. Prometió devolver el dinero incautado y juró homenaje al Papa hacia 1213, por lo que éste lo absolvió.

Los barones hacen firmar la Carta Magna a Juan Sin Tierra

Los barones seguían enemistados con Juan porque recurría a todo tipo de artimañas para conseguir dinero: impuestos, multas y confiscaciones. Encerraba a los parientes de los nobles como forma de obligarlos a luchar junto a él en sus guerras. Finalmente, al verlo sumiso con el Papa, los barones se pusieron de acuerdo para obligarlo a cambiar de conducta. El azobispo de Canterbury, Langton, les mostró una misiva del anterior rey Enrique I, en la que prometía cumplir con las costumbres de los ingleses. Por esto decidieron escribir una carta en la que quedaran establecidos sus derechos y hacer que esta fuera jurada por el rey.

Juan volvió a Inglaterra con un ejército en 1215 y los barones se armaton para resistir. La petición fue presentada y Juan se negó, por lo que los barones atacaron los castillos reales y enviaron comunicaciones a todos los caballeros del reino e incluso lograron sublevar a la ciudad más grande: Londres. Juan se quedó sin partidarios y cedió: la cita con los barones fue en la pradera de Windsor y el rey puso su sello a la Carta.

Qué dice la Carta Magna

El documento enumeraba los abusos que el rey había cometido y a los que el rey se comprometería a no volverlos a cometer. En especial no podía imponer tributo alguno sino después de reunir a sus vasallos y obtener su consentimiento. También consignaba la Carta que ningún hombre libre podía ser detenido, encarcelado o desterrado, sin seguir con las forma de la justicia, es decir sin juicio previo.

El rey Juan no respeta la Carta Magna

Juan se arrepintió de su firma y envió la Carta al Papa y como estaban en buenos términos en ese momento, el Papa la desautorizó, lo que habilitó a Juan a llevar otra de sus sangrientas guerras contra los barones. Estos decidieron no reconocer más a Juan, incluso proclamaron al príncipe Luis, hijo del rey de Francia, como monarca de Inglaterra.

No fue necesario que este asumiera porque Juan murió al año siguiente en 1216, cuando ya huía por el país, derrotado. Su hijo, Enrique III fue aceptado y confirmó la Carta Magna ese año y en 1225, cuando tuvo la mayoría de edad. En 1253 se hizo una gran ceremonia ratificatoria y desde entonces la Carta Magna es para Inglaterra "el fundamento de las libertades inglesas."