Estas líneas permitirán establecer algunas diferencias necesarias entre poetas del grupo o generación del 27, sobre todo a la hora de distinguir las características de sus poemas con el fin de saber identificar a cada autor a partir de los poemas que escribieron. Concretamente, abordaremos las obras de dos poetas afines como son Lorca y Cernuda.

Los autores

Federico García Lorca y Luis Cernuda mantuvieron una sincera amistad así como cierta proximidad entre sus producciones poética, si bien el hecho de que Lorca fuera asesinado durante la Guerra Civil impidió que su obra evolucionara hacia otras vertientes, como sí ocurrió en la poesía de Luis Cernuda. Ambos autores eran homosexuales, dato que siempre se suele señalar e identificar en sus obras, si bien cada uno asumió de manera bien distinta su identidad sexual. La poesía lorquiana propone un auténtico panerotismo por todas las cosas, dibuja un universo sexual en donde las potencias de la naturaleza, el viento, los trigales, los árboles o los pájaros irradian una energía libidinal que configura un universo siempre en proceso. Cernuda, sin embargo, hace una lectura moral de su condición sexual y propone, en poemarios como Los placeres prohibidos, una meditación sobre el pecado y el sufrimiento, si bien en obras posteriores este reducto de culpabilidad desaparecerá y será sustituido por un sensualismo y una descripción del cuerpo mucho más profusa.

Ambos autores utilizan técnicas del surrealismo, si bien Lorca siempre muestra un discurso más populista, como Alberti o a veces Gerardo Diego, frente a la poesía más refinada de Cernuda, cercana, en ocasiones, a los universos paradisíacos de Aleixandre, si bien los libros escritos durante el exilio añaden como componente novedoso a la tradición hispana una influencia muy acusada de la literatura anglosajona.

Luis Cernuda

Tras unos primeros poemas muy en la línea de Jorge Guillén, con versos que se inician con letra mayúscula igual que los del autor vallisoletano, y composiciones muy regulares y de tradición renacentista en un segundo libro, Cernuda empieza a definir su estilo, muy próximo al surrealismo, con poemas de gran intimidad y de una sensibilidad romántica, cercana a la de Bécquer, una de sus primeras lecturas, que cuajará en libros como Donde habite el olvido: poemas cortos, sin rima, de gran intensidad lírica, con títulos en letras romanas y metros con tendencia al heptasílabo y al endecasílabo.

Más tarde, con el poemario Los placeres prohibidos, el verso se dilata, aunque no llega a los excesos de Aleixandre, y los temas se oscurecen por la indagación en la propia intimidad del poeta y en las bases morales que condicionan la personalidad y la identidad sexual. Tras la guerra, el tema del exilio, de la nostalgia, recorre muchos de sus versos, y los rasgos culturalistas se acentúan cada vez más: poemas dedicados a la pintura, a poetas como Verlaine o Rimbaud, motivos exóticos o el correlato de Sansueña como nombre para una España idílica rememorada a través de sus composiciones. El verso adquiere poco a poco un tono conversacional, muy próximo a la lírica inglesa, con versos largos pero con giros coloquiales y conversacionales que le permiten hablar sin tapujos ni lirismos gratuitos de su intimidad, llegando a escribir poemas descarnados, coloquiales en cuanto a sus recursos pero muy críticos con aspectos de la sociedad o hacia la hipocresía de otros poetas.

Federico García Lorca

Lorca, como Alberti, se inicia en la poesía popular, aunque poco a poco añade a los recursos tradicionales giros de corte surrealista, como en sus famosos romances del Romancero gitano. Su poesía tiene grandes rasgos de lírica andaluza, con gitanos, paisajes del sur, personajes ligados al pueblo y a la baja cultura, con grandes pasiones desatadas, etc. Es una poesía muy dramática, con exclamaciones y diálogos, próximas al teatro en donde también destacó Lorca, y con un marcado tono infantil que caracteriza muchas de sus composiciones. Frente a Alberti, Lorca no está tan apegado al mar, es un poema más ligado a la meseta, a la tradición árabe, al mundo gitano.

Hay símbolos importantísimos en la obra lorquiana y fácilmente reconocibles, como la luna, los toros, las navajas, y una lectura, como decíamos, panerótica, sexual, de la naturaleza que le rodea. En sus libros Poeta en Nueva York y Diván del Tamarit el trasfondo popular queda un poco relegado, y se incide más en un surrealismo desbordante, con imágenes muy duras, similar a veces a las de un Dámaso Alonso en Hijos de la ira, pero con cierto colorido a pesar de tratarse de temas oscuros, como el desarraigo, la muerte o el sufrimiento. Diván del Tamarit continúa la estela del libro anterior, pero con poemas más cortos y con una serie de símbolos de muy difícil lectura, en donde se recuperan algunos de los motivos de la tradición árabe y andaluza pero ya perfectamente incorporados a su imaginería surrealista. Finalmente, los Sonetos del amor oscuro repetirán tonos y motivos, pero bajo las normas métricas del soneto.

Otros autores

Estas indicaciones pueden servir, de cara a exámenes o pruebas de Selectividad, para diferenciar poetas entre sí y reconocer las diferentes líneas en que se desarrolló la generación del 27. Junto al par Lorca-Cernuda, podrían analizase igualmente las similitudes entre Jorge Guillén y Pedro Salinas, entre Gerardo Diego y Rafael Alberti, o entre Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso, con el fin de trazar el mapa completo que caracterice a una de las más importantes épocas de nuestra tradición literaria.