La construcción de estos barcos supuso una verdadera revolución para la Armada Española pues nunca anteriormente se había dispuesto de unos buques tan modernos y de tan alta capacidad y además desarrollados en España.

Origen de los nuevos barcos españoles de guerra

Su origen sale de una casualidad cuando en 1990 una serie de países europeos: Holanda, Italia, Gran Bretaña, Francia, Alemania, España junto con los EEUU abandonaban el proyecto NRF-90 por el que dotar a todas las marinas de la OTAN de un solo modelo de fragata que equiparara y fuera intercambiable para todas las armadas aliadas.

¿El motivo del fracaso? La imposibilidad de ponerse de acuerdo en las especificaciones del buque que cada nación quería desarrollar conforme a sus necesidades particulares y armamento. Un ejemplo, Francia pedía armarlo con misiles antibuque Exocet mientras el resto de socios preferían el Harpoon de EEUU.

Así, luchando entre las características requeridas por cada país los ingenieros navales que lo diseñaban, lo único que pudieron presentar fue un buque de 20.000 toneladas del tamaño de un crucero frente a las 6.000 toneladas requeridas para una fragata.

Alternativas al proyecto NRF

En estas condiciones, el proyecto se tornó en totalmente antieconómico tanto en su desarrollo como en su resultado pues el coste monetario de mantener una flota de cruceros solamente se lo podía permitir una armada como la de los EEUU. España, por ejemplo, solo tiene cuatro buques de tamaño crucero, los portaaviones “Príncipe de Asturias” y el nuevo “Juan Carlos I” o los dos transportes de ataque clase “Galicia”, dado que son buques más pequeños como las fragatas las que llevan el peso del combate en superficie por su menor coste, mayor número y facilidad de fabricación.

Los diferentes socios optaron por proyectos particulares: EEUU desarrolló destructores de la clase “Argleigh Burke”, Gran Bretaña nuevos destructores Type-45, Francia e Italia la clase de Fragatas “Horizón” y Holanda, Alemania y España acordaron desarrollar sus propios diseños pero manteniendo la idea que fueran de capacidades compatibles.

Integración de alta tecnología en los buques de guerra

Y de hecho la tecnología de combate existía pues se basaría el sistema de radar/sonar Aegis estadounidense capaz de cubrir vastas áreas navales, sobre y bajo la superficie, y la capacidad de seguir a 200 blancos y combatir a 60 simultáneamente lo que le convierte en el sistema de combate más avanzado del mundo.

Una vez los EEUU cedieron la tecnología Aegis, ya la habían entregado anteriormente a Corea o Japón, el reto era introducirla en un buque de 6.000 toneladas cuando los estadounidenses, coreanos y japoneses lo máximo que habían logrado era adaptarla a destructores y cruceros de 10.000 a 20.000 toneladas. La idea fue tomada a burla por los ingenieros de EEUU.

Y el caso es que llevó 10 años pero finalmente el 31 de octubre del 2000 era botado el primer barco del mundo que integraba el sistema de combate Aegis en una fragata, la española “Álvaro de Bazán”.

Prestaciones de las Fragatas españolas F-100

Prensa y estados mayores navales se quedaron con la boca abierta por el logro pues aparte de la integración del sistema en la cuarta parte de su tamaño original el buque tenía capacidad de combate polivalente contra otros buques, aviones, misiles, submarinos, apoyo a tierra, capacidad de portar helicópteros, detección a 600 kilómetros de distancia, características furtivas pues en las pantallas de radar su eco es menor al de un pesquero de bajura, armamento multifunción a base de misiles antibuque y antiaéreos capaces de abatir misiles en vuelo, torpedos antisubmarinos, artillería, capaz de servir como buque de mando, guerra electrónica, sistemas antitorpedos, integrarse en una flota aliada o combatir en solitario tanto en costas como alta mar.

Éxito internacional de pedidos de los astilleros españoles

Así el nuevo barco se convertía en un éxito internacional de ventas siendo pedido por Australia, tres buques, cinco por Noruega y pedidos a concretar número por Chile, Tailandia y Taiwán.

La Armada Española pidió seis unidades aunque los ajustes presupuestarios dejaron el número en cinco que fueron bautizadas con el nombre de marinos ilustres: F-101 “Álvaro de Bazán”, F-102 “Almirante Juan de Borbón”, F-103 “Blas de Lezo”, F-104 “Méndez Núñez” y la F-105 “Cristóbal Colón” por entregar este año.

Las F-100 en operaciones

Los nuevos barcos empezaban a cumplir misiones y se integraban en grupos de combate multinacionales en zonas de conflicto, cumpliendo a la perfección y superando con creces las durísimas pruebas de calificación para el combate que les imponía la marina americana sin duda las más exigentes del mundo.

De este modo, han cumplido misiones internacionales, participado en misiones contra la piratería en el Índico y ahora en el embargo de armas a Libia con la F-104 “Méndez Núñez”. Habida cuenta de la tecnología y capacidad de estos navíos puede aseverarse que no se ha elegido buque mejor.