Dos excelentes actrices con larga y rica experiencia exhiben sus propias debilidades en dos obras escritas y dirigidas por un hombre, Eusebio Lázaro, quien también interpreta a un director posesivo y ejecuta en escena cambios escenográficos.

Un homenaje a la mujer en general, y a las actrices en especial.

El dolor de renacer en cada estreno

A veces se da una separación muy fina entre la realidad y la ficción y el drama se superpone: el del personaje y el de la actriz.

En la primera de las dos obras que aquí se representan El ensayo, una primera actriz y una joven principiante ensayan La más fuerte, una obra en un acto de Strindberg —que estrenó en España Irene Gutiérrez Caba en los años 80—, en la que dos actrices se enfrentan por el marido de una de ellas; en realidad no es un enfrentamiento, sino un monólogo de la esposa frente a la amante más joven que calla y otorga o deja en tinieblas la densa historia.

Ficción y realidad en la obra del gran autor de La señorita Julia, por lo general obsesionado por el poder de la mujer sobre el hombre, tanto en lo sexual como en lo psicológico, y en esta recreación se da brillantemente un doble juego servido por el director —y en este caso autor— Eusebio Lázaro para mayor lucimiento de Yolanda Ulloa (larga trayectoria con títulos como El balcón, de Jean Genet y Romance de lobos, de Valle Inclán), quien asume el personaje y a la vez se enfrenta a su amante, el corrosivo director que va a poner en escena la obra. Gana la batalla en busca de su plena libertad, y realiza un viaje de denso testimonio y revelador final, especialmente lúcido cuando logra combinar el renacer del estreno con el suyo personal.

El alcohol como camino hacia la libertad

Ana Marzoa interpreta a una actriz con mucho teatro y poco cine que va a recibir un premio que le desata la cólera por las traiciones masculinas, la soledad a veces desesperante de su ser como mujer ante situaciones tan dolorosas como embarazos no deseados; se arroja al vacío de encarnar a un personaje con más pérdidas que victorias, a priori muy alejada de ella misma, actriz con amplio repertorio y muchos éxitos en su haber, desde La vida es sueño, de Calderón de la Barca y Un tranvía llamado deseo, o, más recientemente, La noche de la iguana, ambas de Tennessee Williams.

Sin embargo, se desliza con energía sobre la piel de esa actriz ya madura que va a recibir un premio que desprecia por todo su contexto. Para poder afrontarlo habla de su experiencia y de su creciente ira contra la situación actual en la telebasura... y para poder liberarse por completo encuentra el socorro adecuado en el alcohol: borrachera paulatina en creciente dramatismo en busca de su absoluta libertad: mezcla de frágil muñeca del sistema y audaz ser humano que canta las cuarenta, copa a copa, desengaño tras desengaño, con golpes certeros de humor y un drama hondo que la aguijonea hasta "casi" matarla.

Dos grandes actrices, un hombre de teatro generoso

Eusebio Lázaro escribió y dirigió estas dos obras unidas por una puesta en escena poética con un toque musical, gracias a una singular producción sonora que va desde la música china a orquestaciones de películas de aventuras, pasando por un aire de vals con que coordina el dolor de las mujeres con sus apetencias de libertad.

Una acción dramática muy generosa de un hombre de teatro que siempre ha buscado nuevos senderos, caminos diferentes, huyendo siempre de lo convencional, tanto si se trataba de Ricardo III de Shakespeare como de Las Troyanas de Eurípides o de La extraña pareja, comedia de Neil Simon con dos hombres protagonistas en el original que Lázaro adaptó para dos mujeres a quienes además dirigió: Cristina Higueras y Fiorella Faltoyano.

Las más fuertes, hasta el 29 de mayo en el teatro Fernán Gómez, con un encuentro con el público el día 26 después de la función de las 20,30 horas, alrededor de las 22 horas: un acontecimiento de notable humildad y peculiares emociones.