El admirado escritor Antonio Gala, en su libro "A quien conmigo va", afirma que "Tanto el que hiere como el que es herido son injustos al contar su pelea: los dos hablan por boca de la herida" y es cierto, ya que este hecho, tan frecuente, no iba a ser una excepción en personas que nacidas de unos mismos padres, antes o después, mostrarán sus divergencias que no siempre se ajustan a la realidad de lo sucedido.

Circunstancias próximas o lejanas, cuando no un absurdo amor propio prevalecen sobre el sentido común, dando lugar a que una simpleza derive en una acalorada e inútil discusión que altera los ánimos, descentra la razón y, en ocasiones, termina en verdaderos dramas, donde las lamentaciones ya no tienen cabida. ¡Vale la pena!, nunca. Jamás podrá justificarse una acción violenta y mucho menos entre hermanos.

Pequeños y enfadosos, pero hermanos

Los vemos a menudo, alborotadores, incansables, super activos, cambiando o arrebatándose sus juguetes unos a otros, casi de forma sistemática no exenta de trifulca que acaba en rabieta o llanto ... son hermanos pequeños. La naturaleza hace muy bien su papel dándoles esa energía y empeño en querer destacar, mostrarse más fuerte que el hermano que tiene delante, como sea, en la medida de sus escasas posibilidades. Es cuando se dice popularmente que se llevan como el perro y el gato, pero cuidado con la persona que, pretendiendo armonizar la situación, interfiere llamando la atención o regañando al que se supone causante del conflicto porque, de repente, el otro, el que parecía desvalido, defenderá a su hermano enfrentándose al intruso, si llega al caso hasta con violencia, aunque se trate de un adulto como el abuelo con su buena fe de mediador. Todo ello ocurre porque, es claro, son hermanos.

Los hermanos crecen y, de jóvenes, la situación cambia

En efecto, las cosas ya empiezan a modificarse y pasan de una atinada sintonía en el intercambio de prendas u objetos personales a una especie de batalla campal por idénticas circunstancias. Parece inconcebible que, en el mismo día, puedan darse situaciones tan dispares en hermanos de edades aproximadas sin que la diferencia en años marque una pauta determinada, ya que oscilan de forma arbitraria las discusiones o altercados entre ellos, siendo los motivos tan variados como simples ... opiniones, amigos, estudios, trabajos, padres, cualquier cosa.

Sin embargo, si existe armonía en la familia, si la casa proporciona ese ambiente cálido que es fruto de una convivencia feliz, si los padres reflejan respetuosa tranquilidad, entonces, las fugaces desavenencias fraternales se olvidan; y todos tan alegres.

Hermanos casados, problemas complicados

Esta frase bien pudiera ser un refrán de esos tan antiguos como ciertos porque, simplemente mirando a nuestro alrededor, observamos el gran número de caso que lo confirman. El escritor sociólogo Enrico Altavilla en su obra "Proceso a la familia", nos dice que "La edad difícil de los niños se inicia a los cuatro años y acaba cuando se casan", por lo que se deduce que la boda es el final de una etapa y el comienzo de otra, diferente por supuesto, pero al parecer con conflictos distintos y destacados desde el punto de vista de las relaciones fraternales.

Estudios confirmados aseguran que el parentesco entre los hermanos de los cónyuges incide de una forma desfavorable en la relación de hermanos, bien por celos, diferencias en la forma de ser o actuar e incluso por cuestiones económicas, hasta el punto de perjudicar a veces la recién estrenada "luna de miel" de los nuevos contrayentes.

Es natural que una conversación relajada, pensando en su nuevo estado como la prioridad común, despeje el horizonte y las aguas vuelvan a su cauce.

La confianza entre hermanos es fundamental

Si los hermanos desde pequeños ya se querían no debe existir razón alguna para dejar de hacerlo por el hecho de estar casados. Hay muchos motivos para que, incluso, aumente el cariño entre ellos como es incrementar la confianza y alejar tantos "misterios" y cosas baladíes que con frecuencia tergiversan la realidad. La ayuda mutua en pequeños momentos o en importantes situaciones es fundamental, sin tener en cuenta el qué dirán o donde tiene lugar. No considerar ligeros olvidos en fiestas o celebraciones cuando lo primordial sí continúa vigente y con la importancia merecedora. No estar nunca a la defensiva, sino muy al contrario, permanecer en todo momento alegres, receptivos y animosos. De esta manera, todos los hermanos disfrutarán haciendo partícipes de ello a sus parejas e hijos, como seres imprescindibles que son en el camino de la vida.

Bienestar entre los hermanos representa felicidad para toda la familia

Además de la tranquilidad de ánimo que proporciona a los hermanos, el hecho de llevarse bien da permanente alegría a los padres que, ya con cierta edad, agradecen la vida sosegada libre de los disgustos y sinsabores . De esta forma y, como añadidura, esos hijos sensatos como hermanos cariñosos no sentirán nunca el menor temor a la implacable voz de la conciencia, ávida siempre de recordarnos, como testigo mudo permanente, lo que hacemos mal o dejamos de hacer bien.

Como afirman los psiquiatras no levantemos la voz, empleemos la claridad y cordura en nuestras razones para saber de verdad de qué se habla y aunque Fedor Dostojevski, el gran literato ruso en su mejor obra "Los hermanos Karamazov", proclamara "lo sorprendente que es pedir a las personas claridad", miremos siempre de frente y hagamos nuestra la bonita y agradable frase de Bécquer "El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada".