Futuro complicado para los britanos cuando fueron viendo que perderían su libertad, como la estaban perdiendo los galos, sus hermanos celtas continentales, a causa de la guerra de la conquista romana de la Galia, comandada por unos de los personajes más importantes de la historia: Julio César. Corría el año 55 a.C y hacía unos 6 años que Jullio César guerreaba contra las tribus galas en el territorio de lo que hoy es Francia. Su campaña era exitosa pero aun no había logrado dominar totalmente la Galia, en parte por la feroz - aunque desorganizada - resistencia de los galos, en parte por la reticencia de sus enemigos en Roma a prestarle ayuda y finalmente por el auxilio externo que los galos recibían de sus hermanos celtas habitantes de la isla de Britania, los britanos, los que estaban protegidos de las legiones por los 35 kilómetros de mar del Canal de la Mancha. César descubrió esa ayuda cuando estaba sometiendo a la tribu costera gala de los Vénetos - ubicada en la actual Bretaña francesa - y decidió cubrir ese flanco con un castigo ejemplar a los britanos.

Julio César cruza por primera vez el Canal de la Mancha

Un estratega planea una expedición calculando recursos, posibles pérdidas, estado de los enemigos y la relación costo-beneficio que la incursión traería. Julio César había demostrado ser un consumado genio de la estrategia, pero sobre todo de la audacia. Esta última sobre todo, le iba a dar la gloria. Sin embargo en esta primera oportunidad en que los romanos cruzan el Canal de la Mancha y desembarcan Britania, César solo contó con la audacia. La expedición se armó como una incursión punitiva en la que quedara demostrado el poder del ejército romano pero no era la intención hacer una campaña de invasión. Dos legiones - unos 10.000 hombres - embarcaron en el Paso de Calais y ya antes de desembarcar en la zona de Kent, los romanos vieron los reflejos resplandecientes y desafiantes de las armas y armaduras que mostraban los guerreros britanos desde la costa. La excursión fue un fracaso para los romanos. Después de tres semanas y algunas escaramuzas en las que el ejército romano sufrió algunas pérdidas, Julio César decidió volver; incluso los romanos corrieron peligro de quedar atrapados en la isla porque los barcos varados corrieron peligro ante una súbita agitación de las aguas del Canal. La consecuencia fue el envalentonamiento de los britanos que se dieron por victoriosos. Su ayuda a los galos aumentó y su intervención en la Galia fue determinante para que César decidiera una segunda expedición, esta vez de gran envergadura.

Julio César desembarca en Britania por segunda vez

En el 54 a. C Julio César cruza otra vez el canal con unos 35.000 hombres; son unas 5 legiones y aparte unos 2.000 soldados a caballo, una fuerza por demás respetable para las tribus britanas. Una vez asentado el ejército, César necesitaba hacer capitular a un número importante de tribus, para que no quedara duda de que la ayuda prestada a los galos había sido una decisión errónea. En efecto, hubo varias batallas en las que los romanos rechazaron a los valientes pero desorganizados ejércitos nativos hasta el sur del Río Támesis. El territorio al norte de este río estaba dominado por un jefe de la tribu de los trinovantes de nombre Casivelaunus (Casivelono o Casivelauno), quien es el primer personaje de Britania que aparece en la historia. Casivelaunus hizo una lógica guerra de guerrillas ante un ejército más poderoso e incluso intentó quemar los barcos romanos, pero todos sus intentos fracasaron y debió rendirse ante las águilas romanas y debió comprometerse a pagar un tributo anual. Esta capitulación fue un golpe para los britanos de la isla quienes vieron lo que era capaz de hacer un ejército organizado. César pasó unos 6 meses en Britania y no dejó guarnición alguna pero logró su objetivo de escarmiento y Roma dejó su impronta. Los britanos no solamente cesaron en su ayuda a los galos, sino que incluso algunas tribus quedaron como aliadas de Roma.

La base de la conquista romana de Britania

Esta fugaz campaña dejó la idea, por lo menos para los romanos, de que Britania quedaba como un protectorado de Roma. Las pérdidas sufridas - sobre todo en la primera expedición - no fueron olvidadas y Roma también vio la oportunidad de obtener recursos por la explotación de las riquezas minerales y naturales de la isla. Sin embargo pasarían unos 90 años hasta que Roma decidiera hacer una conquista, ya durante la época del Imperio Romano. Britania se convertiría bajo su dominio en una provincia próspera y culturalmente avanzada.