¿Por qué un grupo de personas decide eliminar a otro un día? ¿Cómo fueron posibles estrategias como el Holocausto, Shoah o genocidio judío? ¿Dónde se puede esperar que en pocos días se produzca un asesinato de ochocientas mil personas como en el caso de Ruanda?

Entender cómo, por qué y, sobre todo, cuándo comienzan a gestarse estos casos es el único camino para evitar que tragedias como las que se dieron en el siglo XX -aún en la actualidad, en zonas como Darfur- puedan repetirse. Crear leyes, hacerlas efectivas y prevenir mediante la educación en derechos humanos es el camino para que nunca más ocurran.

Genocidio, eliminacionismo o asesinato de masas

Siguiendo a Daniel Goldhagen, hablar de genocidio es difícil, aún ateniéndose a los casos más representativos.

El genocidio armenio, el judío o el de Ruanda de 1994 de hutus contra tutsis solo se pueden entender dentro de una estrategia más amplia.

Así, los ataques contra los judíos en Alemania se desataron mucho antes de que en 1942 se decidiera en Wansee la infame "solución final", y bastante antes incluso de la llegada del partido nazi en 1933 al poder.

El odio de los turcos contra la minoría armenia tuvo su gran estallido en 1915, pero ni empezó ni terminó en ese momento. En otros casos, como la eliminación en España de entre 140 y 200.000 personas por el franquismo, no es un grupo étnico el que se persigue. Los asesinatos de masas son cada uno fruto de mentes concretas, que producen actos concretos.

Cuándo comienzan los asesinatos masivos. Del pensamiento al acto

Cuando se estudian las grandes eliminaciones de personas, lo que más sorprende es que las personas que participan, lo hacen libremente. Podían haber elegido no hacerlo: en el caso alemán, las pertenecientes al partido nazi o las SS eran una pequeña minoría. Sin el acuerdo y la ayuda voluntaria de la mayor parte del pueblo, nunca hubiera podido ocurrir.

Como sabemos hoy, por testigos, en general la población que participa en estos sucesos, no solo no los ve como algo reprensible, sino que se ve alentada por el clima social: no hay diferencias entre las clases intelectuales, económicas ni entre sexos a la hora de ejercer la violencia y los asesinatos de masas. Para que ocurra esto, la estrategia requiere de unos líderes que lo hagan posible, pero sobre todo de un pueblo dispuesto a escucharles y seguirles. En palabras de un perpetrador hutu "bromear y escuchar lo que se dice sobre los tutsis, es estar afilando ya el machete". En el momento en que se expresa una frase con odio hacia un grupo político, una etnia o un grupo, ha empezado el horror "conradiano".

Deshumanización y demonización de las víctimas

Hay que distinguir dos grandes tipos de asesinatos en masa: aquellos en que se deshumaniza y aquellos en que se demoniza a la víctima.

Primo Levi contaba cómo, en Auschwitz, los judíos eran a la vez culpables -demonizados- y deshumanizados (häftlinge, medio hombres). El objetivo en este caso era el exterminio completo. En los casos islamistas, como las diversas yihad de los religiosos musulmanes radicales, en realidad se piensa que la víctima es recuperable: es aún humano y se puede reconvertir al Islam.

Solo mediante la deshumanización se explican casos como el asesinato masivo de la población del Congo por las tropas coloniales belgas (bajo el mando de Leopoldo II) o los herero. La adhesión a un tipo de credo revolucionario hizo que en un breve espacio de tiempo, un 25% de la población de Camboya fuera asesinada (con crueldad extrema) por las tropas de Pol Pot. Los campos de "reeducación rusos" no buscaban el exterminio, aunque éste ocurría por las duras condiciones de trabajo y torturas. En estos casos, no había deshumanización, pero sí demonización, como en los casos de las dictaduras de derechas de Guatemala, Argentina o Chile.

Matanza de población no combatiente, fuera de las guerras

Las grandes matanzas del siglo XX, rara vez se han dado en el curso de una guerra. Así, los nazis no intentaron exterminar a la población francesa (aunque sí a la eslava), o los hutus a los tutsis en el curso de batallas. Lo curioso es que se han dado contra una población, que se busca como chivo expiatorio, generalmente indefensa y apoyadas por teorías racistas académicas.

Se ha matado, como en el caso del genocidio armenio, a una población solo por expulsarla del territorio. En el caso español, las teorías eugenésicas del doctor Vallejo-Nájera sirvieron de justificación para la violencia contra mujeres y niños, después de la guerra. El horror ha sido perpetrado por hombres y mujeres contra hombres, mujeres y niños de su misma condición durante todo el siglo XX.

Evitar el racismo y los asesinatos de masas

La ONU prohíbe expresamente el genocidio (lo consiguió Raphael Lemkin en 1948, quien pasó su vida intentando hacer luz sobre el caso armenio). Sin embargo, la formulación es deliberadamente vaga: en un momento en que la URSS tenía derecho de veto y el gulag en marcha no podía ser de otra forma.

Recientemente hemos visto cómo Augusto Pinochet no era procesado, al no haber atentado contra un grupo "étnico". La muerte de comunistas indonesios, o el caso de Darfur no son genocidios. En otros casos se hace oídos sordos, como en el caso de Bosnia.

La solución no parece venir de la política, sino de la educación. Atajar cualquier atisbo de pensamiento o expresión racista o xenófoba, -criminalizarla incluso-; el estudio del pasado y la solución de los conflictos de este (como en el caso de la matanza de serbios por los croatas en 1942, que ayudó a la guerra de los Balcanes en 1994) y una decidida apuesta por la educación en los derechos humanos y el respeto por las ideas y la diferencia parece ser la única solución para que el horror del asesinato masivo sea solo parte de la historia. Una historia que nunca conviene olvidar.