Los visigodos de Hispania, herederos del reino que esa tribu germánica había fundado hacia el año 450 desde la Galia, sucumbió hacia el año 711 por la invasión de los ejércitos musulmanes provenientes del Norte de África.

En unos pocos años el reino desapareció, excepto las comunidades del montañoso norte, pobladas por cántabros y astures, que se debatían entre pagar tributos a los invasores o combatir. Hacia 718 surgió de entre ellos un líder, Pelayo, quien los incitó a pelear y a rebelarse contra la invasión, tornándose inevitable una confrontación. Todo este episodio de la historia de España está envuelto en la épica y la leyenda, entremezclada con hechos reales y es la etapa previa a esta confrontación la se va detallar.

El final del reino de Witiza

Hacia 710 gobernaba el rey godo Witiza, cuyo padre, Egica, lo había designado sin seguir la costumbre de los visigodos, de que el rey fuera nombrado por una asamblea de nobles. Witiza logró insuflar terror en los turbulentos nobles, en una época en la que los crímenes políticos, las venganzas y traiciones eran moneda corriente en el reino visigodo.

No sorprendió entonces que se mantuviera en el poder y que, siguiendo forma irregular en la que él mismo había sido designado, nombrara a su hijo Agila como sucesor, cuando este tenía diez años de edad.

Witiza murió en 710 y los nobles no respetaron la voluntad del anterior monarca y se reunieron para designar al nuevo rey. La asamblea se llevó a cabo en la capital del reino, Toledo, y resultó electo Don Rodrigo, un guerrero de afamado valor, noble de tierras del sur de Hispania.

Las consecuencias de la designación de Don Rodrigo como rey

Agila fue desterrado a la Tarraconense, pero tanto él como sus partidarios quedaron a la expectativa de la revancha; el reinado de Rodrigo siempre quedaría supeditado por la falta de apoyo y el estado de sublevación que generó el desplazamiento de Agila, así como por los acuerdos que debió pergeñar para sostener la corona.

Las crónicas, tal vez legendarias, refieren a amoríos y desavenencias matrimoniales, como las causales del deterioro del reinado de Rodrigo y de la llegada de los musulmanes.

Rodrigo estaba casado con Egilona, quien en silencio amaba a Pelayo, uno de los guardias personales del rey. El comienzo del reinado de Rodrigo hizo que los amantes resignaran sus sentimientos para evitarse males mayores, atento a la implacabilidad que el rey godo ejercía con sus enemigos.

Pero las versiones de la época dicen que Rodrigo amaba realmente a Florinda, hija del conde don Julián, gobernador de Ceuta, al norte de África, quien posteriormente se convertiría en enemigo del rey.

La invasión de los musulmanes

Apenas erigido rey, Rodrigo debió acudir a sofocar una rebelión de los vascones, al norte de la península. Cuando estaba por terminar la campaña le llegaron las noticias del desembarco del ejército musulmán en el lejano sur.

La llegada de esta gran fuerza con camellos y armamento de envergadura, hacía pensar en una invasión, por lo que Rodrigo se dirigió raudamente hacia el sur, reclutando guerreros a su paso, incluso llamó a los partidarios de Agila, entre ellos a sus tíos, el conde Sisiberto y el obispo Oppas. Esta convocatoria fue un error político, porque todavía estaba fresco el desaire que habían sufrido por la elección de Rodrigo como rey.

Por su parte el conde Julián, dolido por los amoríos del rey con su hija, dejó pasar las tropas musulmanas por su estratégico territorio sin siquiera avisar al rey.

El ejército musulmán contaba con 20.000 bereberes, comandados por Tariq Ben Ziyad. Una avanzada de 500 guerreros al mando de Tarif abú Zara, concertó una alianza con los enemigos de Rodrigo, para que Agila recuperara el trono, a cambio de riquezas.

Los 40.000 hombres de Rodrigo parecía una fuerza enorme para los invasores, sin embargo a orillas del Río Guadalete, donde se dio la batalla, se produjo la deserción de los partidarios de Agila, que se pasaron al enemigo. Este impacto produjo la derrota de don Rodrigo y la caída del reino visigodo; por cierto, una lección recurrente en la historia de la humanidad: los mercenarios musulmanes no respetaron el convenio y se quedaron con gran parte del territorio del reino.

Unos años después vino la batalla de Covadonga, el inicio de la reconquista de España desde el reducto asturiano y cántabro. Hacia 1212 los reinos musulmanes quedaron reducidos a la zona sur del territorio, por la derrota que padecieron en la batalla de Navas de Tolosa. El poder mahometano ya no representaba peligro alguno y si no fuera por las desavenencias de los señores castellanos, la reconquista total se hubiera producido mucho antes que la fecha de la caída de Granada en 1491, a manos de los reyes católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.