La reciente adaptación televisiva en la cadena estadounidense Starz de la intrahistoria del mundo clásico, titulada Espartaco. Sangre y arena, no sólo constituye una revisión histórica de las hazañas de la figura de Espartaco, muy lejos de constituir una suerte de remake de la famosa película de Stanley Kubrick en 1960, sino que contiene a su vez toda una singular representación de la corporalidad, afín a otras producciones como 300, el cómic de Frank Miller llevado a la pantalla grande por Zack Snyder.

La exhibición del cuerpo

A lo largo de varios de los capítulos de la serie los cuerpos aparecen exhibidos desde diversas escenografías y códigos visuales. Los cuerpos de los nobles, por lo general, son cuerpos entregados al espectáculo de los placeres, al deleite de los sentidos, y disfrutan en la intimidad de las rutinas del sexo, ya sea entre sí o con las clases bajas. Sin embargo, es preciso destacar hasta qué punto la construcción de la intimidad que propone la serie, similar en gran medida a la que presumiblemente existía en la época, establece complejas puestas en escena.

La intimidad de los nobles estaba mucho más poblada que la nuestra. Las esclavas actúan como felatrices y guían a los nobles en sus tareas amatorias, si bien sucede también al revés: en otra secuencia son las clases pudientes las que observan a Varro, un gladiador amigo de Espartaco, en sus prácticas sexuales con otra esclava mientras vitorean su fuerza y habilidad.

Hay, por tanto, una curiosa inversión en este juego de miradas: los nobles miran a los esclavos fornicar, y aplauden sus acciones, mientras que los esclavos han de asistir en silencio a las escenas de Batiato y Lucrecia, los dueños del ludus, quienes establecen largas conversaciones durante sus encuentros amorosos.

Pocos cuerpos hay, de cualquier manera, tan silenciosos como los de las esclavas. Muchas de ellas pasean sus mudos encantos por las estancias de la casa, y parecen la mayor parte del tiempo invisibles tanto para gladiadores como para los guardias o los miembros de la nobleza.

Estos cuerpos-estatua, sin privilegios ni dignidades, a menudo utilizados como monedas de cambio o como pago a los gladiadores por sus servicios, nuevamente entran en resonancia con otras escenas de exhibición usuales en la serie y fruto, probablemente, de una práctica arraigada en el diccionario erótico de la cultura americana como es la exhibición de los pechos. En la arena, desde las gradas, son muchas las mujeres del populacho que entre gritos y exclamaciones descubren su desnudez como signo de admiración ante las destrezas de los gladiadores.

Los cuerpos vulnerados

Pero si algo destaca en la serie de Espartaco. Sangre y arena es su vulneración del cuerpo y la semiótica de lo espectacular con que se lleva a cabo. A las numerosas referencias orgiásticas hay que añadir una nueva versión del gore y del slapstick de los años 80 y 90. La vulneración de los cuerpos dista mucho de la visceralidad irrisoria de las películas del género gore, en donde el exceso de salpicones de sangre y órganos expuestos ante la mirada del espectador alcanzaba estadios grotescos de comicidad y patetismo.

Las escenas de lucha, los códigos visuales y su puesta en escena ligada a la espectacularidad acomodada en nuestra sensibilidad mediática proponen algunos de los momentos más característicos de la serie.

Y es que en Espartaco. Sangre y arena, sin pretensiones de realismo, se logra por el contrario una hiperrealidad de las representaciones del cuerpo mediante modernas técnicas de filmación y el uso de efectos especiales por ordenador. La digitalización de la representación del cuerpo y de la sangre establece unas coordenadas visuales del exceso, de la espectacularidad más ilusoria, pero no por ello menos efectiva.

Los cuerpos musculados de los gladiadores, hipercuerpos que escenifican, como diría Jean Baudrillard, la estética de la simulación de nuestras modernas sociedades mediáticas, constituyen no tanto un reflejo de la época como una versión de nuestros estereotipos postmodernos y de nuestras políticas del cuerpo y de su representación.