El guacamayo azul (Anodorhynchus hyacinthinus) habita en los claros donde hay palmas, en las selvas de galería formadas alrededor de las aguas, en los bosques no muy húmedos y en las arboledas de los llanos.

Su distribución geográfica abarcaba el este de Bolivia, el norte de Paraguay y una buena parte del Brasil; desde el Amazonas hasta la región al sur en Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.

En Paraguay se lo considera extinto en libertad desde la década de1980, cuando unos 10.000 fueron capturados. En 1988 se estimaba que no quedaban más de 2.500 en la naturaleza, sin embargo, en el 2002 su población aumentó considerablemente a 10.000 ejemplares, gracias a los esfuerzos de reproducción de Brasil, donde aún habita. No se sabe si han regresado a su distribución natural en Paraguay, tampoco se tienen conocimientos de su población en Bolivia.

Figura en el apéndice 1 del tratado CITES. Es considerado bajo amenazada o vulnerable en las listas de conservación. La causa principal es su captura para la comercialización ilegal en el mercado de mascotas (casi exclusivamente, con destinos a Europa y Estados Unidos), sumadas a la destrucción de su hábitat mediante la tala indiscriminada de las palmas donde anidan, la baja tasa reproductiva y la dieta especial.

Este animal mide de 90 a 100 cm. Pesa hasta 1,5 kilos. Es el Psitácido o Psittaciphorme más grande del mundo. Su característica principal es su plumaje totalmente azul cobalto y el amarillo intenso alrededor de la mandíbula superior y de los ojos, zonas en que carecen de plumas.

Rol en la biodiversidad: importancia de su conservación

Todos las especies cumplen un rol determinado en la naturaleza. Al extinguirse una especie se produce un desequilibrio ecológico poniendo en peligro la supervivencia de otras.

Como todas los psitácidos, debido a su predilección alimenticia por los frutos de corteza dura (semillas, nueces, cocos y otras frutas), son excelentes dispersores de semillas. Muchos árboles frutales dependen de ellas para germinar. Se produce así un mutualismo logrando beneficiarse, tanto la flora como la fauna, ya que significa mayor posibilidad de encontrar alimento.

Reproducción y longevidad

Los guacamayos azules anidan en los huecos de los árboles, especialmente de las palmas y en grietas en las rocas. Ponen de 1 a 3 huevos, pero lo usual son dos. La incubación dura aproximadamente 30 días. Los pichones salen del nido cerca de los dos a tres meses de nacidos. Se mantienen con los padres por otros seis meses y al separarse integran grupos. Son adultos a los siete años. Cuando forman pareja el vínculo es eterno.

Distinguir el sexo de un guacamayo es casi imposible. No presenta dimorfismo sexual, es decir, no se observan diferencias físicas externas entre machos y hembras. Para averiguarlo es necesario recurrir a un test de sexación. Este método consiste en arrancar una pluma y sacar sangre al animal. Con estas muestras se analiza el ADN en el laboratorio.

Sin embargo, en la naturaleza es posible distinguir a la hembra si ésta ha empollado, las plumas de la cola quedan dobladas por el tiempo que ha pasado en el nido.

Los jacintos sólo se reproducen con los jacintos. Existe incompatibilidad de ADN con las otras especies de guacamayos. Debido a la escasez de ejemplares, encontrar un guacamayo azul, determinar el sexo, y posteriormente, encontrar una pareja del sexo opuesto, son una constante dificultad para las instituciones y personas que trabajan en su reproducción.

Se estima que alcanzan la longevidad, en la naturaleza, a los 50 años y, en cautiverio, a los 75 si los cuidados son óptimos.

Comportamiento

Los guacamayos azules viven en parejas o en pequeños grupos formados por individuos de la misma especie. Son aves extremadamente inteligentes. Pueden aprender palabras y trucos fácilmente. Probablemente sea la especie de guacamayo más cariñosa. Por ello, su comercialización como mascotas es tan cotizada.

En cautiverio suelen establecer vínculos muy fuertes con su cuidador y disfrutan de su compañía. Se mostrarán, por lo general, muy afectivos. Adoran que se les frote la lengua y que los acicalen. Transmiten el placer que sienten cuando erizan sus plumas. Aunque también reaccionan del mismo modo si algo o alguien los pone nervioso, pero en este caso, el resultado final sería un doloroso picotazo.

¿Por qué no son recomendables como mascotas?

Un animal salvaje, por lo general, no podrá ser considerado una buena mascota. Nunca perderá sus instintos, por tanto, podría llegar a causar un gran daño sin quererlo. Si se trata de un animal en peligro de extinción, lo ideal es intentar la reproducción en cautiverio con el fin de reinsertarlo en su hábitat de procedencia.

Estos animales pueden experimentar emociones similares a las humanas. Las constantes o bruscas alteraciones en el entorno, la falta de atenciones o el disgusto por su hábitat pueden afectarlos gravemente. Son capaces de padecer sufrimiento, depresión, estrés, etc. Conductas de evidencia: agresividad, desgano, falta de apetito, e incluso, la automutilación (desplumarse, morderse las patas y las alas al punto de quebrarlas).

Además, es mucho más satisfactorio observar a estos pájaros desenvolviéndose libremente en su hábitat natural que en una jaula o con las alas cortadas sobre una percha.