
- Análisis del discurso - graur codrin
"La infancia de la que aquí se trata no puede ser algo que precede cronológicamente al lenguaje y que cesa de existir en un momento dado para acceder a la palabra (...) ella coexiste originariamente con el lenguaje o más bien se constituye en el movimiento mismo del lenguaje que lo expulsa para producir cada vez al hombre como sujeto". Agamben, G. 2001, Infancia e historia. Argentina, Adriana Hidalgo.
Mientras que a finales del siglo XVIII se trataba de fijar los límites del conocimiento, ahora se trata de devolver las palabras al lado de todo aquello que se dice "a través de ellas y a pesar de ellas". El primer libro de El Capital es una exégesis del valor; todo Nietszche, una exégesis de algunas palabras griegas; Freud, la exégesis de las frases mudas que sostienen y cruzan a la vez nuestro discurso evidente, nuestros fantasmas, nuestros sueños, nuestro cuerpo.
El habla como interpretación
Hay un caso, además, en el que la interpretación del discurso es un momento complementario y añadido, y en el que vamos a la esencia de las cosas mismas: se trata del diálogo, en el que estamos realmente interpretando. El habla es entonces la interpretación misma.
La función del diálogo
La función del diálogo es que decir o afirmar algo implique una relación provocativa con el otro, y que nuestra respuesta suministre la interpretación de la interpretación del otro. Ya no es un sistema de símbolos o un conjunto de reglas gramaticales y sintácticas, sino un auténtico intercambio y una labor que es lo que los griegos llamaban dialéctica.
Nietszche y la "voluntad de poder"
Para Nietszche (Nietszche, F., Así habló Zaratustra, LibrosEnRed), filólogo profesional, el concepto de interpretación se entiende a partir de la idea de "voluntad de poder": ya no se trata del significado manifiesto de lo que afirma el texto, sino de la función de conservación de la vida que desempeñan el texto y sus intérpretes, del aumento de poder. Esta postura nos obliga a desenmascarar las pretensiones que se ocultan tras la llamada objetividad.
La fenomenología trascendental de Heidegger
Heidegger fue el autor que introdujo en filosofía el concepto de hermenéutica. Situó la hermenéutica en la base de su análisis al mostrar que la interpretación no es una actividad aislada de los seres humanos sino la estructura fundamental de nuestra experiencia de la vida. En Ser y tiempo, (Heidegger, M., Ser y tiempo, 1999, FCE), Heidegger pasa a buscar en la existencia un fundamento más profundo del problema de toda filosofía. Y lo que llamó "existencia", ese ser ahí que proyecta, no era como en Husserl la conciencia.
La simpatía trascendental de Husserl
Para Husserl la conciencia es precisamente intencionalidad. Lo que prima es captar lo que está presente en los sentidos, la percepción sensible. Hay algo con forma humana que se presenta ante mí, la existencia del "otro", y yo confiero a ese objeto un yo transfiriéndole el mío. Husserl (Husserl, E., Investigaciones lógicas, 1 y 2, Editorial Alianza), llamó a esto simpatía trascendental o intropatía.
Foucault y el psicoanálisis
Para Foucault (Foucualt, M. La hermenéutica del sujeto, 2005, Akal), el momento clave en la psicología es el descubrimiento por Freud del inconsciente, reestructurando por completo el objeto de todas las Ciencias Humanas; entendido por Freud como una "cosa" y reinterpretado por Lacan de modo más sutil como texto, el cuerpo mismo, la cultura a la que pertenecemos, la sociedad, etc., formarían parte de ese inconsciente. Foucault también asume en su genealogía que es Kant (Kant, I. 2000, Lógica, Akal), quien inaugura el pensamiento acerca del hombre y del ser al formular las preguntas de qué es el hombre, qué puedo conocer, qué me cabe esperar, prologando así una filosofía de lo finito.
Habermas y la acción comunicativa
Desde el punto de vista de Habermas (Habermas, J., 1981, Teoría de la acción comunicativa, 1981, Taurus), si bien es cierto que existe un pluralismo interpretativo que afecta a la visión del mundo y a la comprensión de uno mismo, al tipo y relevancia de los valores e intereses de los participantes del diálogo orientado hacia el consenso, se requiere que ejerzamos la empatía hacia las diferencias con los otros, ya que no se puede esperar alcanzar un acuerdo a menos que todos se sometan al ejercicio de una toma de perspectiva mutua.
Derrida y el deconstructivismo
Utilizado por Derrida a finales de los años '60, el término "deconstrucción" (Derrida, J. 1978, De la gramatología, Siglo XXI), se inserta en el campo de discurso estructuralista (Levi-Strauss, C. 1990, Antropología estructural, Siglo XXI), ya que la palabra significa una cierta atención a las estructuras, pero también era un gesto antiestructuralista. La deconstrucción acepta el riesgo y la necesidad de asumir de forma positiva la única racionalidad que se da, una razón capaz de enfrentarse a su falta de garantías, de renunciar a su supuesta universalidad y de acoger su otro: la no-razón.
Marx y Engels, la determinación social de la cultura
El materialismo no ubica a las entidades de un universo de la conciencia sino como parte de un mundo extramental, situando a la mente misma como materia. En cuanto a la dialéctica, ésta es un estilo de pensamiento y crítica en el sentido de cuestionar los presupuestos que el científico empírico no cuestiona: la condición racional-irracional de la sociedad, el carácter holístico de cada hecho social; la dependencia entre el objeto conocido y la manera de ser conocido. Si cambian las condiciones sociales, cambian las concepciones de los hombres, sus ideas y su conciencia (Marx, C., 1845-46, Manuscritos económicos y filosóficos).
