Luis XIV, conocido como el Rey Sol (Roi soleil en francés) y más famoso aun por su frase "El Estado soy yo". Su largo reinado hizo acordar al otro gran gobernante de Francia justo 900 años antes: Carlomagno.

Fue el rey que llevó al apogeo al sistema de gobierno de la monarquía absoluta y a Francia a ser la primera potencia mundial y el árbitro de Europa.

La eficacia de Luis XIV como estadista

Había nacido en 1638 y sus primeros años vio como los cancilleres regentes gobernaban en nombre de él: el útlimo fue el Cardenal Mazarino, quien al morir en 1661, dejó un reino afianzado, para que el joven rey de 23 años, aprovechara una coyuntura interna e internacional favorable.

Luis XIV empezó con toda energía su reinado, pidiendo que sus ministros le reportaran directamente las consultas. Supo rodearse de los mejores hombres de gobierno que Francia tenía en ese momento y supo como imponer las decisiones adecuadas para el engrandecimiento del reino, sobre todo en la primera etapa de su gobierno.

Colbert, el genio de las finanzas de Luis XIV

Fue el más reconocido de los ministros de Luis XIV y como Ministro de Finanzas fue el primer gran proteccionista de la historia. Tuvo la habilidad de tomar medidas económicas adecuadas para ordenar las finanzas, reactivar la agricultura, desarrollar las primeras industrias manufactureras y a estimular el comercio. Esto último lo hizo trabando el ingreso de mercaderías extranjeras por un férreo sistema de tarifas. Promovió también las vías de comunicación terrestres y acuáticas y también se lo reconoce como el creador de la marina mercante francesa y por lo tanto, fue el principal impulsor del poderío colonial francés.

El ejército de Luis XIV

Una de las principales preocupaciones del rey fue contar con fuerzas armadas numerosas y capaces de imponer la hegemonía de Francia en Europa. Para eso contó con personajes como Louvois, organizador del ejército, el que empezó por restablecer la disciplina y el aprovisionamiento de armas y vituallas. Por su parte, Vauban fue un brillante ingeniero militar, que cambió la forma de hacer la guerra y de la defensa.

Política exterior de Luis XIV

El reconocimiento de Francia como potencia fue un objetivo permanente del rey, lo que llevó a Francia a intervenir en varias guerras y a entrometerse en la política interna y dinástica de otros países, como en el caso de España o la propia Santa Sede. En el caso de España, al fallecer su rey, Felipe IV, que era el padre de su mujer María Teresa, Luis XIV reclamó los Países Bajos españoles, como derecho de su esposa. Como consecuencia de esto, Luis XIV invadió Flandes y desencadenó lo que se llamaría la "Guerra de devolución" en la que conquistó momentáneamente el Franco Condado en 1668, deteniéndose solo cuando se aliaron Holanda, Inglaterra y Suecia. La paz de Aquisgrán (Aix-la-Chapelle) hizo que quedara Flandes para Francia.

Invasión de Holanda por Luis XIV

Tres años después de la paz de Aquisgrán, Luis XIV invadió los Países Bajos y se hizo con el país, mientras que la resistencia nombraba clandestinamente a Guillermo de Orange y perpetuaba atentados, como la apertura de los diques que inundaron todo el país.

Esta guerra hizo que en 1673 se formara la primera gran coalición contra Luis XIV. Las victorias fueron costosas para Francia: hacia 1674 el general Condé pudo contener a los enemigos y completó también la conquista de Alsacia al año siguiente.

Las batallas marítimas y terrestres se sucedieron y se coronaron en 1677 con la victoria de Cassel y la toma de la ciudad de Gantes, en Flandes. Al año siguiente se firmó el tratado de Nimegue, con grandes ventajas territoriales para Francia en lo que es hoy Bélgica.

Apogeo y decadencia del reinado de Luis XIV

Este momento del siglo XVII fue el apogeo del reinado del Rey Sol, atento a que hasta su muerte, su influencia empezó a decaer lentamente, sobre todo hacia los últimos años, ya en el siglo XVIII.

Sin embargo, su brillante legado pasó también por otros aspectos, como las letras, las ciencias y las artes. Tanto que en su época se fijaron las reglas de la lengua francesa, las ciencias comenzaron su progreso, que habría de seguir en forma persistente durante los siglos siguientes, mientras que la pintura, la arquitectura, la escultura, la escritura, entre otras artes, llegarían a un grado de perfección, no conocido en Francia hasta ese momento.