A lo largo de la historia, la literatura, la ciencia y las artes han apadrinado para la posteridad nombres de genios, cuyas mentes brillantes proporcionaron importantes logros y, en ocasiones, azarosas dificultades a sus dueños. Quizá, sus problemas fueron grandes por haberlo sido también ellos. Si bien su legado les ha permitido perpetuarse en el tiempo, también serán recordados sus trastornos mentales como un rasgo del que no pudieron desprenderse, tan intrínseco como su genialidad.

Isaac Newton (1642-1727)

El inventor, físico, matemático, filósofo, teólogo y alquimista inglés, padre de la mecánica clásica y descubridor de la gravedad, entre otros tantos logros, sufría de intensos cambios de humor con tendencias psicóticas. Probablemente padecía un trastorno bipolar arraigado en una infancia traumática. Newton no llegó a conocer a su padre, que murió antes de nacer él. Con tres años fue obligado a vivir con su abuela, separado de su madre, cuyo nuevo marido no quería al pequeño Isaac en casa. Newton volvió a reunirse con su progenitora a la edad de diez años, tras la muerte de su padrastro. Dos años después, ingresaría en un internado.

La falta de afecto familiar desde la niñez repercutió en el carácter retraído e inestable de Newton. A lo largo de su vida, fue a la vez reservado y orgulloso, siendo su orgullo del tipo obstinado. Ya en el colegio dio muestras de su superioridad intelectual. Cuando se lo proponía, Newton era el primero de su clase, aunque, a veces, quedaba rezagado por concentrarse en sus inventos. Nunca hizo muchos amigos.

Sin embargo, durante su vida adulta lo acompañaron la admiración y el respeto públicos. En 1689 fue elegido miembro del Parlamento por su oposición al propósito del rey Jacobo II de convertir la Universidad de Cambridge en una institución católica. El rey fue destronado y obligado a exiliarse. Newton, por su parte, recibió reconocimiento político.

Pero Isaac Newton destacó en el campo científico. A sus trabajos sobre la luz, sus inventos, su formulación de las leyes de la dinámica y de la gravedad y sus ensayos teológicos debe su brillante reputación. En 1705, la reina Ana de Inglaterra lo distinguió con el título de Sir.

Ludwig Van Beethoven (1770-1827)

El genio austriaco de la música padecía crisis de humor y depresiones con impulsos suicidas. Hoy, los historiadores se plantean si, en realidad, sufría trastorno bipolar. No obstante, teniendo en cuenta su precariedad física, estos síntomas podrían explicarse como una minucia derivada del grave declive que experimentó su salud a partir de los 25 años. Beethoven padeció enfermedades hepáticas e intestinales, así como una sordera degenerativa, que afectó directamente a su gran talento y medio de vida.

Quizá tuviera trastorno bipolar, quizá era simple aunque sumamente irascible. El músico detenía sus interpretaciones al piano si detectaba murmullos en la audiencia o falta de atención total por parte de ésta. A pesar de su difícil carácter consiguió un fiel grupo de amigos y fue admirado en todo el Imperio Austro-húngaro.

Virginia Woolf (1882-1941)

Virginia Woolf perteneció al Círculo de Bloomsbury, un grupo selecto de intelectuales que residía y se reunía con frecuencia en el céntrico barrio de Bloomsbury, en Londres. Autora de grandes novelas como "Al faro", "Orlando" o "La señora Dalloway", y de relatos cortos y ensayos como "Un cuarto propio", en el que desgrana con maestría las limitaciones de la posición social de la mujer, Woolf alcanzó una notable popularidad en su época. En 1912, a la edad de 30 años, se casó con Leonard Woolf, editor de quien tomó el apellido que la sobreviviría.

Virginia Woolf supo hacerse, en vida, un hueco dentro de la élite literaria anglosajona. Sin embargo, arrastró episodios de crisis emocionales desde la adolescencia. Aunque pudo disfrutar de algunas treguas, la autora decidió poner fin a su lucha en mitad de la Segunda Guerra Mundial. El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf abandonó el domicilio conyugal y desapareció. Tres días después fue encontrada ahogada en el Támesis. La escritora británica se había arrojado al río londinense con un abrigo lleno de piedras. Tenía 59 años.

No se sabe a ciencia cierta si los problemas mentales de Virginia Woolf se correspondían a un trastorno bipolar o a la esquizofrenia. Al parecer, manifestaba síntomas de ambas. En la carta que escribió a su marido antes de suicidarse, la autora hablaba de oír voces "Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo", escribió. "Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no me puedo concentrar". Este pequeño testimonio de Woolf la presenta como una probable esquizofrénica. Sin embargo, se cree también que pudo desarrollar trastorno bipolar porque durante años alternó periodos de frenesí creativo con depresiones y bloqueos profundos.

John Forbes Nash (1928- actualidad)

Otra víctima famosa de la esquizofrenia da clases en la Universidad americana de Princeton, en Nueva Jersey. Se trata del ilustre matemático John F. Nash, que, en 1994, recibió el Premio Nobel de Economía por sus teorías económicas en contraposición a las tesis de Adam Smith.

En su caso, las diferencias respecto a Virginia Woolf las marca, no sólo el sexo y el campo de erudición, sino el desenlace. John F. Nash ha logrado sobrevivir a su enfermedad, a pesar de su fuerte tendencia paranoide. Durante años ha luchado contra las alucinaciones y la fuerte convicción de ser perseguido por comunistas.

Casi desde que nació, la familia y el entorno de John sabían que era especial. Siempre tuvo grandes dificultades para relacionarse y mostraba una gran aversión por la disciplina. En el colegio, sus notas no eran buenas, pero leía con avidez y se enfrascaba en experimentos químicos. Uno de ellos desencadenó un fatal accidente, que acabó con la vida de uno de sus compañeros de clase.

En 1957, John F. Nash se casó con Alicia Lardé, alumna suya en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Un año después se manifestó su enfermedad en toda su crudeza y tuvo que ser internado en un psiquiátrico. Durante 20 años, Nash se mantuvo al margen de la sociedad, incapacitado para ejercer la docencia.

En la década de los 80 experimentó una notable mejoría que le permitió, según afirmó en su discurso de aceptación del Premio Nobel, volver a "desarrollar un pensamiento racional". John F Nash tiene, actualmente, 83 años y vive en Nueva Jersey. Imparte clases de matemáticas en la Universidad de Princeton. Su vida ha inspirado la oscarizada película "Una mente maravillosa", protagonizada por Russel Crowe.