La coronación de Carlomagno en la Navidad del año 800 fue el punto cúlmine de un proceso dinástico que se desarrolló desde mediados del siglo VII en el corazón del reino franco. Hacia el año 600 se empezó a destacar la familia de Pepino de Landen y de San Arnulfo, de la que surgió Pepino de Heristal como el principal gobernante de los francos en las postrimerías del siglo VII. Landen y Héristal eran pueblos cercanos a la actual Lieja, en la actual Bélgica, en el corazón de lo que era la Austrasia franca.

Pepino de Heristal y la consolidación del poder entre los francos

Después de la fundación del reino franco por Clodoveo hacia fines del siglo V y su consolidación durante el siglo VI, los reyes francos que le sucedieron, llamados merovingios, cayeron en la decadencia. Su existencia como reyes empezó a tener una figura representativa de la corono pero no gobernaban, porque delegaban sus funciones en los llamdos mayordomos, los verdaderos gobernantes.

Pepino de Heristal fue el primer mayordomo de palacio que se destacó. Ya se había destacado en la defensa del reino franco en las guerras contra las tribus germanas de los turingios, los frisones y los eternos enemigos de los francos: los sajones que se quedaron en el continente (una gran parte de esta tribu del norte de Alemania había emigrado a Britania, formando para esa época la llamada Heptarquía anglosajona).

Durante el gobierno de Pepino de Heristal se sucedieron los mediocres reyes merovingios Clovis III, Childeberto III y Dagoberto III. No era el momento de asumir el trono pese a que Pepino lo intentó, pero a su muerte en 714, su familia ya era considerada como real.

Carlos Martel y la continuidad de la dinastía de Pepino

Carlos Martel era hijo de Pepino pero no de su legítima mujer, Plectrudia. Para esta - que hacía las veces de regente - y su pequeño hijo de seis años - designado mayordomo por su padre antes de morir-, se convirtió en un enemigo, de modo tal que Plectudria rápidamente hizo encerrar a Carlos en Colonia.

Carlos logró escapar y aprovechando las revueltas en las que estaban sumidos las provincias francas de Neustria (aproximadamente el norte de Francia) y Austrasia (lo que sería parte del noreste de Alemania, Bélgica y Holanda), se puso del lado de los austrasios y se impuso como gobernante de los francos, después de derrotar a los neustrios en las batallas de Vincy y Soissons (717-719).

Carlos Martel y la batalla de Poitiers

La invasión árabe había sobrepasado los Pirineos hacia el año 720. Salvo las montañas del norte, España estaba ocupada. Era el turno del reino franco y los árabes avanzaron Aquitania, siendo detenidos en una primera instancia por el conde aquitanio Eudes en la batalla de Toulouse en 721. Cambiaron el rumbo y se dirigieron hacia el Ródano y el Saona, atacando el centro del país. Carlos Martel reunió todos los ejércitos del reino franco y los enfrentó en la batalla de Poitiers, en la que se enfrentaron la caballería ligera árabe contra la fuerza blindada de los caballeros francos, que prevalecieron. La derrota de los musulmanes hizo que fueran expulsados de lo que era la Galia y los francos aprovecharon para asesurar su dominio sobre esa zona.

La victoria de Carlos, apodado Martel (martillo) desde ese acontecimiento, hizo que su poder llegara a la cúspide, permitiéndose incluso no nombrar sucesor de los merovingios como rey, aunque tampoco él se adjudicó el cetro.

A su muerte en 741, Carlos había dejado el reino bastante consolidado como para prepar lo mejor de la etapa carolingia.

Pepino el Breve y Carloman

Carlos Martel repartió el reino entre sus hijos Pepino el Breve y Carloman. Sin embargo, caso raro en la historia, los hermanos no batallaron y se ayudaron mutuamente en los problemas que tuvieron, incluso unieron fuerzas para combatir a los bávaros, sajones y frisones.

Finalmente Carloman se retiró a la vida monástica en el año 747 y quedó a cargo Pepino, apodado el Breve por su poca estatura.

La deposición del último merovingio

Pepino y Carloman habían nombrado a Childerico III como rey de los francos al momento de asumir los gobiernos. Pero había llegado el momento de hacer real el poder que se ejercía y en una asamblea llevada a cabo en Soissons en 752, Pepino depuso a Childerico, cortándole su larga cabellera (símbolo de la realeza para los francos). Pepino fue nombrado rey de los francos y empezó la dinastía carolingia.

Pepino, sin embargo, tuvo que guerrear durante su reinado para seguir consolidando el poder sobre el territorio que dominaban los francos, sobre todo en el sur. También fue el primero en intervenir fuera de las fronteras del reino, en Italia y a pedido del Papa, contra la invasión que habían sufrido por parte de otra tribu germánica, los Lombardos.

Las conquistas de Pepino el Breve le dieron prestigio entre los cristianos y su reinado dejaría sentadas las bases que llevarían a los francos a la cúspide de la hegemonía europea, con el hijo de aquel, el emperador Carlomagno.