Los homínidos cavernarios como Homo heidelbergensis y Homo sapiens neanderthalensis vivieron en el Pleistoceno, periodo cuaternario caracterizado por las glaciaciones Mindel, Riss, y Würm, con sus respectivos periodos interglaciares. Épocas frías, sobre todo en las etapas glaciares, la fauna era de clima frío. Los homínidos buscaban el abrigo de grutas y cuevas naturales y no fueron los únicos.

Hiena de las cavernas

Crocuta crocuta spelaea es una subespecie extinta de hiena. Los sapiens y sus antepasados se han interrelacionado con este carroñero en diferentes épocas y con sus diferentes especies. Los homínidos del Pleistoceno cohabitaron con esta subespecie, más grande que las hienas actuales, y aunque recientes estudios de ADN demuestran que no existen diferencias sustanciales con la hiena manchada, sí que hay una marcada diferencia en cuanto al tamaño.

Se han encontrado multitud de restos y de coprolitos en Eurasia, China, e Islas Británicas, lo que da idea de su extenso hábitat.

Básicamente carroñeros, disponían de grandes premolares cónicos para despiezar los cadáveres. El húmero y el fémur son más largos que en las especies actuales y aunque se sabe poco de sus hábitos, se piensa que no formaban grandes clanes como sus parientes. Así mismo, se desconoce si existía un marcado matriarcado como en las especies vivas de hienas.

Su declinar cronológico comenzó hacia el 20.000 a.C. y se extinguieron totalmente sobre el 11.000 a.C. Se han estudiado sus hábitos alimenticios en algunos yacimientos. En el de Karst de Bohemia (Chequia), la dieta era entre un 16-51% de caballo de Przewalski, rinoceronte lanudo 25-30 %, renos 7-15%, bisonte de la estepa 6,1%, ciervos 3%, y alce gigante o megaceros menos del 1%. Se han constatado indicios de canibalismo entre sus poblaciones.

En la Península Ibérica son abundantes los restos en el yacimiento de Santa Engracia (La Rioja), estudiados por el Grupo Espeleológico Cameros en 1987 y depositados en el Museo de La Rioja. Otro yacimiento importante es la Cueva de los Moros 1 (Gabasa-Peralta de la Sal) en Huesca, excavados entre 1984 y 1994 por Pilar Utrilla y Vicente Baldellou. En esta cueva además se han descubierto restos de Homo sapiens neanderthalensis relacionados con los de las hienas de las cavernas.

León de las cavernas

Tras el Smilodon o dientes de sable sudamericano, Panthera leo spelaea es uno de los mayores felinos conocido. Taxonómicamente existe un enconado debate sobre si fue una especie diferente a todas las conocidas (Panthera spelaea), una clase de tigre, o una subespecie de león. Algunos paleontólogos lo encuadran en Panthera tigris spelaea aunque los últimos estudios de ADN parecen revelar que pertenece a leo, siendo una subespecie geográfica del león actual aunque sin ningún tipo de parentesco con las actuales subespecies vivas.

Poco se sabe de su morfología y se duda de si los machos tuvieron melena como sus parientes actuales. Las pinturas rupestres parecen mostrar un felino de orejas prominentes, cola peluda, y rayas parecidas a los tigres, y un comportamiento cinegético similar a la de sus parientes, ya que las que cazaban eran las hembras. Los restos pictóricos no son concluyentes por lo que sólo se puede especular sobre su morfología real. Por los restos encontrados su aspecto sería en de un ligre, híbrido actual de tigre y leona, aunque más corpulento y pesado, con un hocico corto y orejas más pequeñas. Podrían alcanzar los 150 centímetros de altura, los 365 centímetros de largo, y pesar unos 400 kilogramos. Estas características le hacían ser un formidable animal, mucho mayor que los actuales leones aunque un poco menos corpulento que el Smilodon pero con la misma alzada de 120 centímetros.

Mayores en tamaño fueron su antepasado del Pleistoceno Temprano y Medio, Panthera leo fossilis de 125 centímetros de altura, y el llamado león americano Panthera leo atrox, que llegó a superar los 130 centímetros de alzada.

Su difusión espacial fue por toda Eurasia durante un periodo comprendido entre 300.000 a C. y 10.000 a.C. Sus presas fueron caballos, bisontes, camellos, mamuts, mastodontes, y megaloceros.

Oso de las cavernas

Ursus spelaeus es otro gigante cavernario. Vivió durante el Pleistoceno Tardío en Europa desde el sur de las Islas Británicas hasta el Cáucaso. Evolucionaron a partir de otra especie de oso, Ursus deningeri, hace unos 280.000 a.C. y se extinguieron sobre el 10.000 a.C.

Formidable animal, algunos machos llegaron a medir 3 metros de altura erguidos y pesar 600 kilogramos, tres veces más que el mayor de los osos grises actuales. Su altura en la cruz sería de 130 centímetros y el peso medio de unos 440 kilogramos. Convivieron con los osos pardos sus parientes cercanos.

Su morfología presenta un morro menos alargado que los actuales osos, frente escabrosa y hundida, y extremidades delanteras más largas y robustas que las traseras. A pesar de tener dentadura de carnívoro, parece ser que se alimentó de forma herbívora con la inclusión en su dieta de pequeños animalillos que complementaban los vegetales consumidos.

Los últimos estudios revelan sus hábitos carroñeros como muestran las excavaciones del yacimiento de Coro Tracito en Tella (Huesca), donde la paleontóloga Raquel Rabal de la Universidad de Zaragoza ha presentado la evidencia de este canibalismo por las marcas encontradas en los huesos de osos de las cavernas que recuerdan las mordidas de los osos actuales.

Sus hábitos solitarios y su más que posible consanguinidad les llevó a un callejón sin salida hasta su definitiva extinción.

Bien estudiado por los abundantes restos encontrados en España, Alemania, Inglaterra, y Francia, es de los tres gigantes de las cavernas el más conocido por el gran público.

Epílogo

El poco protagonismo del cine con estos animales nos aleja de su imagen. Quizás el oso de las cavernas es el más conocido por obras como la saga del Clan del Oso Cavernario de Jean M. Auel. Los chamanes de las especies homínidas que convivieron con estos animales les dieron gran importancia, pues su formidable aspecto les hacía probablemente ser animales totémicos como reflejan las pinturas rupestres encontradas.