El argumento de Fresa y chocolate tiene su origen en el cuento de Senel Paz El lobo, el bosque y el hombre nuevo. En este cuento se muestra la amistad entre un estudiante universitario cubano afiliado a las Juventudes Comunistas, David, y un homosexual desencantado con la revolución, Diego, tras casi cuarenta años de dictadura, aislamiento cultural y marginación de todo aquel que no encaje en la definición de "hombre nuevo" (intelectuales críticos, personas religiosas, etc...). Diego reivindica su visión de Cuba y David acaba aceptando su amistad sin contemplaciones. La historia concluye cuando Diego se va de Cuba, expulsado de su trabajo en el área de Cultura por criticar la negativa de exponer la obra de un escultor amigo suyo.

La adaptación del guión fue hecha por Senel Paz, con la ayuda de Tomás Gutiérrez Alea y del también director Juan Carlos Tabío.

Argumento

En Fresa y chocolate David conocerá a Diego en una heladería tras un desengaño amoroso; la novia del primero se ha casado con un alto funcionario comunista al que no ama para tener una vida cómoda. Diego le invita a ir a su casa para mostrarle fotos de una función teatral e intenta seducirle. David se marcha asustado y decide investigarlo para informar al Gobierno. Poco a poco realiza varias visitas a la casa de Diego.

La amistad va surgiendo y Diego consigue que David retome su vocación literaria y vea La Habana y la cultura de la isla con sus mismos ojos (sobre todo con la admiración por Lezama y los grandes maestros de la música como el maestro Lecuona o Ignacio Cervantes). Después aparece Nancy, la vecina de Diego, que se dedica al estraperlo y tiene frecuentes depresiones que le conducen al suicidio.

Diego le pide que inicie a David en el sexo, y ésta accede porque está enamorada del chico. Se forma así un triángulo sentimental que se rompe cuando Diego decide marcharse de Cuba al ser expulsado de su trabajo en cultura por su actitud crítica frente al Gobierno.

Lenguaje visual

La primera gran diferencia con otras películas de raíz neorrealista es el uso del color, que aquí tiene una enorme riqueza de matices y tonos brumosos subordinados al desarrollo de la historia.

Otro elemento que subraya este intimismo es el uso de gran cantidad de primeros planos de los personajes, sobre todo cuando David está con Diego en la "guarida" (denominación que le da Diego a su vivienda).

Lenguaje musical

La música constituye otro de los soportes donde se asienta la película. La banda sonora está cargada de una excepcional belleza y solemnidad. Está compuesta en su mayor parte por José María Vitier y tiene versiones de Lecuona, Urfe e Ignacio Cervantes, que marcan momentos de gran intensidad emotiva.

El clímax del filme está presente en el abrazo que David le da a Diego en el momento en que se entera que éste abandona la isla. Con este solo gesto demuestra que ha sabido romper sus prejuicios, aunque el acto de cerrar la ventana significa que no quiere que le vean los vecinos. No todo se ha conseguido.

Resumen de una trayectoria

Fresa y chocolate puede considerarse su testamento cinematográfico a pesar de que todavía realizaría, junto con Juan Carlos Tabío, otro éxito de público, Guantanamera.

Diego es el personaje con mayor peso dramático en toda la película gracias al trabajo realizado por Jorge Perugorría, quien logró configurar al personaje más complejo de todos cuantos hayan surgido de la lente de Gutiérrez Alea.

Es en esta historia donde el autor pone en lenguaje fílmico todas sus reflexiones sobre política, arte y sentido de la vida: "me habría encantado que él (Néstor Almendros) viera esta película (...) Pero él era un destinatario especial de esta película (en referencia a homosexualidad de Almendros)"; "para ser eficaz en el plano ideológico, el cine debe ser eficaz como cine, es decir, debe ser eficaz en el plano estético"; "vivimos en una isla en todos los sentidos: nos hemos aislado demasiado. Culturalmente hemos venido empobreciéndonos (...) Si pretendemos comunicarnos con el resto del mundo, deberíamos tener en cuenta que ya no somos del mundo"; "la vida podría ser más hermosa, más plena, si se la llenara de esas maravillas que tiene, como el afecto... Pero la convertimos en un infierno con las guerras, la política; esa estupidez tan grande que es la política, que nos hace perder tanto tiempo" (Évora, José Antonio: Tomás Gutiérrez Alea).