La genialidad es un concepto en el que todos ven algo de admirable y positivo. Y aunque algún aspecto cuestionable se le puede achacar, en general se trata de una cualidad positiva. Una cualidad que puede ser innata, pero no solo de la genética depende ser genio; hay otras cualidades asociadas a la personalidad tanto o más importantes. En la voz de un reconocido genio, como fue Beethoven, la fórmula parece al alcance de casi todos: “El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”. Es indudable que la perseverancia es fundamental para alcanzar grandes objetivos, aunque probablemente sea necesario un porcentaje algo superior al 2% de talento para llegar a ser un genio.

Los últimos estudios efectuados al respecto vienen a demostrar que no existe una clave única que diferencia a los genios del resto de los mortales. Más bien se trata de un conjunto de habilidades, talentos y creatividad que terminan conformando esta característica que denominamos genialidad.

De hecho todos poseemos algunos de esos elementos en mayor o menor medida, solo que los genios parecen tener la combinación perfecta. O tal vez no. Quizá ser un genio no sea algo tan maravilloso como algunos piensan.

¿Qué es un genio?

Lo primero que procede es saber qué se entiende por genio y qué considera una genialidad la mayoría. En general, al genio se le ve como alguien muy creativo, con mucho talento, perseverancia y gran capacidad de trabajo. La genialidad, ateniéndonos a su estricta definición, nos habla de la inteligencia o capacidad de la que gozan algunas personas para crear o inventar cosas nuevas y admirables, sin embargo, genialidad también es, en otra acepción, sinónimo de extravagancia. Y es que a veces, el límite entre la genialidad y la locura –entendiendo por locura algún problema de índole psicológica– puede ser bastante delgado.

Otra característica que envuelve a la figura del genio es su desconexión con la realidad. En este sentido se considera al genio como a un ser incomprendido, pero no equivoquemos los términos, ya que como bien decía el pensador y poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson: “El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio”.

La genialidad y el trabajo

Según parece, la genialidad tiene bastante que ver con la genética, con individuos especialmente dotados en algún área específica del conocimiento. Pero no es menos cierto que personas muy dotadas no han logrado desarrollar toda su potencialidad, quedando muy por debajo de sus posibilidades.

Es evidente que la genialidad, por sí misma, no presupone una garantía de éxito en la vida. El éxito, entonces, puede alcanzarse cuando a estas cualidades innatas se les unen otras virtudes como la perseverancia, el entusiasmo o la capacidad de sobreponerse al fracaso; o lo que es lo mismo: intentarlo una y otra vez. Para Aldous Huxley, novelista y poeta inglés, la fórmula era la siguiente: “El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo”.

La genialidad y sus defectos

En ocasiones la genialidad consiste en un exceso, en alguna cualidad concreta, que se compensa con un déficit en algún otro aspecto de la personalidad o alguna carencia psicológica. Más de uno habrá oído hablar de individuos con importantes limitaciones que, sin embargo, están extraordinariamente dotados en alguna área específica. De ello se hizo eco la conocida película “Rain Man”, interpretada por Tom Cruise y Dustin Hoffman. Y sin llegar a estos extremos, también es muy conocida y asimilada la imagen del sabio despistado que, de alguna manera, viene a representar este difícil equilibrio entre el genio y la realidad que le circunda.

No falta quien asocia la genialidad con la locura, y no sin razón, ya que muchos problemas psicológicos parecen guardar una relación directa con la genialidad que manifiestan algunas personas.

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