Guadalajara, el corazón de México

Guadalajara - morgue file
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El jarabe tapatío, las charreadas, los mariachis y el tequila nacieron en Guadalajara.

Por eso y algo más “La Perla Tapatía” ostenta con justicia la distinción de “la ciudad más mexicana”.

A una altura de 1.590 metros sobre el nivel del mar, en el estado de Jalisco se levanta Guadalajara, el sitio por donde deambula el alma de México. La ciudad fue fundada en 1542 por Juan de Oñate y su nombre deriva del árabe y significa “valle donde el agua corre entre las rocas”. En 1580 se convirtió en la capital de Nueva Galicia y rápidamente pasó a ser una de las más grandes ciudades de Nueva España, después de Ciudad de México. Guadalajara es hoy la segunda ciudad de la nación.

Arte colonial y mariachis

El corazón de Guadalajara es un conjunto de plazas, iglesias, monumentos y museos en los que explota con intensidad el esplendor de la arquitectura colonial. La primera piedra de la grandiosa Catedral fue colocada alrededor de 1560 y desde allí la sucesión de arquitectos y el correr de los años fueron dando paso a una gran variedad, en donde prevalecen los estilos barroco, mudéjar y neoclásico.

Hacia el oeste de la Plaza de la Liberación aparece el Teatro Degollado, que nada tiene que envidiar a los mejores escenarios de ópera del mundo. La Plaza Tapatía, con forma de cruz latina, fue inaugurada en 1982 entre gritos de histeria y alegría. Y al costado de la plaza sorprende la edificación neoclásica del Hospicio Cabañas, en cuyo interior surgen Cervantes y El Greco, retratados por la magia incomparable de José Clemente Orozco. Cruzando la agitada avenida Javier Mina se halla la Plaza de los Mariachis, junto a la Iglesia del Siglo XVIII.

En los muros del edificio de Telégrafos, al sur de la Plaza de Armas, David Alfaro Siqueiros retrató la Revolución y cuatro cuadras más abajo, sobre la avenida 16 de septiembre, se elevan la suntuosa iglesia de San Francisco y la no menos imponente Nuestra Señora de Aranzazu, construida en el mexicano barroco de dos siglos atrás.

Las afueras y el trago

Pero no todo termina en el corazón de la ciudad. A cinco kilómetros de allí, San Pedro Tlaquepaque es un lugar de calificadas artesanías e innovadores diseños. Decenas de tiendas expenden ropas, alfombras y todo tipo de artesanías creadas por artistas urbanos. Además Tonalá, fácilmente accesible desde Tlaquepaque, ha sido siempre reconocida por sus cientos de años de alfarería.

Al noreste de la ciudad aparece la Virgen de Zapopan, cuyos milagros son legendarios y provocan la llegada de miles de creyentes en busca de remedio a males incurables. Y hablando de males incurables, a 40 minutos de Guadalajara se encuentra Tequila, hogar de la bebida nacional mexicana.

Al son de mariachis e interminables noches de tequila, Guadalajara evoca las más arraigadas tradiciones mexicanas. En su gente y sus costumbres, en los tragos de tepache y los platillos de pozole, birria y menudo, típicamente jaliscienses.

A México le faltaría algo si nos olvidáramos de Guadalajara. En México DF están los políticos y en Monterrey brilla el dinero. Pero en Guadalajara habita el alma de México.

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