John Constantine, antihéroe y detective sobrenatural, lucha en Hellblazer. Ciudad de demonios contra sí mismo. O, mejor dicho, con lo que su sangre demoníaca puede hacer a otras personas. El guionista Si Spencer y el dibujante Sean Murphy ofrecen su visión del personaje creado por Alan Moore en La Cosa del Pantano a mediados de los años 80, poniendo lo mejor de sí mismos en una historia de terror oscura, sucia y opresiva que mantiene todas las características que hacen de Constantine uno de los grandes personajes del cómic contemporáneo para adultos.

Miniserie Vertigo de 2008 publicada en 2010

ECC Ediciones publica Hellblazer. Ciudad de demonios al precio de 12,50 euros. El volumen comprende los cinco números de la miniserie Hellblazer. City of Demons publicada por DC Comics, dentro de su sello para adultos Vertigo, entre diciembre de 2010 y febrero de 2011. La historia, de hecho, estaba pensada para ver la luz en 2008 la colección central de Hellblazer, pero por motivos no aclarados se pospuso hasta salir editada, finalmente y dos años más tarde de lo previsto, como miniserie independiente.

Explica Francisco J. Ortiz en el artículo que precede a Ciudad de demonios que lo que hace un personaje especial de John Constantine, protagonista de Hellblazer, es “ser capaz de superar cualquier contratiempo contra todo pronóstico” y que “debe vérselas con problemas tan terrenales como un cáncer de pulmón”. Ambos elementos, junto a la precisa mezcla de fantasía oscura y realidad no menos deprimente, hacen de esta miniserie una historia imprescindible de Constantine.

Casualidades, demonios, violencia, mujeres y sexo

Una buena historia con John Constantine como protagonista tiene una serie de características que no pueden faltar. Sin embargo, y aún cumpliendo con ellas, Spencer experimenta con el punto de partida. Constantine es normalmente un hombre que tiene que hacer frente a sus errores pasados, pero aquí a lo que se enfrenta es a un cúmulo de casualidades de las que no es culpable. Esa innovación sí parte de una de las cualidades habituales de Hellblazer: su conexión con la realidad. Hay aspectos sobrenaturales, pero Constantine vive en un mundo realista, en el que crímenes y accidentes son cotidianos.

Ciudad de demonios nace, precisamente, de un accidente. John Constantine es atropellado después de enfrentarse a dos jóvenes delincuentes y le llevan al hospital entre la vida y la muerte. Allí su sangre llamará la atención de dos oscuros personajes, que no dudarán en experimentar con ella, con catastróficos resultados con los que el propio Constantine tendrá que lidiar, ayudado por la atractiva enfermera que ha cuidado de él y ha asistido con cinismo a sus inevitables flirteos. El tono de género negro se asienta ya desde la primera frase de Constantine. “Este lugar solía ser un antro de mierda”, dice.

Dentro de ese realismo sin concesiones, el mundo de Constantine es violento. Él mismo es violento, es un antihéroe, un tipo malhablado y con nulas concesiones al sentimentalismo o la ternura. Y eso es visible desde la primera página de Ciudad de demonios. Con esa premisa, no podía faltar una mujer, una enfermera que, como dice el propio Constantine, es “la clase de ángel con la que no me molesta tratar”. El personaje es una delicia. La escena de sexo que no podía faltar en este cóctel, tan explícita como lo permite el sello Vertigo, es el colofón perfecto a la historia.

El dibujo de Sean Murphy

Más allá de los méritos del notable guión de Si Spencer, su inteligente ritmo, sus afilados diálogos y su cuidado desarrollo tanto en los personajes secundarios como en los rasgos conocidos del protagonista, si Ciudad de demonios llama la atención es por el dibujo de Sean Murphy. Éste ya se encargó en 2008 de dos números sueltos de Hellblazer, el 245 y el 246, y había interés por ver el resultado de esta miniserie sobre Constantine tras su más que interesante trabajo con Grant Morrison en Joe el bárbaro.

Y sólo se pueden aplicar adjetivos positivos a este trabajo, espectacular y con un ritmo narrativo más que preciso. Su estilo en el trazo, sucio, sombrío y exagerado, a veces incluso caricaturesco (la puntiaguda nariz de Constantine es un claro ejemplo), encaja a la perfección en el agobiante mundo de este personaje. El coloreado de Dave Stewart, oscuro y lleno de duros contrastes gracias al rojo sangre, no hace más que potenciar las virtudes del trazo de Murphy.

Un relato extra de Dave Gibbons

La historia de Spencer y Murphy se completa en este recopilatorio con Otras putas navidades, un breve relato escrito y dibujado por Dave Gibbons y publicado originalmente en el número 3 de Vertigo. Winter’s Edge (enero de 2000). Más inocente y casual que Ciudad de demonios, ofrece el siempre atractivo aliciente de ver la versión de John Constantine del ilustrador de Watchmen. El libro publicado por ECC también incluye las ilustraciones de Murphy para las cubiertas de los cinco números de la miniserie original. La del cuarto número es la que sirve de portada a la edición española.