La lengua es un todo con la cultura, la historia, las costumbres y el modo de pensar de un pueblo. Saber hablar una lengua extranjera no significa conocer una larga lista de palabras con sus reglas gramaticales; es saber las valencias, los sentidos, los significados extralingüísticos de cada expresión, los contextos en los cuales determinadas frases pueden ser usadas y aquellos en donde es mejor evitarles, cómo son dichas algunas cosas y qué comportamiento (lingüístico o no) hay que tener en cuenta para no ofender la sensibilidad y los valores de la otra cultura.

Hay cosas codificadas como absolutamente normales en una cultura que, pasadas a otra, podrían ser groseras u ofensivas. Hablar correctamente una lengua extranjera requiere no sólo una traducción del comportamiento extralingüístico, sino el esfuerzo de construir una locución filtrando los parámetros culturales diversos a los propios.

Los apelativos en las distintas lenguas

Una de las primeras cosas que hay que conocer es cómo dirigirse a las personas. Normalmente los apelativos están ligados a la organización jerárquica social y familiar de una determinada sociedad. Usar los apelativos y las modalidades permitidas en la otra lengua puede generar equívocos.

En el chino, los apelativos definen el tono de la conversación y las relaciones entre los hablantes. Los títulos profesionales no son determinantes de la situación (son usados sólo en el registro formal), sino de la relación, la edad, el rango y las generaciones de los hablantes.

En español la situación es más simple porque las jerarquías no son rígidamente impostadas como en China. Para dirigirse a una persona desconocida, en la calle o en un negocio, en español se usa señor o señora, sin importar si es mayor o no que el hablante.

El lenguaje no verbal es particular de cada lengua

El lenguaje gestual que acompaña el lenguaje verbal, difiere de lengua en lengua; tiene sus propios códigos que pueden generar equívocos para un extranjero. La gestualidad y las expresiones son instintivas, no planificadas como el lenguaje verbal. Se puede hablar bien una lengua extranjera y el cuerpo continuar expresándose inadvertidamente con la modalidad de la cultura de origen, comunicando contenidos erróneos o desagradables para la cultura de llegada.

Diferencias extralingüísticas entre las culturas occidentales y China: el contacto con los ojos

Los occidentales, normalmente, se miran a los ojos mientras hablan; en cambio, para un chino es algo poco apropiado. En la cultura occidental, el acuerdo o desacuerdo sobre lo que está diciendo el otro, se manifiesta moviendo la cabeza o alzando los hombros. Para la cultura china preservar la armonía de las situaciones y la propia imagen es fundamental y cada expresión de sentimiento interno o estado de ánimo podría comprometer ambas cosas.

También varía el espacio interpersonal en la comunicación: los chinos tienen un espacio personal mucho más limitado que los occidentales, debido a causas objetivas: los chinos son millones y están acostumbrados a no tener espacio. Es por esto que un occidental tenderá a alejarse de un interlocutor chino, al sentir que está invadiendo su espacio personal.

Gestos de un chino para aceptar o rechazar una invitación

Las formas no verbales usadas en China, para un occidental en general, resultan demasiado ambiguas y no se alcanza a comprender si el interlocutor acepta o no una invitación. La respuesta de un chino a una invitación será yanjiu, yanjiu (lo consideraremos); o kaolu, kaolu (pensaremos en eso). Para un occidental, son respuestas completamente vagas, que se interpretan como incapacidad de tomar una decisión. Del otro lado, un chino se sentirá a disgusto, ante la exigencia de un sí o un no, actitud que para un occidental es signo de franqueza o decisión.

Se puede conocer bien la lengua de otro país desde el punto de vista formal, pero la percepción del mundo externo y el diferente modo de categorizarlo pueden originar incomprensiones entre personas de distintas nacionalidades.