El barón Gilles de Rais fue un héroe de la Guerra de los Cien Años, cristiano devoto y amigo íntimo de Juana de Arco, hombre apuesto, leal vasallo y valiente guerrero, capaz de las más increíbles hazañas, y una de las mayores fortunas de su país. Aparentemente, el mismísimo ideal viviente del caballero medieval. Y sin embargo, bajo ese historial de éxito, se escondía al mismo tiempo uno de los mayores psicópatas de la Historia.

Según Thomas Mann "Gilles de Rais personificaba la grandeza religiosa de los malditos; la inteligencia como enfermedad, la enfermedad como inteligencia, el tipo de afligido y poseído en donde lo santo y lo criminal se aúnan".

Nace un psicópata

Gilles de Rais, de nombre completo Gilles de Montmorency-Laval, nació en el castillo de Champtocé, (Anjou, Francia) en 1404, hijo de Guy II de Laval y Marie de Craon.

Sus primeros años de vida los pasó, junto a su único hermano, René, entre los muros del castillo natal, sin apenas conocer a sus padres. Su educación corrió a cargo de diversos ayos e institutrices, costumbre habitual en la época entre las familias aristocráticas.

Su padre, malherido accidentalmente durante una cacería por un verraco moribundo, murió delante de su hijo (cuando sólo tenía nueve años) tras una larga agonía, con las tripas colgando fuera del cuerpo. Aquella atroz escena marcaría profundamente, para siempre, la frágil mente de Gilles. Escena que, más tarde, a lo largo de su vida, recrearía repetidas veces con sus víctimas.

Tras la muerte de su madre, dos años después, Gilles, convertido de pronto en heredero de una de las mayores fortunas de Francia, quedó bajo la tutela de su abuelo materno, Jean de Craon, hombre violento, cruel, que influiría negativamente en Gilles, quien, posteriormente, reconoció sobre su abuelo: "Me enseñó a beber, instruyéndome desde pequeño a extraer placer de pequeñas crueldades. (...) Bajo su custodia aprendí a despegarme de los poderes terrenos y divinos, con lo que creí ser omnipotente".

Su abuelo se preocupó también por dotar a su nieto de una educación acorde a su estatus social: le versó en las artes de la caballería, le regaló su primera armadura milanesa, y le enseñó a leer y escribir (cosa rara en el Medioevo, incluso entre la nobleza). No obstante, ya desde joven las lecturas favoritas de Gilles preconizaban un cierto desequilibrio mental: mostró especial interés en las biografías de Suetonio sobre los emperadores romanos Tiberio, Calígula y Nerón, cuyo sadismo llegó a idealizar.

Personalidad compleja

Recién nombrado caballero con quince años, cometió su primer asesinato, del que salió indemne por su condición nobiliaria. Por entonces, aquel apuesto mozalbete, de alta alcurnia, increíbles riquezas y porte físico impecable (altísimo, 1,80 metros de estatura) era lo que se dice "un buen partido".

No obstante, su fama de homosexual le hizo difícil encontrar esposa. Cuando finalmente logró casarse, fue a costa de secuestrar a su prima Catherine de Thouars, con quien celebró una polémica boda clandestina en 1420. Aquel matrimonio fue de todo menos feliz. Poco después de la boda, Gilles, poco interesado en el amor, empezó a desatender los asuntos conyugales.

Lo increíble es que tuviera descendencia. en tales condiciones. En 1427 nació su primera y única hija, Marie. Pero para entonces Catherine estaba ya harta de las extravagancias de su esposo, y se fugó con su hija, huyendo junto a su padre. Gilles apenas se molestó en buscarlas, cosa que aumentó notablemente las habladurías sobre su homosexualidad.

Por un lado era un cristiano devoto, pío, temeroso de Dios, lo que le llevaría a entablar amistad con la célebre Juana de Arco, convirtiéndose en su más fiel seguidor. Pero por otro, bajo aquella máscara se escondía un ser inquietante: un asesino en serie, asociado a inhumanos crímenes y cultos demoníacos.

Su leyenda negra -con poco de leyenda pero mucho de negra- acabó ligando su figura a la de los precursores del vampirismo en literatura. Y si quizás Gilles no necesitaba beber sangre para sobrevivir, probable es también que se recreara más en ella que el mismísimo Drácula de Stoker. Su vida, y especialmente sus infanticidios, inspirarían el Barba Azul de Charles Perrault.

Numerosos historiadores concuerdan en su esquizofrenia, presentándolo como un psicópata sin remordimientos; pero también, como buen psicópata, un ser seductor, fascinante. Como caballero destacó por su bravura y coraje -se decía que combatía como poseído-, ganándose el respeto de sus compañeros y del rey, Carlos VII, quien le nombró en 1429 mariscal de Francia con 25 años, un caso único en la historia del país.

Criminal descubierto

Gilles trató de salvar en vano a Juana de Arco de la hoguera -donde murió en 1431- y en 1435 se retiró a sus feudos, dilapidando en fiestas su inmensa fortuna. Según afirmaría luego, fue entonces cuando se introdujo en la nigromancia por mediación de un oscuro personaje, Francesco Prelati, quien prometió ayudarle a recuperar su fortuna malgastada, mediante sacrificios de niños a un demonio llamado Barron.

Si a esto añadimos su predisposición natural a la violencia, se explica cómo asesinó tan fríamente, durante su corta vida, a tantas personas inocentes. Se calcula que pudo matar, en secreto pero apoyado por cómplices leales, entre 60 y 200 niños (además de ocasionales víctimas de mayor edad), sin importar su sexo o condición social, aunque siempre con clara preferencia por varones plebeyos, a los que sodomizaba antes de su ejecución.

Cuando, tras una investigación del obispo en sus tierras por la desaparición de un clérigo, se descubrieron sus fechorías (cadáveres enterrados), tuvo forzosamente que confesar sus pecados, alegando únicamente que asesinaba porque "la estrella bajo la que he nacido me ha destinado a cumplir hechos que nadie podría entender".

Su supuesto arrepentimiento hizo que la Iglesia escuchara su confesión, pero la pena secular siguió firme, y Gilles fue ejecutado en la horca por sodomita, brujo e infanticida, junto con algunos cómplices, el 26 de octubre de 1440. Leer su confesión supone introducirse de lleno en un documento espeluznante, en una mente perturbada desnuda ante todos.