El trabajo en equipo, siempre y cuando se trate de un buen equipo, posibilita aunar los esfuerzos y las capacidades de cada individuo para lograr unos resultados que difícilmente se alcanzarían de un modo individual.

Los grupos de ayuda mutua, con una filosofía muy concreta y con un interés latente de sus integrantes para alcanzar los objetivos terapéuticos anhelados, también funcionan como un equipo. Pero un grupo de autoayuda va más allá. El éxito de cada uno también es el éxito de todos.

En las primeras reuniones ya se experimentan cambios significativos: se empiezan a romper los esquemas victimistas, la esperanza se renueva y se rompen las ataduras del silencio, del miedo y la vergüenza. Por primera vez, quizá después de mucho tiempo, se cree que hay una luz al final del túnel y que es posible superar el problema.

Definición y concepto de grupo de ayuda mutua

A modo de definición, se podría decir que un grupo de autoayuda está compuesto por un número variable de personas que comparten un mismo problema. No existe un número idóneo de componentes, pero a modo de aproximación, se podría hablar de grupos que oscilan entre ocho y doce personas, aunque su eficacia, observando unos mínimos y unos máximos, es la misma fuera de estos parámetros.

Las reuniones suelen ajustarse tanto a las necesidades como a las posibilidades de quienes participan en el grupo. No existen reglas fijas, más allá del respeto y el compromiso. La flexibilidad es importante para lograr la cohesión del grupo, sobre todo a la hora de encontrar el horario y la periodicidad de los encuentros. Lo más habitual es que las reuniones sean semanales o quincenales, aunque con el tiempo, y dependiendo de las necesidades y los logros, también puede sufrir modificaciones. En cualquier caso, lo importante es encontrar la disponibilidad en el lugar y en el tiempo para compartir las experiencias comunes.

¿Cómo funciona un grupo de ayuda mutua?

Los grupos de ayuda mutua pueden estar moderados o dinamizados por un profesional, o bien funcionar por sí solos. Aunque cada problemática tiene sus propias especificidades, en general, la esencia del grupo consiste en verbalizar y compartir el problema. De este modo se adquiere consciencia del mismo y una nueva perspectiva que abre puertas que anteriormente tan siquiera se llegaban a intuir. Compartir la experiencia es sanador en sí mismo, pero la comunicación en el grupo también puede servir para que cada integrante comparta las herramientas de las que se ha servido para enfrentarse al problema, lo cual es de gran utilidad para el grupo, incentivando una búsqueda compartida de nuevos recursos.

Otro factor de gran trascendencia es el apoyo del resto de los integrantes. Interiorizar que no se está solo en la lucha y que tanto los comportamientos como las secuelas asociados a un problema son parecidos, actúa como un resorte motivador cuyos resultados ya se manifiestan en las primeras reuniones.

¿Quién accede a un grupo de ayuda mutua?

En la actualidad son muchos los problemas de todo tipo que han encontrado una vía efectiva en los grupos de autoayuda. Aunque el concepto de autoayuda no es nuevo, los primeros en ser reconocidos mundialmente fueron “alcohólicos anónimos”, con su programa de los doce pasos que, adaptado, se aplica a otras muchas problemáticas.

Presentar una lista de adicciones y hechos traumáticos susceptibles de ser tratados mediante un grupo de autoayuda, sería un trabajo que excede las posibilidades de este artículo, sin embargo, por señalar algunos, se podrían citar, además del alcoholismo, el juego patológico, la adicción a las drogas, la adicción al sexo o los problemas con la alimentación. Igualmente útil resulta su aplicación en ciertos trastornos psicológicos como la ansiedad, las fobias o las depresiones, así como en hechos traumáticos, tales como el abuso sexual infantil o la violencia de género.

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