
- Jokes - Elisabeth Anne Photography
Música de fondo, adecuada, romántica y sensual. La pareja, excelentemente vestida, ambos de belleza espectacular y modulación de voz perfecta, mantienen un diálogo digno de los mejores guiones de telenovela. Cenan sentados a una mesa de mantel níveo y velas perfectas que no salpican cera ni se desgastan. Cubiertos brillantes remolonean en un menú gourmet cuya comida jamás manchará los labios de los comensales, y mucho menos la ropa. Nadie tiene que acudir al baño o repasar mentalmente si la ropa interior está perfecta, los dientes blanquísimos resaltan aún deleitándose con un postre de chocolate.
La pareja decide pasar una noche de amor y se encamina en un auto último modelo, mágicamente aparecen en un dormitorio decorado ayer mismo, con una inmensa cama donde retozan en sábanas de seda negra. Nadie transpira, nadie se despeina, nadie se acalora...todo sucede como una coreografía hermosa, con una suave luz que acentúa las perfectas curvas de ella y los torneados brazos de él, hasta el clímax es al unísono y elegante.
La realidad
Esto no es real. Por mucho que la televisión y el cine se empeñen, no lo es.
La realidad del acto sexual es muy otra, intervienen fluidos, ruidos extraños, errores, el impasse no es perfecto, los ritmos varían, y los cuerpos, salvo honrosas excepciones, son los mismos que vemos en el supermercado, pero vestidos.
¿Desilusión? Para nada. Hacer el amor, practicar el sexo, acostarse con alguien es maravilloso, placentero y hasta divertido. El término divertido no está, por lo general asociado con la sexualidad, pero es una más de las múltiples facetas que posee. No todo son murmullos, palabras amorosas y jadeos excitantes. Existen sonidos indescriptibles, palabras soeces, transpiración y risas.
El humor en el amor
El humor descomprime la tensión. Es una vía de escape sorpresiva que descoloca cualquier situación de su marco habitual y la sitúa en una perspectiva diferente. La sexualidad desata una serie de presiones impuestas que hacen que sea casi un examen, una prueba de rendimiento y perfección muy dificil de superar con nota. Los miedos, los tabúes, los dichos populares, la falta de experiencia, las experiencias negativas pasadas... todo ello confluye para que enfrentar una relación sexual sea extenuante, y no precisamente por la laxitud posterior esperada, sino por el estrés vivido para causar la mejor impresión en el otro.
Bien mirado, si prescindimos de todo el ornato sentimental y glamouroso y nos quedamos con el acto sexual en sí mismo, es bastante prosaico y da para el humor. Los besos son el comienzo de un descompás habitual, o demasiado largos, o demasiado húmedos, o demasiado exploratorios. Las caricias del juego erótico, son a veces torpes o irritantes. El lugar elegido, o el único que se ha podido conseguir, es tan variado como la realidad misma, un fiat 600, un dormitorio con cama de 80 en casa de los padres, un rinconcito oscuro en la calle, el baño de la ofícina. Acontece, en ocasiones, que todo se precipita sin haberlo planeado, el deseo es imparable, y cuando ya no hay marcha atrás se recuerda fugazmente que la ropa interior del día no es la más favorecedora, que no hubo una depilación decente en la última quincena o que nadie avisó nunca de que pusieron cámaras de seguridad en el almacén.
Puestos "manos a la obra" hay múltiples factores para una sonrisa o una franca carcajada. El sonido peculiar del propio pecho haciendo ventosa sobre los senos de la compañera, el intento una y otra vez frustrado de apuntar y acertar el objetivo cuando estamos en un baño, de pie y con los pantalones en los tobillos, el agudo sonido que emana de la garganta sustituyendo a los gemidos sensuales esperados, el rostro, ay, del otro cuando llega al clímax absolutamente fuera de tiempo... y tantos detalles inenarrables pero conocidos por cada lector que provocan ese ahogado atragantamiento de hilaridad. ¿Quién no tiene alguna anécdota muy graciosa que contar? ¿Acaso por eso el placer es menos?
Mirarse un poco más tiernamente en el espejo, permitirse una carcajada franca y limpia aunque sea en mitad del acto sexual, es sano. Reírse juntos, compartir esa intimidad jocosa, probablemente refuerce la conexión del momento, relaje la tensión y permita que el gozo y el placer sean absolutamente genuinos...aunque sea resoplando como morsas.
