Desde su comienzo, esta nueva edición de Gran Hermano ha batido los récords de audiencia. En su primer programa, con un 18.5 de share, fue superada por Cuéntame. Desde entonces, todos los jueves ha hecho marcas que la han clasificado como lo más visto en primetime.

Las anteriores ediciones del reality ya manejaban el morbo y jugaban con la homosexualidad, la transexualidad, el sexo sin pudor, y numerosos escándalos que despertaron las filias y las fobias de los televidentes.

La casa 11 supera los rankings de las anteriores versiones y degrada aún más al ser humano. Pudimos vivir en directo las más que palabras habidas entre los antiguos concursantes Carlos "el Yoyas" y Fayna, su actual pareja.

Aquello pareció despertar a la opinión pública en contra del supuesto maltrato y Carlos fue reprendido por ello. Hoy se sabe que fue cuestión de temperamentos.

Hemos vivido la salida de armario de muchos concursantes, más fuera que dentro de la casa, y la confesión pública de los cambios de sexo de tres de ellos en las diversas ediciones.

GH 11, peor aún

En la actual, algo distinto se nos plantea. Si no tan hermano, si que sería un buen animal. "El fecundador", lo llaman. Arturo muestra públicamente cómo se ejerce el instinto, cómo no importan los sentimientos ajenos siempre que las pulsiones queden cubiertas.

Ella, Indhira, mujer inteligente, malagueña y con estudios, se deja hacer y dominar por tan bárbaro espécimen, a la espera de ser juzgada como ¿qué? ¿Víctima del año? No querrá la opinión pública. No dejará que la realidad ficticia que viven estos ciudadanos ocupe su mente. No una vez más.

La primera edición tiene su justificación sociológica. Con el libro de Orwell en la mano, a muchos se les podría haber ocurrido lo mismo. Un buen experimento social. ¿Salió bien? Bueno, para que así fuera algo tendría que haber mejorado.

A alguna conclusión se debería haber llegado ya. Se cumplieron las expectativas de audiencia y el programa rompió los audímetros. Por lo demás, nada nuevo se sabe de esa experiencia y nada salva a aquellos que hoy se denigran en público.

Un mal ejemplo

Experimentos y pruebas aparte, después de 11 ediciones, ya sabemos que la especie humana es capaz de casi todo y, sí, también sabemos que la mayoría de los concursantes no supera la media intelectual. Ya está probado. A otra cosa.

La población no está como para embrutecerse más aún, sobre todo teniendo en cuenta que el público medio de Gran Hermano es joven o adolescente. ¿Quiere la sociedad mas Arturos? ¿Más víctimas?

Insultos, humillación, críticas, marginación, sexo en directo, estrategias tramposas, bando bueno y bando malo, y convivencia. Con la vida real, a la humanidad debería bastarle.