Nueva York es el centro cosmopolita del mundo por excelencia, sinónimo de lujo, de lo prohibido, una ciudad que no duerme, donde las estridencias son de lo más normal y están a la orden del día, pero que también ofrece un hueco para que aquellos no tan pudientes puedan visitarla al menos una vez en sus vidas y aprovechar para comprar imitaciones fidedignas de artículos de lujo a un módico precio.

Manhattan, ni tan caro ni tan calvo

El distrito de Manhattan es sin duda una zona de contrastes donde las haya y un crisol donde se mezclan todo tipo de razas e idiomas. Un lugar donde se dan cita cada año millones de turistas de cualquier punto del mundo ávidos de patearse la famosa y exclusiva Quinta Avenida, disfrutar de la vista espectacular desde el piso 82 del Empire State Building, pasear en carro de caballos por el Central Park, conocer la estatua de la Libertad y, por qué no, aprovecharse de algunas de las gangas que también ofrece la ciudad de los rascacielos, que como las meigas, haberlas hailas.

Los meses de marzo a julio, así como de septiembre a principios de noviembre son los más propicios para viajar a Nueva York por precios realmente competitivos -desde Madrid entre 350 y 400 euros-.

Canal Street, destino para regateadores

Si bien en Nueva York son visitas obligadas Broadway, la plaza Rockefeller, la catedral de San Patricio, por citar algunas, un destino que está acaparando cada vez más adeptos es Canal Street, un paraíso para los expertos en el arte del regateo y que aprecian las imitaciones casi idénticas de miles de artículos de lujo.

Situada entre Chinatown (barrio chino) y Little Italy (barrio italiano), esta popular calle está asimismo flanqueada en el norte por la barriada de Tribeca y en el sur por el mundialmente reconocido SoHo, zona por excelencia de los artistas.

Es una calle amplia, con tiendas en su mayoría regentadas por chinos que recuerdan a los caóticos establecimientos de todo a 1 euro o todo a dólar. No obstante, esa no es más que la fachada, porque artículos de marca, desde Louis Vuitton, Channel, Prada, Rolex, Tiffany, Cartier, Pandora, entre otros muchos, que busca el turista se encuentran en la trastienda. El truco está en preguntar al dependiente por lo que busca y le llevará al lugar deseado.

En las afueras de las tiendas hay cientos de jamaiquinos así como haitianos con maletas llenas de un sinfín de objetos falsificados y que actúan de forma ilegal, tipo a lo que en España se conoce como los Top Manta.

Cómo llegar a las gangas

Dada la gran afluencia de público, lo más sensato es llegar a este destino en metro. Pese a la pésima reputación que tiene este medio de transporte en Nueva York, caracterizado por la suciedad y donde es muy posible encontrar más de una rata del tamaño de un gato, supone una experiencia única si se obvian esos "pequeños" contratiempos.

Para aquellos no familiarizados con el "inusual" sistema de metro neoyorquino, se puede llegar a Canal Street en las líneas 6, J, W y Q en cualquier momento del día. La línea R tiene parada en esta estación excepto por las noches. La M y N para los días de diario, la Z y la 6 funcionan diariamente durante las horas punta de tráfico y la 4 para los rezagados que siguen de compras hasta bien entrada la noche.

Guía para transitar y comprar en Canal Street

Si bien la zona de Canal Street no es peligrosa para los transeúntes, conviene tomar ciertas precauciones ante la duda:

  • No perder de vista el bolso. A ser posible prescindir de este accesorio durante su paseo por la zona porque los robos son muy comunes, tanto de mercancía comprada como de dinero en efectivo.
  • Llevar dinero en efectivo, ya que no se admiten tarjetas. En caso de pillarle desprevenido, están a mano sucursales de Bank of America, Chase, Citibank, HSBC y Washington Mutual.
  • No dejarse abrumar. Es muy común que la primera reacción del visitante es la sensación de agobio, debido al gentío, al miedo a ser robado y el elevado número de vendedores que susurran al oído Fendi, Prada, Rolex, Polo. Recordar siempre que el comprador es la presa perfecta del vendedor y que éste nunca va a dejar de pasar la oportunidad de dispensar su mercancía.
  • No comprar de forma inmediata. Lo más aconsejable es dar una vuelta, ver la mercancía y hacerse una idea de lo que pretende comprar. Un error muy común es mostrar interés por un artículo sobre el que no se está seguro. El vendedor perseguirá a su presa hasta la saciedad.
  • Inspeccionar la mercancía. Es recomendable no dejarse llevar por la emoción y comprar todo aquello que caiga en las manos del cliente. No se quiere llegar al hotel cargado con objetos que acabarán en el baúl de los recuerdos.
  • Jamás pronunciar las palabras imitation (imitación en español) o fake (falso en español). El vendedor se sentirá ofendido y cerrará cualquier opción para el trapicheo. Un buen número de comerciantes hablan y entienden español.
  • Regateo. Lo primordial es negociar el precio de lo que se vaya a adquirir. Si se muestra interés en algún producto, es muy probable que el vendedor esté dispuesto a hacerle hasta una rebaja del 80 por ciento. Del mismo modo es conveniente comprar más de un producto a la misma persona, el descuento será mucho mayor.
Para los más impresionables, lo más apropiado es escaparse a las calles aledañas cada cierto tiempo a tomar un poco de aire, o bien un refresco o quién sabe si saborear la auténtica comida italiana o china, aunque en esta segunda opción es adecuado probar los restaurantes donde se vean chinos nativos, no vaya a ser que sirvan gato por liebre, nunca mejor dicho.