El grooming es una nueva modalidad de acoso, empleada por pedófilos y pederastas para realizar abusos sobre niños y adolescentes menores de edad.

El grooming se realiza a través de medios electrónicos, como el ordenador o el teléfono móvil. Mediante ellos, los pederastas seleccionan, reclutan y contactan con víctimas con el fin de establecer con ellas prácticas de sexo virtual.

Para lograrlo, convencen e incentivan a los menores, les envían material pornográfico o bien les presionan y atemorizan, diciéndoles que les van a robar sus claves del ordenador o que les van a infectar los equipos con virus. A veces les prometen hacerles una recarga en el teléfono móvil a cambio de mantener una relación de sexo virtual.

Una vez que el niño accede, los pedófilos pueden chantajearlos con mostrar el material obtenido si no continúan accediendo.

Los pedófilos rastrean a los niños entrando en las páginas más visitadas por éstos, haciéndose pasar por adolescentes, ya sea de sexo masculino o femenino, para lograr entrar en contacto y establecer una relación sin levantar sospechas entre sus futuras víctimas. Una vez que lo consiguen piden entrar en un chat o Messenger privados y comienzan con conversaciones sobre temas sexuales. Después van incitando a los menores a realizar escenas eróticas o de masturbación frente a la cámara.

Muchas veces el pedófilo va más allá, intenta y hasta consigue que los encuentros de sexo virtual o ciber-sexo con los menores se concreten en la vida real.

Para evitar el acoso infantil es clave el papel de los padres ¿qué pueden hacer?

Controlar diariamente las páginas en las que entran, con quienes hablan y qué tipo de conversaciones mantienen. El libro de la escritora valenciana Mar Monsoriu Técnicas de hacker para padres proporciona a los padres las herramientas necesarias para asegurar que sus hijos realizan un buen uso de Internet y protegerlos de algunos de los peligros que se encuentran en la red, como el ciberacoso, el sexo virtual o los comportamientos adictivos.

Básicamente, para prevenir este tipo de prácticas, se debe empezar por intentar una comunicación fluida y constante con los hijos. Cuando esto falla, especialmente con niños preadolescentes, hay que tomar medidas preventivas como puede ser disminuir o eliminar el uso de la webcam, así como limitar la conexión a Internet a cantidades razonables, reduciendo así las probabilidades.

Los adolescentes: los más expuestos al grooming

Hoy en día, cualquier menor puede caer en este tipo de trampas. Están conectados prácticamente durante todo el día, si no a Internet, si al móvil y, sobre todo, son curiosos. Los pederastas juegan con eso y tratan de despertar su curiosidad. Hay que tener en cuenta que el acoso no se produce en unas horas o un día; en ocasiones, es trabajo de varios meses, en los que el pederasta se va ganando la confianza de su víctima, como un amigo más de los que tienen en la red. En este sentido, son los adolescentes, de entre 14 y 17 años, los más expuestos al peligro, dada su mayor actividad en chats y redes sociales.

Pocas denuncias por ciberacoso

Cada año, la Policía española investiga alrededor de 700 casos de grooming y aumenta cada año debido al incremento de acceso a la red, al poder entrar desde todo tipo de dispositivos. Sin embargo, la mayoría de los menores afectados por el acoso tecnológico ni lo denuncia ni se lo cuenta a sus padres.