Aunque a día de hoy la heroína es una droga ilegal en casi todo el mundo, hace apenas un siglo era utilizada como sedante y anestésico, circunstancia que se modificó cuando los médicos advirtieron su peligrosidad. Los opiáceos, a los que pertenece la heroína, fueron ampliamente utilizados en medicina, siendo sustituidos casi por completo en la actualidad por medicamentos sintéticos de igual o mayor efectividad y, obviamente, efectos secundarios mucho menos nocivos.

Descripción de la heroína

La heroína pura es un polvo blanco de sabor amargo que procede de la adormidera. El color, sin embargo, es más variable cuando se habla de heroína ilegal, ya que las impurezas y adulterantes que se añaden en el proceso de fabricación, como pueden ser la quinina, la lactosa, el azúcar o ciertos barbitúricos, hacen que el color varíe hasta el marrón oscuro. También puede estar mezclado con otras drogas, como la cocaína, una mezcla que se conoce con el nombre de speedball.

¿Cómo se utiliza la heroína?

El consumo más habitual, y también el más peligroso, se lleva a cabo disolviendo la heroína en agua e inyectándose después. Hasta no hace mucho la mayoría de heroinómanos solían inyectarse la heroína impura. En la actualidad, la mayor pureza con la que se consigue esta droga, hace que sea empleada de otras formas, como puede ser esnifándola o fumándola, y por tanto llegando a otros consumidores que, de otro modo, tal vez no la hubieran probado. También es bastante común calentarla en una hoja de papel de aluminio e inhalar los vapores.

Efectos de la heroína

La heroína está considerada como uno de los opiáceos más potentes. Al inyectarse, el consumidor siente casi de inmediato una sensación de relajación y bienestar. El dolor físico y emocional desaparece por completo. Una de las razones primeras para que los adictos sigan utilizándola es la poderosa sensación de seguridad y tranquilidad que confiere la droga. Pero con el tiempo, el poder adictivo de la droga hace que al consumidor le sea casi imposible prescindir de ella.

Uno de los efectos más perniciosos de la heroína es el riesgo de sufrir una sobredosis con desenlace fatal. Síntomas como inquietud, ansiedad, náuseas y vómitos también se dan con cierta frecuencia, sobre todo en los consumidores más recientes. La sobredosis puede acontecer independientemente del método utilizado, pero es más común con la inyección intravenosa.

Otros peligros de la heroína

Uno de los peligros asociados al consumo de la heroína está relacionado con la forma de ser consumida. La utilización de agujas y jeringuillas, muchas veces contaminadas, facilita la transmisión de enfermedades graves, tales como la hepatitis B, la hepatitis C o el sida.

Otro de los peligros graves de la heroína radica en el consumo combinado con otras sustancias, como puede ser el alcohol, las benzodiacepinas o los barbitúricos, todos ellos depresores del sistema nervioso central. Siendo también la heroína un potente depresor, se consigue que esta mezcla tenga un efecto potencial muy elevado para generar un fallo respiratorio o cardíaco.

Síndrome de abstinencia

El síndrome de abstinencia, familiarmente conocido como el “mono”, se da con mayor severidad en el caso de la heroína, por lo que resulta muy difícil dejar esta droga. Además, la abstinencia provoca síntomas como la diarrea, calambres musculares, vómitos, taquicardias, mialgias, ansiedad, insomnio, sudores y temblores, entre otros. Todos estos síntomas hacen que el consumidor sea reacio a abandonar la heroína, por lo que las recaídas suelen ser muy habituales. La rehabilitación de un heroinómano, a tenor de lo expuesto, requiere de una importante red de apoyo.

Tratamiento para heroinómanos

Uno de los primeros objetivos consiste en evitar el síndrome de abstinencia y restaurar las funciones cerebrales dañadas por la adicción, algo que no es posible con la mera desintoxicación tradicional de la sustancia. La intervención farmacológica con el objeto de recuperar el normal funcionamiento neuronal del paciente es básica para combatir el síndrome de abstinencia y el ansia de consumo. Esta intervención, además, será necesaria para recuperar los procesos dañados de cognición y afectividad.

El tratamiento, llevado a cabo por profesionales de la medicina, la psicología y la enfermería durante las 24 horas del día, siguiendo los protocolos establecidos, es lo que garantizará las mayores probabilidades de éxito en el tratamiento de esta drogodependencia.

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