Los griegos pensaban que sus dioses vivían de modo similar a los humanos ya que tenían las mismas virtudes y defectos que los hombres pero desconocían la enfermedad, la miseria, la vejez y la muerte. Eran omnipotentes e inmortales. Además se alimentaban de néctar y ambrosía.

De la unión de dioses y mortales nacían los héroes, que eran superiores a los hombres pero inferiores a los dioses. Estos, y a veces los héroes, representaban las fuerzas de la naturaleza.

En el monte Olimpo los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban los poderes del cielo, el mar y la tierra.

Los doce dioses Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemis, Are, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón.

Hermes

Hermes es el dios olímpico mensajero, es el dios de las fronteras y los viajeros que las cruzan, y también de los pastores. Se lo considera también el patrón de oradores y del ingenio, de los literatos y poetas, del atletismo, de los inventos y del comercio en general. Pero también es el protector de ladrones y mentirosos, jefe de los sueños de los mortales y espía nocturno, según Homero.

Principalmente se lo considera como heraldo y mensajero de los dioses y protector de los viajes de un lado a otro, promotor del intercambio social y del comercio entre los hombres, mantenedor de la paz y dios de los caminos.

Como el comercio es el origen de la riqueza, Hermes también es el dios de las ganancias y las riquezas, especialmente si son inesperadas. Personifica el espíritu de cruce, se manifiesta en cualquier intercambio, transferencia, tránsito o travesía, actividades que involucren algún tipo de cruce.

Es el dios de la prudencia y la habilidad en todas las relaciones de intercambio social. Esas cualidades se combinan con el fraude, el perjurio y la inclinación al robo.

Asimismo se lo considera el inventor de los sacrificios y es protector de los animales sacrificiales, de ahí que le ofrendaran las lenguas de los animales sacrificados. Otra función importante era su rol como patrón de todos los juegos gimnásticos de los griegos, por lo que su imagen comenzó a erigirse en la entrada de los gimnasios.

Sus inventos

Hermes inventó la lucha y varios tipos de carreras, por lo que fue nombrado patrón de los atletas.

En lo relativo a la música, inventó la lira (con un caparazón de tortuga y unas cuerdas tensadas) y la siringa (con unos tubos de caña unidos).

También se dice que inventó los pesos y medidas.

Las alitas de Hermes

Originalmente se lo representaba como un dios viejo y barbudo, pero en el siglo VI a.C. Hermes fue re-imaginado como un dios atlético.

Actualmente se lo representa con una bolsa, unas sandalias aladas, un sombrero de ala ancha como la que usan los viajeros para protegerse del sol y la lluvia, y una vara de heraldo con dos serpientes entrelazadas, el caduceo, con la que transforma todo en oro. El caduceo en algunas obras de arte tiene también alas, expresando la rapidez con la que el mensajero de los dioses se movía de un lado a otro.

Ladrón desde la infancia

Hermes era hijo de Zeus y Maya, una de las Pléyades. Nació en una cueva del monte Cilene, en Arcadia.

Se dice que siendo un bebé se escapó de su cuna, fue hasta Pieria y robó unos bueyes que pertenecían a Apolo. Los escondió en una cueva a todos menos a dos, que mató y consumió. De ahí que sea conocido como ladrón y patrón de los sacrificios. Volvió a su hogar, donde inventó la lira.

Apolo descubrió el robo y lo acusó ante Maya, quien lo defendió porque era un bebé. Sin embargo Apolo llevó a Hermes frente a Zeus y tuvo que devolverle los bueyes. Para que no se enojara le regaló la primera lira que había creado y se hicieron amigos.

Uno de sus hijos era hermafrodita

Hermafrodito era uno de los hijos inmortales de Hermes y Afrodita, y contaba con los dones de cada uno de ellos. Se lo representaba como un joven de bella figura, con pechos desarrollados y larga cabellera. El mito cuenta la historia de que la ninfa Salmacis se enamoró de él y fue a bañarse en el mismo río. Se unió tanto a él que ambos cuerpos formaron uno solo, conservando la doble característica sexual.