Todas las culturas, desde las primeras civilizaciones, han manifestado su deseo de eternidad y su preocupación por ese misterioso paso a la otra vida. Incluso los castigos condenatorios para los difuntos que no han cumplido con los mandatos de los dioses parecen ser los mismos en todas las creencias y religiones: la condena eterna o que el alma del difunto vague por el valle de las sombras hasta que expíe todas sus culpas.

Inglaterra, país con gran cantidad de fantasmas que regresan bajo apariencia humana a los lugares donde vivieron, ha aportado a la tradición fantasmagórica un gran número de historias sorprendentes como la del fantasma de fray Guillermo de Canterbury que vagó por el valle de las sombras hasta que pudo reparar su falta.

Los fantasmas de los castillos y las iglesias

Las leyendas de fantasmas supuestamente vistos en los castillos ingleses, donde se han llevado a cabo sangrientas historias, son numerosas. Cabe citar los ejemplos de Margaret Pomeroy que murió de hambre en las mazmorras del Castillo de Berry o el de Ana Bolena que fue decapitada en la Torre de Londres en 1536.

Junto con los castillos, las iglesias son lugares, también, para esta tipo de visitas. Así, la abadía de Westminster es un lugar apropiado para las apariciones por la gran cantidad de tumbas pertenecientes a monjes e insignes personajes.

La abadía Westmister y sus fantasmas

Esta iglesia gótica, además de haber sido un antiguo lugar de culto druídico, también es el lugar tradicional para las coronaciones y los entierros de los monarcas ingleses, y de entre sus supuestas apariciones se encuentran la de un padre benedictino que murió asesinado, la de John Bradshaw que condenó a Carlos I, la del Soldado Desconocido y la del monje Guillermo de Canterbury con una interesante historia.

El fantasma de Guillermo de Canterbury

De este lugar plagado de sepulturas de ilustres personajes, se cuenta que, hace unos tres siglos, unos obreros vieron a un viejo monje con ropajes de la Baja Edad Media que vagaba por entre las sepulturas con la sorprendente circunstancia de que caminaba a la altura del viejo pavimento que ellos había tenido que rebajar en una obra de restauración.

Con la capucha bajada, el viejo monje realizó la señal de la cruz perdonando a todos los pecadores que se encontraban a una cierta distancia. Unos instantes después, el fantasma decidió volver a la sepultura en la que descansaba desde 1125.

Quién fue Guillermo de Canterbury

Después de la sorpresa, los encargados de la obra se acercaron al sarcófago y pudieron comprobar que la aparición pertenecía a Guillermo de Canterbury, uno de los monjes más poderosos en la Inglaterra feudal del siglo XII.

Fue el consejero espiritual del rey Jorge que en una partida de caza quedó malherido a consecuencia de un accidente. Se requirió la presencia de fray Guillermo que no le pudo acompañar en los últimos momentos de su vida porque al estar con una muchacha a varios kilómetros de la corte no pudo ser encontrado. Cuando el monje supo del aviso real, fue ya demasiado tarde y cuando llegó sólo pudo rezar ante el cadáver del rey.

Fray Guillermo nunca se perdonó esta negligencia y tras las penitencias que se autoimpuso falleció dos años después de la muerte del monarca.

Su cadáver fue enterrado en la iglesia gótica de las coronaciones de los reyes con la humildad que corresponde a su condición de monje.

Fray Guillermo aparece de nuevo

Después de este suceso, se detuvieron las obras para averiguar si la sombra había descansado definitivamente o si continuaría paseándose por la abadía. Y, parece ser que, al día siguiente, fray Guillermo volvió a manifestarse. No hizo el mismo recorrido, sino que, con la capucha bajada, se dirigió lentamente hacia la puerta de salida que traspasó.

La historia cuenta que era día de mercado, a media tarde, con un gran movimiento de carromatos, y al amanecer, los trabajadores pudieron observar como esta sombra transitaba a treinta centímetro sobre el suelo. Caminó por la calle sin que le detuvieran los caballos y carruajes que le embestían, y el terror se apoderó de los transeúntes.

Fray Guillermo se dirigió hacia la residencia de verano de Enrique V que había salido de caza al igual que el rey Jorge tiempos atrás. El rey Enrique V sufrió un accidente con su caballo y se partió el cuello, y ante la inminente expiración del rey se buscó a un monje que le practicase la extrema unción en el castillo. Antes que nadie, llegó fray Guillermo ante la descalabrada figura del Rey y juntando sus manos, ungió la cabeza del monarca al que perdonó sus pecados.

En unos instantes, fray Guillermo regresó a la abadía. Bendijo a los estupefactos presentes y se metió en su sepultura. Por fin su alma descansaba en paz. Fray Guillermo vagaba sin descanso a consecuencia de una negligencia suya y tres siglos después pudo llevar la paz a un rey moribundo.

En el valle de las sombras, en ese lugar de sufrimiento, habitan las almas de esas personas que, según numerosas creencias, no pudieron concluir sus tareas en la tierra. Otras figuras espectrales buscan venganza y otras son producto de la religión como las apariciones marianas y los santos, manifestaciones toda ellas pertenecientes a nuestra condición humana. Fray Guillermo de Canterbury supone ser un ejemplo de esa figura de ultratumba que se manifestó en el mundo de los vivos para terminar esa misión que no pudo realizar en la tierra.