El término revolución, vinculado a una transformación rápida e integral de las estructuras políticas, sociales o económicas, será utilizado por diversos historiadores para designar el momento en el que el ocaso del imperio carolingio se hace efectivo, dejando paso a un sistema plenamente feudal. Bonnassie y Bois son claros exponentes de esta corriente de pensamiento. Una corriente sujeta a la crítica, y a uno de los más enconados debates dentro de la historiografía medieval.

La feudalización en Marc Bloch y Georges Duby

Los primeros pasos que la historiografía francesa da en relación con el proceso feudalizador hay que atribuírselos a Marc Bloch, historiador que localiza en la primera edad feudal, la conversión de los esclavos en siervos. Un periodo, a partir del siglo IX, indicativo del desfallecimiento del mundo carolingio y paralelo a las invasiones protagonizadas por húngaros, escandinavos y musulmanes que dejaron tras sí, una Europa empobrecida, despoblada y rural.

El principal responsable de la modificación de la tesis de Bloch fue Duby. Según este autor, las instituciones carolingias habrían persistido hasta bien entrado el siglo X. Esta afirmación, aniquilaba la primera edad feudal defendida por Bloch. Junto con esta pervivencia del orden público, el gran historiador francés, señaló la importancia excepcional de los primeros treinta años del siglo XI, como el momento en el que el sistema simple y coherente de los carolingios, dejó paso a una concepción muy confusa de la función judicial, enteramente a merced de las relaciones de carácter personal y doméstico.

Para Duby, serían los siglos XI y XII la frontera temporal que marcaría la transición hacia el periodo feudal clásico. El año Mil abre una clara frontera divisoria. Antes del siglo XI, las instituciones eran públicas, después de esta centuria pasaron a ser privadas. Lo mismo sucede en relación con los tribunales, puesto que, durante este periodo, son los condes y no los jueces de antaño, los que ya se erigen como máximos responsables de la administración de justicia. En consecuencia, el feudalismo se pondría en marcha a partir del año mil.

El mutacionismo

El camino abierto por Duby lo siguieron los “mutacionistas”. Entre ellos destacan tanto Bonnassie como Bois. Sus tesis, defienden la pervivencia del modelo socioeconómico antiguo esclavista a lo largo de toda la época carolingia, así como también, la conservación, aunque con disfuncionalidades de su aparato político.

Es en el año mil cuando se produce una verdadera revolución. Revolución que llevaría consigo, tanto el fin de la esclavitud, como la privatización de la autoridad pública.

Esta coyuntura vendría motivada por un auge de la violencia señorial, que ante la progresiva debilidad del estado, encaminaría sus pasos hacia la usurpación del excedente agrario perteneciente a un campesinado, cada vez más enriquecido, gracias a la práctica desaparición de la fiscalidad pública.

El materialismo histórico

Cierto es, sin embargo, que estas conclusiones no han sido unánimemente aceptadas.

El materialismo histórico, es la escuela historiográfica, que más hostil se ha mostrado ante tales hipótesis de trabajo. Según esta tendencia, en lo que se refiere al paso del modo de producción antiguo (esclavista) al medieval (feudal) nunca se podrá hablar de revolución. El término empleado por esta escuela es el de transición. Transición porque la evolución de un modo de producción a otro, se sitúa dentro de un proceso de larga duración, que tiene su inicio cuando en una formación social determinada, una de las relaciones de producción, hasta entonces secundaria (la protofeudal), se hace cada vez más importante, hasta convertirse en la predominante del modo de producción.

Un claro exponente de esta línea interpretativa se encuentra en Perry Anderson. Este autor, ve el feudalismo como resultado de la síntesis, o fusión gradual de dos modos de producción preexistentes: el antiguo (representado por un legado romano en crisis, que empieza a cambiar la esclavitud por la dependencia) y el primitivo (propio de la impronta germánica, y adaptable a las nuevas estructuras de las zonas de asentamiento). La disolución de ambos, iniciada ya en época bajo imperial, produjo finalmente el nuevo orden feudal que se extendió por toda Europa occidental.

Dominique Barthelemy

Frente a los mutacionistas, pero desde una postura diferenciada del materialismo histórico tradicional, surge la figura de Dominique Barthelemy. Esta historiadora, censuraría categóricamente a todos aquellos que sostenían que alrededor al cambio de milenio se hubiese producido una revolución. Barthelemy defendería una tesis íntimamente vinculada con la idea de continuidad en todo el periodo transcurrido entre los siglos IX al XII. De esta manera, los cambios llevados a término en estos trescientos años, no se podrán entender de otra forma que no fuese en el seno de un carácter extremadamente gradual.

Chris Wickham

También crítico con la revolución del año mil, pero partiendo desde una postura ecléctica o intermedia, se encuentra Chris Wickham. Su línea argumentativa es la siguiente: aceptación de la pervivencia del modelo antiguo hasta la crisis y caída del Imperio carolingio. Sin embargo, en el siglo XI se puede hablar de los resultados de una crisis final del sistema público heredado por Roma, pero este proceso ni mucho menos llevaría consigo una revolución, ya que si bien se observan profundas transformaciones en las estructuras políticas, no ocurriría lo mismo respecto con la vertiente socioeconómica. Una revolución plena requiere también una mutación de las estructuras socioeconómicas, lo que no se produce debido a que la aristocracia llegaría a controlar el poder económico antes del año Mil.