Una psicoterapia, es algo bastante delicado y que además conlleva una relación delicadísima entre el paciente y el psicoterapeuta, por la gran cantidad de información que alude directamente a la privacidad, generalmente cuando se está sometido a enormes tenciones emocionales y en circunstancias dolorosas. Por esto resulta de una importancia muy grande, el apegarse a unos principios éticos y de desempeño idóneos.

Ética del psicólogo

Claro existe un extenso Código Deontológico del Psicólogo de riguroso cumplimiento que en el presente trabajo no vamos a detallar, pero; si los lineamientos básicos que deben cumplirse. Cada persona es absolutamente valiosa que no tiene que utilizarse con ningún fin ni precio, todo individuo tiene una dignidad que es insustituible. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es donde se fundamenta la ética donde tiene que apoyarse la conducta y profesionalidad del psicólogo.

El principio de la responsabilidad, es entendible en relación con el papel del psicólogo al evaluar una solicitud de ayuda por parte de un paciente en situación de fragilidad. La responsabilidad es enorme, ejemplo; el psicólogo no debe por ningún motivo abandonar a su paciente, está obligado a tener una formación extrema y ser competente en su trabajo, no consumir sustancias estimulantes y por supuesto gozar de un buen estado mental.

Honestidad como fundamento

La honestidad como fundamento. Debe evitarse todo engaño, fraude, estafa, no entrar en corruptelas, mantener un comportamiento razonable, ser amable en el trato y, decente en su actuación. Ser sincero. Absolutamente, sincero en la comunicación de los datos, basados en la ciencia o en su experiencia. Prudente, lo cual es muy necesario para observar lo bueno o lo malo y enfocar el tratamiento y acciones para hacer el bien y proveer bienestar a sus pacientes.

Además de estas premisas básicas de actuación, antes de asumir cualquier terapia, es necesario tener presente los puntos siguientes: Discusión de los objetivos. Ejemplo; ¿Cuál es la finalidad del tratamiento? Especialistas y pacientes deben conversar de cuál es la finalidad de la terapia, y ponerse de acuerdo. Inopinadamente un paciente puede acudir para ser capaz de afrontar un procedimiento quirúrgico estético y el psicólogo pretende hacerlo aceptar su imagen tal como es. Por esto es importante que discutan el propósito.

Discutiendo la terapia

Discusión de la terapia. Evaluando el problema puede haber varias maneras de tratarlo. La duración, la eficacia, los inconvenientes, el precio. Pueden hacer que el paciente se decida por una u otra terapia. Generalmente, puede que el terapeuta sea experto en un procedimiento determinado, que es según su experiencia y parecer, el que le produce mejores resultados o que en su defecto refiera al paciente a manos de otro profesional diferente, si a su juicio puede solucionarse con otro método. Sin embargo existe un inconveniente y, es que no hay un criterio universal, sino que cada terapeuta piensa de una forma, por lo cual el paciente debe informarse primero sobre los tipos de terapia y decidir después.

Pero de cualquier manera es un tema que hay que abordar antes de dar inicio a cualquier terapia. Un terapeuta, como un médico, no debe asumir toda clase de problemas. Ejemplo; hay expertos en pareja, infantil, etc., al igual que hay cardiólogos, pediatras, nefrólogos… Su deber es solo tratar aquello para lo que esté debidamente cualificado. Confidencialidad: Antes de dar inicio a la psicoterapia, y con el fin de que el paciente confíe plenamente en su terapeuta y pueda aplicar una terapia eficaz, es necesario informarle que todo lo que diga durante el tratamiento es confidencial.

Por medida de excepción, podrá revelarse alguna información en el caso de que haya varios terapeutas interviniendo en el tratamiento, en el caso de un procedimiento judicial que haga la exigencia de datos confidenciales e igualmente si existiera riesgo de daño, para el paciente o para otras personas. Relación terapeuta-paciente no profesional. El terapeuta no debe tener relaciones sexuales, profesionales, económicas ni de ningún tipo con su paciente.

Objetividad

Ser objetivo. El terapeuta debe obligarse a dejar de lado su manera de pensar y, claro, sus prejuicios, si está en contra de la homosexualidad, no debe tratar de influir sobre la forma de actuar de un paciente homosexual. Respetar las diferencias de orientación sexual, género, características étnicas, políticas, culturales. En caso de que se sienta incapaz de darle cumplimiento a lo expresado, debe decírselo honestamente a su paciente y enviarlo a otro profesional.

Evaluación. El terapeuta y el paciente tienen una vista subjetiva de cómo adelanta el tratamiento, pero más deseable aún es, que también pudiera medirse la eficacia con un criterio objetivo y comunicarse al paciente.