En general señalamos como de gran "naturalidad" el estilo de los actores que percibimos sumamente relajados, que nos convencen "como si no estuvieran actuando". Esta síntesis muy popular da por hecho que ese intérprete nos ha conquistado por la senda de la verdad, de lo verosímil. Y de hecho, toda naturalidad en los actores de ambos sexos surge tras largo e intenso trabajo: es una conquista técnica, un don profesional logrado con más sudor que pura espontaneidad.

José Luis Alcobendas tiene ese dominio conquistado palmo a palmo, bien acendrado en trabajos muy bien dirigidos, y además transmite una alegría ante el trabajo bien hecho, una cierta felicidad en la que mezcla juego y responsabilidad.

Este cronista se acercó a felicitarlo en una acera del viejo Madrid entre dos funciones muy distintas; acababa de aplaudirle en La piel en llamas y el actor se dirigía a Tócala otra vez, Sam, una comedia desternillante. En el camino le tendí la mano, le felicité como un espectador más. Cuando le comenté los trabajos en que le había aplaudido puso una expresión de sorpresa.

Perplejo, enseguida volvió a sonreír, dichoso de pasar en unos minutos de ocuparse de un drama intenso a una comedia de situación hilarante. En ningún momento me presenté como periodista, pues, fundamentalmente, soy un entusiasta espectador del día a día teatral, que disfruta mucho cuando da con actores de esta clase. ¿Qué clase de actor es Alcobendas? De la buena clase, de cinco estrellas... aunque aún no haya dado con los protagonistas que le corresponden por derecho propio. Todo se andará. He aquí algunos ejemplos de su valiosa experiencia.

La paz perpetua, de Mayorga, dirigido por José Luis Gómez, 2008

En muchos aspectos decepcionante, esta obra logró que el esfuerzo de sus actores la "peinaran" y le dieran una dimensión mucho más trascendente que el remanido concepto escénico e ideológico del original. Humanos perros lanzados a la tortura como forma de contención social, de justa represión, y una rebelión final ante lo inhumano, lo injusto del fenómeno de la dictadura de Estado.

Para este alegato contra la tortura, el autor Juan Mayorga y el director José Luis Gómez se embarcaron en una puesta en escena bastante recargada con exceso de lugares comunes: mucha alharaca exterior para un mensaje obvio, ya transitado por obras mucho más interesantes (El señor Galíndez, Pedro y el capitán, La muerte y la doncella).

Sin embargo, no cabe duda que el trabajo en equipo del reparto fue encomiable: Susi Sánchez, Israel Elejalde, Fernando Sansegundo, Julio Cortázar, y José Luis Alcobendas, quien destacó en el papel de "un perro" de gran experiencia y muy astuto con momentos de humor realmente impactantes, un punto de tragicomedia que enriquecía mucho al personaje y mejoraba la representación general.

Drácula de Bram Stoker en versión de Ignacio García May

El autor y director García May logró un recorrido romántico de extraña belleza, una visión elegante, y hacia el final conmovedora, del vampiro más célebre de la historia de la literatura. Y adquirió inquietante dramatismo en la sensual interpretación de una joven actriz, guapísima, con una dicción sumamente envolvente, susurrante y una prestancia de exquisita profesional: Xenia Sevillano.

Ante semejante criatura el conde cayó inevitablemente rendido, igual que los espectadores. Alcobendas compuso para la ocasión un personaje sin precedentes, con afilada ironía y una tensión dramática creciente hasta lograr el final más hermoso que este cronista ha visto tras muchas versiones del original de Stoker: actor y personaje se fundieron para transitar por el dolor de una insatisfacción continua, al fin liberado de su yugo entregándose a una muerte largamente esperada: monólogo final desasosegante y de profunda belleza poética.

La piel en llamas, de Guillem Clua

Alcobendas inicia la acción, acelerado, ansioso, ávido por despachar una entrevista en un país del Tercer Mundo donde ha sido invitado para rendirle homenaje por una foto de hace 20 años. Le sigue Marina Seresesky, la periodista ávida por hincar el diente a un hombre con mucha culpa personal que va a ser utilizado por circunstancias políticas ajenas a su voluntad.

Una gran obra con valiosa carga dramática y política en la que José Luis aporta un brío constante, un nervio intenso y un desarrollo siempre sorprendente. Ha de habérselas con la difícil situación de una acción paralela de dominio sexual sobre una mujer que acepta todas las exigencias de su verdugo creyendo que así podrá salvar a su hija...

Tócala otra vez, Sam, de Woody Allen

Un papel secundario para un primer actor, mientras el absoluto protagonismo, generalmente hilarante, se lo llevan María Barranco (maravillosa) e Ismael Merlo (divertido; como pez en el agua),

Alcobendas borda un personaje de apariciones relámpago, un adicto al trabajo que pasa de móvil a móvil con irresistible simpatía, divertido, ácido y a la vez tierno: una creación bajo la eficaz dirección de Tamzin Townsend.

Expectantes quedamos ante el próximo estreno de José Luis Alcobendas, un actor que siempre sorprende con una composición rica en matices, diferente, en el emocionante acantilado del asombro.