''Soy una ñusta que le canta con fervor/ a las Acllas del Sol [...]''. Así dice una versión de la canción que compuso Jorge Bravo de Rueda (1895-1940), y que hizo mundialmente famosa, en 1951, la Princesa Inca Ima Sumaq, seudónimo de Zoila Atahualpa (1922-2008), Vírgenes del Sol, cuyo tema es la glorificación del Tawantinsuyu. Tiene ese efecto hipnótico que provoca todo lo relacionado con el mito del regreso del Inca.

Un protonacionalismo latinoamericano

En sus Comentarios Reales, publicados en Lisboa en 1609, el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) escribió que de niño escuchaba los relatos de los parientes de su madre sobre los tiempos prehispánicos:

''De las grandezas y prosperidades pasadas venían a las cosas presentes: lloraban sus reyes muertos, enajenado su imperio y acabada su república, etc. Estas y otras semejantes pláticas tenían los Incas y Pallas [concubinas] en sus visitas, y con la memoria del bien perdido, siempre acababan su conversación en lágrimas y llanto diciendo: 'Trocósenos el reinar en vasallaje, etc.' En estas pláticas yo como muchacho, entraba y salía muchas veces donde ellos estaban, y me holgaba de las oír, como huelgan los tales de oír fábulas''.

En 1770 Antonio Valdez hizo poner por escrito un drama clásico quechua que data del año 1500 y se venía trasmitiendo por tradición oral, y que Túpac Amaru hizo representar por primera vez en 1780, la víspera de su Revolución Inca, Apu Ollantay. El drama se reeditó en 1837, y cada vez que se representaba o publicaba generaba entusiasmo patriótico:

''Ollantay: - 'Poderoso príncipe, eres nuestro protector: tu mano ha borrado el camino que conduce a la desgracia, y lo has colmado de beneficios'.

''El Inca Yupanqui: - '[...] En esta nueva era de dicha, la tristeza debe ser desterrada y renacer la alegría''.

La indianofobia y sus críticos

Ya en 1552 Francisco López de Gomara escribía en su Historia General de las Indias, reproduciendo, de manera acrítica, opiniones vertidas por otros:

''Ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos; no tienen amor ni vergüenza; son asnos, abobados, alocados, insensatos; no tienen en nada matarse o matar; no guardan verdad si no es en su provecho; son inconstantes; no saben qué cosa sea consejo; son ingratísimos y amigos de novedades; précianse de borrachos, ca tienen vinos de diversas yerbas, frutas, raíces y granos; emborráchanse también con humo y con ciertas yerbas que los sacan de seso; son bestiales en los vicios [...] en fin, digo que nunca Dios crió tan conocida gente en vicios y bestialidades, sin mezcla de bondad ni policía''.

La opinión contraria la encontramos en los eruditos como Bernardino de Sahagún (1575, Historia general de las cosas de Nueva España), que estudiaron a fondo las culturas indígenas:

''Ansí [los indios] están tenidos por bárbaros y por gente de bajísimo quilate, [pero] [...] según verdad en las cosas de policía echan el pie delante a muchas otras naciones que tienen gran presunción de políticos [...] En lo que toca a la antigüedad de esta gente, tiénese por averiguado que ha más de dos mil años que habitan en esta tierra que ahora se llama la Nueva España [...] son hábiles para todas las artes mecánicas y las ejercitan; son también hábiles para aprender todas las artes liberales y la santa teología [...]''.

En el siglo XVIII, cuando surgieron las primeras teorías racistas, el conde de Buffon intentó fundamentar la inferioridad del indio en una supuesta inferioridad (''subdesarrollo'' se diría luego) de la propia naturaleza americana y su influencia determinista sobre el hombre:

''Veamos por qué se encuentran reptiles tan grandes, insectos tan gordos, cuadrúpedos tan pequeños y hombres tan débiles en este Nuevo Mundo. Esto se debe a la calidad de la tierra, a la condición del cielo, al grado de calor y al de humedad [...] y sobre todo al estado bruto en que se ve allí a la naturaleza''.

Los primeros en rechazar estas ideas fueron los propios hispanoamericanos durante el siglo XVIII, el siglo en que se fundó el americanismo, e incluso españoles como Félix de Azara (1795):

''[...] Son los descendientes de esos mestizos [de los siglos XVI y XVII] los que componen hoy en el Paraguay la mayor parte de los que se llaman españoles. Me parece que tienen sobre los españoles de Europa alguna superioridad, por su talla, la elegancia de sus formas y aun por la blancura de su piel. Estos hechos me hicieron sospechar no solo que la mezcla de razas las mejora, sino que la raza europea mejora a la larga unida a la americana [...] tienen más finura, sagacidad y luces [...]''.

La ideología racista de la oligarquía y sus críticos

''Una atrofia mental o una mentalidad tan embrionaria es la de los indígenas [...] que encontramos muy justificado el pensar de los antiguos'' escribía el padre Furlong en 1952. Pero la réplica a esta forma de pensar ya la podemos encontrar en el peruano González Prada (1844-1918) en un documento de 1904, con argumentos muy parecidos a los que manejaron en 1908 los ''Independientes de Color'' en Cuba. Nuestros indios, es el manifiesto fundacional del indigenismo:

''Nuestra forma de gobierno se reduce a una gran mentira, porque no merece llamarse república democrática a un estado en que dos o tres millones de individuos viven fuera de la ley. Si en la costa se divisa un vislumbre de garantías bajo un remedo de república, en el interior se palpa la violación de todo derecho bajo un verdadero régimen feudal [...] la servidumbre de la hacienda [...] Veamos ¿qué se entiende por civilización? [...] Donde no hay justicia, misericordia ni benevolencia, no hay civilización [...] reina la barbarie. ¿Qué vale adquirir el saber de un Aristóteles cuando se guarda el corazón de un tigre? ¿Qué importa poseer el don artístico de un Miguel Ángel cuando se lleva el alma de un cerdo?''.

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