La historia de Grecia se inicia con la cultura minoica, aunque ya se constata la presencia humana en la zona durante el Paleolítico, aunque la mayoría de restos hallados pertenecen al Neolítico. No obstante, es la civilización minoica en Creta y, posteriormente, la micénica en el área continental, las que darían origen a una de las culturas más influyentes de la humanidad.

La civilización griega, en su época de máxima expansión, se extendió hasta las islas del mar Egeo y su costa oriental, las costas meridionales del mar Adriático y Tirreno, así como diversas zonas costeras de la cuenca mediterránea. Más adelante, con la aparición de Alejandro Magno, su poder se ampliaría hacia el Oriente.

La religión y la mitología griega

La religión griega, al igual que la práctica totalidad de las antiguas religiones, era de carácter politeísta. Los griegos veían a sus dioses como seres dotados de poderes sobrenaturales que incidían directamente en la vida de los humanos, tanto en las cuestiones más cotidianas como en las guerras y otros hechos trascendentes. Se trataba de dioses con características antropomorfas, pero no solo su aspecto era concebido en forma humana; también las cualidades que se les atribuían, tanto las virtudes como los defectos, eran propiamente humanos.

Los dioses eran inmortales y eternamente jóvenes. Comían alimentos maravillosos como el néctar y la ambrosía y residían en el monte Olimpo, donde Zeus reinaba sobre todos los demás dioses. Cada uno de los dioses se caracterizaba por unos atributos concretos. La familia olímpica, así como las creencias sobre el origen del mundo y de los dioses se encuentran extensamente explicadas en la Teogonía, obra atribuida a Hesíodo.

Zeus era el dios supremo, personificando el cielo y la luz y señor de la vida y de la muerte. Su hermana y esposa Hera era la protectora de las mujeres, el matrimonio, los niños y el hogar. Sus hijos Poseidón y Hades presidían, respectivamente, los mares y el inframundo. Otros dioses relevantes, hijos de Zeus, eran Atenea, diosa de la sabiduría y el hogar. Artemisa, guardiana de las ciudades, los animales y las mujeres. Ares, dios de la guerra. Hermes, dios del comercio, de la buena suerte y de la abundancia. Afrodita, diosa del amor y la belleza. Hefesto, dios del fuego y de los artesanos. Dionisio, dios del vino y de la fertilidad. Apolo, dios de la arquería, la música y la medicina.

La mitología griega, además de los dioses del Olimpo, narra las vidas y aventuras de muchos héroes y otras criaturas mitológicas. La antigua literatura griega se hace eco de las hazañas de estos personajes, destacando La Iliada y La Odisea, de Homero. Héroes legendarios como Aquiles, Héctor, Menelao, Micenas, Perséfone o Príamo, entre muchos otros, siguen vivos en la conciencia colectiva de la humanidad.

El arte en Grecia

La pintura en la antigua Grecia no puede entenderse sin hacer referencia a la cerámica, puesto que la comercialización de ánforas, vasijas y platos decorados se convirtió en un productivo negocio que permitió el desarrollo de un arte cada vez más elaborado. Al principio se trataba de un diseño elemental basado en formas geométricas que, con el paso del tiempo, se fueron enriqueciendo. Posteriormente apareció la figura humana, y más adelante, las pinturas se convirtieron en elaboradas representaciones mitológicas, organizadas en franjas paralelas y horizontales que podían “leerse” girando la pieza de cerámica.

La escultura es otra de las imágenes colectivas indisociables del arte de la antigua Grecia. Las primeras de las que se tiene noticia datan del siglo IX a.C. y eran pequeñas figuras humanas hechas de materiales maleables como la arcilla, el marfil o la cera. Siglos más tarde, en el periodo arcaico, se empieza a trabajar la piedra con figuras humanas en las que se pretende plasmar la belleza ideal, tomando como modelo las esculturas egipcias.

Con el clasicismo, en los siglos V y IV a.C. la escultura griega adquiere un carácter propio, con grandes artistas como Fidias, Policleto, Lisipo, Mirón o Praxíteles. En el siglo III a.C. se alcanza el máximo esplendor, con obras monumentales como el famoso “Coloso de Rodas”. Hay que señalar que la escultura se encuentra inextricablemente unida a la arquitectura, tanto por su función decorativa como religiosa, tal como lo demuestran los hallazgos efectuados en las fachadas y columnas, así como en el interior de los templos.

La economía en Grecia

La economía griega estuvo claramente determinada por su situación geográfica. Las posibilidades de desarrollar una agricultura fértil, al estilo de Mesopotamia, no existían en Grecia debido a su particular orografía. El cultivo se basaba en cereales como el trigo y la cebada, la vid, el olivo y productos hortofrutícolas, aunque pronto resultó insuficiente, sobre todo el grano. La ganadería contaba con la cría de cabras, ovejas, cerdos, bueyes y caballos, aunque la falta de pastos determinó que tampoco fuera demasiado extensa.

Si en algún aspecto destacó Grecia, fue en la exportación de productos de artesanía como la cerámica, apreciada en todo el mundo antiguo y exportada en grandes cantidades, así como en la fabricación de espadas, armaduras y otras armas. Por su parte Grecia importaba grano, productos manufacturados, papiro, especias o madera para la construcción de sus naves. Grecia poseía una importante flota mercante que surcaba todo el Mediterráneo. Los intercambios comerciales se llevaban a cabo, fundamentalmente, en monedas de plata.

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