Los pueblos germánicos produjeron uno de los movimientos migratorios más importantes de la historia de Europa desde fines del siglo V d.C. Sabemos que los germanos, pueblo ario caucásico, se desarrolló dividido en diversas tribus que compartían características comunes como ciertas formas de religión y la raíz del idioma -aunque había muchos dialectos diversos, en verdad-. Los germanos fueron ocupando la Europa Central desde Escandinavia hasta los Alpes y desde lo que hoy es Polonia y norte de Rumania hasta el Atlántico al oeste. Las tribus más conocidas son:

  • Los godos, originarios de Escandinavia, llegaron a dominar Italia e Hispania;
  • los alamanes, ubicados a la vera del Rhin;
  • los marcomanos, en la zona de la actual Austria;
  • los francos, ocupaban lo que hoy es Bélgica;
  • los batavos y frisos vivían en la actual Holanda;
  • los lombardos, originarios del Mar Báltico, al norte de Alemania;
  • los anglos y jutos, eran los habitantes de Dinamarca;
  • los sajones, habitaban la costa atlántica del norte de la actual Alemania;
  • los escandinavos, aparecieron más tarde en la historia y estaban divididos en suecos, daneses y noruegos, ocupando respectivamente las actuales Suecia, Dinamarca (libre de anglos en tiempos de su llegada) y Noruega.
Los germanos siempre fueron, según los casos, rivales o aliados y vecinos del Imperio Romano. La superpoblación de las tribus, las presiones internas y externas de otros pueblos como los hunos, el nivel de vida del Imperio Romano, fueron los principales factores que incidieron en la gran invasión de los siglos V y VI.

Los invasores germánicos en Britania

En la provincia romana de Britania las invasiones empezaron unas décadas más tarde que en el resto de Europa. Pese a que durante los siglos III y IV los romanos debieron reforzar las defensas costeras de Britania por las serias incursiones saqueadoras de piratas francos, frisos y sajones, ubicados en la costa continental frente al Canal de la Mancha. A principios del siglo V la situación cambió porque la última legión romana ubicada en Britania se embarcó hacia la Galia, donde los invasores germanos estaban haciendo estragos. Esta situación provocó la vuelta al régimen tribal de los britanos, quienes no estaban preparados para resistir lo que vendría. En efecto, los invasores germanos intensificaron los ataques sobre la isla, esta vez sabiendo que no había ejércitos organizados que la defendieran. Las incursiones empezaron en la zona más cercana al continente, Kent, donde los jutos, pueblo de la zona norte de Alemania y sur de Dinamarca, lograron dominar a la tribu britana del lugar e iniciaron un reinado efímero. Hacia el año 450 verdaderas oleadas de sajones invadían junto con sus familias el sur de la isla, desde Kent hacia el oeste, fundando reinos perdurables como Essex, Sussex y Wessex, es decir, sajones del Este, Sur y Oeste. Recordemos que los sajones eran oriundos de una zona del norte de Alemania, ubicada cerca de la actual Holanda, y que incluso ha mantenido el topónimo de esta gente: Sajonia. Un poco más tarde, hacia las primeras décadas del siglo VI, los anglos -ubicados en lo que es la actual Dinamarca- emigraron en masa a la isla, hacia las zonas ubicadas al norte de donde estaban los sajones, el centro de la isla y ocupando territorios hasta lo que hoy es parte de Escocia. Los invasores se desplazaban en pequeñas embarcaciones impulsadas por remos, poco más grandes que botes, con las que se enfrentaban al agitado Mar del Norte. Muchas deben haberse hundido en el intento.

La resistencia de los britanos

La llegada de los nuevos amos germánicos no fue pacífica. Los nativos celtas -britanos- y los britano-romanos se organizaron como pudieron para resistir la invasión. Numerosas batallas se libraron, generalmente con pérdidas para los autóctonos. Así, los anglosajones fueron avanzando generación tras generación, empujando hacia el oeste a sus enemigos. Hacia el sudoeste quedaron para los britanos los territorios de Gales -que se mantiene hasta nuestros días incluso con su idioma- y la punta del Oeste, la península de Cornwall (Cornualles en castellano). Hacia el centro de la isla hubo resistencias y por un tiempo existieron zonas celtas como el reino de Strathclyde, mientras que al norte los nativos celtas denominados escotos resistieron siempre la influencia anglosajona y formaron el reino de Escocia, que se ha mantenido hasta nuestros días como integrante de la Gran Bretaña. Los britanos que quedaban en la zona dominada por los anglosajones fueron asimilados o esclavizados y su idioma, cultura y religión, borrados. Esta invasión de Britania diferencia a la de los germanos del continente, donde los pueblos dominados mantuvieron su idioma, el latín, y sus costumbres, e incluso fueron los mismos bárbaros los que sufrieron un proceso inverso y fueron adoptando la forma de vida de los dominados. Nada de esto pasó en Britania: los sajones paganos transpolaron su forma de vida en el continente a la isla, y esta característica iba a significar una dificultad adicional para la asimilación de la isla al Cristianismo.

La Heptarquía anglosajona

Desde fines del siglo VI y durante el VII los invasores se hicieron conocidos en el continente, a partir de la mayor influencia que los anglos tenían en ese momento sobre los demás pueblos, por lo que este hecho iba a significar la denominación que para siempre le quedaría a los territorios ocupados: Tierra de los anglos o Inglaterra. Para esa época los anglos habían fundado cuatro reinos: Mercia, al centro del país; Anglia Oriental, al este de Mercia sobre la costa este; Deira al norte de Anglia Oriental y Bernicia al norte de Deira, que penetraba en las actuales tierras escocesas. Estos dos últimos se unirían en un reino: Northumbria. Hacia el sur se destacaban tres reinos sajones de Essex, Sussex y Wessex y uno de origen juto: Kent. Wessex tendría un papel preponderante en el futuro de la historia británica. La época de los siete reinos formados por los invasores anglosajones y formados desde principios del siglo VI y consolidados hacia el siglo VII es conocida históricamente como la Heptarquía anglosajona.