‘Fuego en el Cuerpo’ (Body Heat, 1981), fue el punto de partida sobre el cual se cimentó el posterior éxito cinematográfico cosechado por los tres principales protagonistas de este artículo: El realizador Lawrence Kasdan y los actores William Hurt y Kathleen Turner. Tres focos de interés que vieron potenciadas sus carreras en un puñado de producciones reseñables que de un tiempo a esta parte no han evitado que bajen varios peldaños en el escalafón de la ‘Meca del Cine’.

Femme Fatale

En este sentido, cabe destacar sobre todo el caso de Kathleen Turner, la indómita femme fatale de los años 80, una auténtica estrella de la pantalla cuyo reconocimiento en Hollywood hace más de dos décadas fue decayendo progresivamente hacia un olvido en las postrimerías achacado a los cambios físicos propios de la edad. Su inquietante presencia en la cinta de Kasdan fue el vehículo idóneo para mostrarse ante el público como una zagala de armas tomar, capaz de abarcar personajes temperamentales y desafiantes, turbando el juicio de los miembros del sexo opuesto con su inquietante belleza. Esa capacidad felina para seducir y apresar a sus víctimas se dejó ver en más de una película, recibiendo por ello multitud de premios y la admiración de miles de seguidores.

Varios son los títulos que atestiguan su condición de vampiresa del cine: ‘Un Genio con dos Cerebros’ (dando réplica a Steve Martin como una mujer codiciosa y con ambiciones), ‘La Pasión de China Blue’ (Ken Russell la escogió para encarnar a una diseñadora con una vida nocturna dedicada a satisfacer las fantasías sexuales de muchos hombres), ‘El honor de los Prizzi’ (aquí emparejada con el ‘mafioso’ Jack Nicholson) o ‘La Guerra de los Rose’ (trayendo de cabeza a un tipo como Michael Douglas). Sin embargo, su única nominación por parte de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood llegó curiosamente en una película en la que se aleja bastante del perfil mencionado con anterioridad. Fue Francis Ford Coppola en ‘Peggy Sue se casó’ quien le dio la posibilidad de darle un enfoque distinto a su repertorio, gracias a un toque de ingenuidad e inseguridad que no hizo más que confirmar el talento que llevaba dentro.

Curiosamente la rubia actriz volvió a coincidir con Hurt y Kasdan en una de las producciones que mejores críticas obtuvo en 1988, ‘El Turista Accidental’, una inserción en las vicisitudes propias de un matrimonio en crisis a causa de la repentina muerte de su hijo pequeño. Otras dos películas importantes en la fulgurante carrera de Turner llegaron de la mano de Robert Zemeckis, ‘Tras el Corazón Verde’ y ‘La joya del Nilo’, ambas de una gran resonancia comercial. Al espíritu aventurero y combativo de su personaje le acompañó la buena química mostrada con Michael Douglas, con quien repetiría experiencia en 1989 con ‘La Guerra de los Rose’.

Hurt y Kasdan, una colaboración productiva

William Hurt, por su parte, se enroló en el proyecto de ‘Fuego en el Cuerpo’ tras un destacable debut en el cine de la mano de Ken Russell, enbarcándose en un ‘Viaje Alucinante al fondo de la Mente’, una odisea psicodélica que mezcla elementos del cine de horror con la Ciencia Ficción para hablar sobre la alteración en los estados de conciencia. Su forma de llevar al límite al personaje protagonista fue reconocida con una nominación al Globo de Oro como mejor descubrimiento en categoría masculina durante el año 1980.

‘Fuego en el Cuerpo’ venía a ser un reto para él, en un género como el cine negro, que por aquellos tiempos empezaba a gozar de ciertos aires de renovación gracias a cineastas como Polanski, Coppola o Sydney Lumet. Así pues, en esta cinta, con generosas dosis de sexo y una trama basada en un escarceo extraconyugal con asesinato premeditado, el abogado Ned Racine se deja engatusar por la cazafortunas Matty Walker, tornándose en un relato absorbente que aumenta en interés al tiempo que los personajes soportan con creciente intensidad el calor de Miami.

Tanto Lawrence Kasdan como William Hurt repetirían con posterioridad en otras películas, como ‘Reencuentro’, ‘El Turista Accidental’ y ‘Te amaré hasta que te mate’, respondiendo en cada uno de los casos a un tipo de comedia muy particular, y con cierto trasfondo dramático. Kasdan dirigió con brillantez a mediados de los 80 ‘Silverado’, un regreso a los clásicos del Western que supuso también el inicio de otro icono, Kevin Costner. Por aquella época, entre 1985 y 1986, Hurt encadenó dos producciones imprescindibles en su currículo: ‘El Beso de la Mujer Araña’ (Óscar al mejor actor) e ‘Hijos de un Dios Menor’ (nominación), confirmándose como uno de los actores más prolíficos de la década.