Un fenómeno que se ha extendido en el cine estadounidense, con cada vez mayor profusión a lo largo de estos últimos años, es el de exprimir los éxitos comerciales más rotundos con el lanzamiento de secuelas —hasta el punto de llegar a constituir auténticas sagas, que se prolongan a través de numerosos títulos—. A ese fenómeno parece no ser ajeno últimamente el cine español, que, aunque con volúmenes de taquilla mucho más modestos, también rentabiliza sus contados blockbusters a través de idéntico mecanismo. Bajo esa premisa llega ahora a las pantallas cinematográficas ‘Fuga de cerebros 2’.

Una secuela cantada

Hace solo dos años, en 2009, el Festival de Cine Español de Málaga asistía, con la sorpresa de los allí presentes, al triunfo incontestable de una comedia ligera y disparatada, ‘Fuga de cerebros’; una cinta que, posteriormente, y con motivo de su estreno en salas comerciales, refrendaría ese éxito “festivalero”, alcanzando unas cifras en taquilla (la recaudación fue ligeramente superior a los siete millones de euros) inusualmente altas para los baremos habituales en nuestro cine —si se exceptúan contadísimos casos, como los de la saga Torrente—.

Partiendo de tales circunstancias, era algo de todo punto previsible que se rodara una secuela, y, efectivamente, así se hizo, dando origen al proyecto que ahora llega a las salas comerciales, ‘Fuga de cerebros 2’; una propuesta cuyo objetivo inequívoco no es otro que el de reeditar los excelentes resultados económicos de su predecesora, basándose, fundamentalmente, en explotar las claves tonales y argumentales que tan excelente acogida obtuvieron en el caso de su obra matriz, y buscando, como aquella, el favor mayoritario de un público de un segmento de edad muy concreto —el juvenil—.

Un argumento liviano y sencillo

‘Fuga de cerebros’ partía de premisas argumentales que, aun no siendo nada novedosas, siempre han gozado de un amplio favor de la platea; básicamente, estábamos ante una historia de amor típica de comedia romántica convencional, en la que un chico se enamora de una chica, y, ante la tesitura de que ésta marche al extranjero (concretamente, a Inglaterra, a Oxford) a continuar sus estudios, éste decide liarse la manta a la cabeza, y, en compañía de una caterva de descerebrados “amiguetes”, seguir los pasos de su amada, con las (desastrosas) consecuencias que cabe esperar de tan irracional decisión.

Su secuela, lejos de buscar planteamientos nuevos, o que vengan a romper con los de su predecesora, reincide en los mismos, y esboza una trama prácticamente idéntica, con el único sustitutivo, en lo esencial, del país de destino del “selecto grupo” de acompañantes del protagonista, que ahora será Estados Unidos, y de la universidad en la que se instalan, que pasa a ser Harvard. A partir de tal arranque, más de lo mismo: una sucesión continua de gags, basados en la vis cómica de los intérpretes y el cóctel habitual (sexo, escatología y similares) en comedias de este corte.

Las bazas y obstáculos para el éxito

Amén de esos elementos argumentales, en la línea de las tendencias imperantes en el ámbito de la comedia americana con más predicamento entre el público joven, ‘Fuga de cerebros’ contó con un señuelo importantísimo, que fue el de su pareja protagonista: Mario Casas y Amaia Salamanca, por aquel entonces en la cresta de la ola de la popularidad, gracias a sus trabajos televisivos, constituyeron un fuerte reclamo para llenar las salas de legiones de admiradores de uno y otro sexo, ávidos de ver a sus ídolos envueltos en una trama que les otorgaba roles de un protagonismo muy elevado.

La segunda entrega de la saga no cuenta con esa pareja protagonista —sus papeles pasan a ser ocupados por Adrián Lastra y Patricia Montero—, lo cual no deja de ser un serio hándicap a la hora de cubrir un cupo extenso de público, ése que asiste a los cines contando, fundamentalmente, con el aliciente de poder ver a sus estrellas predilectas, y que, en este caso, ya no contará con ese gancho. Sí que se mantiene, en cambio, en el elenco, el grueso de los actores secundarios —al igual que la práctica totalidad del equipo técnico—, lo cual garantiza una cierta continuidad tanto en el capítulo interpretativo como en la concepción formal de la cinta.

Al igual que, el pasado año, una cinta como ‘3 metros sobre el cielo’ constituyó, en las postrimerías de la temporada, un elemento revitalizador indudable sobre las anémicas cifras de la taquilla del cine español del periodo, ‘Fuga de cerebros 2’ parece destinada a jugar un papel similar en el cierre de éste —aun cuando las cifras de 2011 sean bastante más halagüeñas, gracias, ciertamente, al peso de las recaudaciones de ‘Torrente 4’—. ¿Lo será efectivamente? La solución a esta incógnita se podrá despejar a partir del próximo 2 de diciembre.