La hepatitis es una inflamación del hígado provocada por una infección bacteriana, viral, inmunológica o tóxica y, dependiendo de su etiología, puede llegar a ser considerada una infección de transmisión sexual. Existen varias clases de hepatitis, entre las que destacan los tipos A, B y C. Según la OMS, este padecimiento puede acarrear graves consecuencias económicas y sociales, pues las epidemias asociadas al consumo de agua o alimentos contaminados, pueden suceder repentinamente y sin control, sobre todo cuando se trata del caso de la hepatitis A.

La Hepatitis A, provocada por el VHA es transmitida por el consumo de alimentos o bebidas con contenido fecal infectado por el virus. Según la OMS, esta infección provoca síntomas de fiebre, pérdida del hambre, diarrea, náuseas, malestares abdominales, coloración oscura de la urea e ictericia. Aunque no en todas las personas infectadas con este padecimiento, es común encontrar en quien se ha infectado de VHA más de uno de estos síntomas.

Los informes oficiales de la OMS dictan la ausencia de un tratamiento antiviral específico para el VHA. Sin embargo, su prevención puede ser sencilla siempre y cuando los hábitos de higiene alimenticia del individuo cubran los requisitos mínimos indispensables de hervir el agua que se bebe y lavar bien los alimentos a ingerir. Además, la vacunación es parte importante de una actitud comunitaria de prevención para evitar contagios que desencadenen probables epidemias.

Hepatitis e ITS

A diferencia de la Hepatitis A, la inflamación del hígado provocada por el Virus de Hepatitis B (VHB), el cual es transmitido por vías parenterales y sexuales, se caracteriza por provocar necrosis en las células del hígado. Según la OMS, desde 1982 hay una vacuna contra esta infección, cuya eficacia alcanza un 95%, y a pesar de esto, la misma OMS asegura que en el mundo hay aproximadamente 2.000 millones de personas infectadas con VHB y unas 350 millones con infección hepática crónica.

Sus síntomas son muy similares a los provocados por el VHA, sin embargo la recuperación del paciente puede llegar a prolongarse por meses y en algunos casos hasta un año entero. El VHB puede provocar hepatopatía crónica y cáncer hepático. Al igual que el VHA y el VHB, el Virus de Hepatitis C (VHC) es de transmisión parenteral, y aunque no se ha comprobado que también pueda ser transmitida por vía sexual, sus síntomas son similares a los otros tipos de virus de hepatitis.

Las formas de contagio de estas dos infecciones son mucho más comunes cuando hay poco cuidado de la salud y el paciente usualmente comparte agujas para usar drogas, recibe atención médica deficiente (malas prácticas de esterilización de utensilios y herramientas de trabajo médico), entra en contacto con agujas contaminadas con sangre infectada, se hace tatuajes con materiales infectados, inhala drogas con instrumentos que comparte con personas infectadas, es hijo de una madre infectada por el virus, y en los casos donde llega a haber contagio por vía sexual -en el caso del VHC-, regularmente se debe al intercambio sanguíneo cuando alguno de los participantes tiene heridas en la piel genital.

Prácticas Preventivas

Del mismo modo en que pueden prevenirse muchas otras infecciones virales, la mejor manera de evitar el contagio de cualquier clase de hepatitis viral -VHA, VHB, VHC-, es el cuidado personal y grupal de las personas por sí mismos y su entorno. La higiene personal, la higiene alimenticia y las prácticas responsables de prevención pueden evitar cualquier clase de contagio de casi cualquier virus existente.

A pesar de que existen vacunas para el VHB y el VHC, los tratamientos siempre son distintos en cuanto a su efectividad, pues la información disponible hoy día no es suficiente para establecer un tratamiento con un porcentaje absoluto de eficacia para erradicar la infección. En cuanto al VHC, por ejemplo, los tratamientos más efectivos están hechos con base en interferón inyectado mezclado con rivabrina oral.

En cualquier caso, los métodos más efectivos para prevenir cualquier tipo de hepatitis son la vacunación temprana de infantes, adolescentes y adultos que no han sido afectados por ningún tipo de hepatitis en el transcurso de su vida, así como llevar a cabo medidas como hervir el agua, lavar bien los alimentos, no compartir agujas, usar condón durante cualquier tipo de relación sexual, evitar el exceso en el consumo de alcohol y drogas (cirrosis hepática), llevar una dieta saludable y consultar al médico frecuentemente.