Es tierra de colores, y cada uno de ellos es capaz de atraparnos por su propia fuerza. El azul turquesa de sus aguas, el blanco de su arena fina, el dorado de sus tierras y prados, el verde de sus bosques y el rojizo de sus increíbles atardeceres hacen que uno desee quedarse eternamente en ese paraíso terrenal que lleva por nombre Formentera. Y es que, en poco más de 80 km2, la más pequeña de las islas Baleares esconde la magia que cualquier persona que se guíe por el binomio de naturaleza y tranquilidad anda buscando.

El transporte en la isla

La única forma de llegar a Formentera es por mar, dado que por su tamaño carece de aeropuerto. Hay distintos modos para ir a la isla, pero el más habitual consiste en coger uno de los múltiples ferris que zarpan del puerto de Ibiza y que realizan el trayecto hasta Formentera en poco más de media hora.

Una vez en Formentera el transporte es indispensable si uno desea conocer su geografía. Es una isla íntima y pequeña en tamaño, y aunque es cierto que en pocos días uno recorre la fisonomía del lugar de manera superficial, lo ideal es que para hacerlo se alquile algún tipo de vehículo.

Los más deportistas se atreven con las bicicletas, habituales en la isla; y hay quien apuesta por la confortabilidad del coche o la sensación de libertad que proporcionan los quads. Pero lo más habitual y cómodo es alquilar una scooter o motocicleta, dado que ofrece una mayor movilidad, rapidez y manejabilidad. Para aquellos que descarten alquilar algún tipo de vehículo también existe el servicio de taxi, y durante los meses de verano se refuerzan las líneas regulares de autobuses “entre todos los núcleos de la población y núcleos turísticos, así como a las principales playas de la isla”, tal y como se publica en la página web oficial de Formentera.

Playas paradisíacas

El verdadero atractivo para muchos de los turistas son las playas, de un color turquesa tan claro que nada tienen que envidiar a las del Caribe. Sus aguas cristalinas bañan los más de 20 kilómetros de costa, y aunque hay playas para todos los gustos, las más conocidas son las que se mencionan a continuación:

  • Illetes: situada en el punto más hacia el norte de la isla, es la playa más visitada por los turistas. Para garantizar el entorno en el que se encuentra y regular el acceso a los vehículos, se cobra una tarifa simbólica de dos euros al día por motocicleta y cinco euros por turismo. Se accede a ella a través de unos planos caminos de tierra, y está rodeada de un paisaje natural precioso. Sus 500 metros de playas claras, serenas y limpias, y los servicios con los que cuenta (escuela de buceo y vela, deportes acuáticos, hamacas, parasoles, primeros auxilios o restaurante) hacen que se le haya otorgado el distintivo de bandera azul.
  • S’Alga: se encuentra en la pequeña isla de Espalmador, situada a escasos 150 metros de la de Formentera. Se trata de una isla de 3 km2 que permanece inalterada por el hombre, y se accede a ella en barco desde el puerto de la Savina o desde la misma playa de Illetes. Siempre que el clima y la marea lo permitan, se puede cubrir la distancia a nado. La isla es de carácter privado, y está considerada parque natural por la gran variedad de fauna y flora que se puede encontrar.
  • Migjorn: es la playa más grande de la isla. Sus cinco kilómetros de longitud van casi desde un extremo de la isla a otro. Su ocupación es alta debido a su extensión, pero también por la tranquilidad y transparencia de sus aguas.
  • Caló des Mort: se trata de una pequeña cala de 80 metros de longitud situada bajo un precioso acantilado. Se encuentra en el extremo más occidental de la playa de Migjorn, y se accede a ella andando a través de un camino rocoso y arenoso con unas vistas increíbles. Una cuerda ayuda a acceder a la playa donde, una vez allí, el horizonte es único testigo de las maravillas que la naturaleza esconde. Como en algunas otras playas de la isla en esta también se practica el nudismo, aunque no es ni mucho menos un requisito indispensable.
  • Cala Sahona: a pesar de sus escasos 140 metros de longitud, es una de las playas más bonitas de la isla. Tiene forma cerrada, y la tranquilidad y la belleza de la cala hacen que resulte una parada indispensable para el turista.

Lugares de visita obligada

Muchos viajeros se acercan a Formentera con la única idea de encontrar playas de agua cristalina y arenas blancas. Pero una vez allí, la oferta cultural de la isla brilla por si sola. Cada rincón esconde magia, y un simple paseo puede convertirse en una ruta cultural improvisada.

Formada por pequeños pueblos, siendo Es Pujols el más turístico y San Ferran de Ses Roques uno de los más míticos, Formentera esconde lugares cargados de intensidad. Estos, entre muchos otros, son algunos de los indispensables:

  • Faro y mercado de la Mola: situado en el extremo más elevado de la isla, el faro se encuentra cerca de un acantilado impresionante, en una explanada inmensa que invita a sentarse a observar el horizonte. A sus 192 metros sobre el nivel del mar, es un lugar ideal para perderse y encontrarse a uno mismo. Pocos metros antes, encontramos uno de los mercados hippies más concurridos de la isla: el mercado artesanal de La Mola, lleno de tiendas que ofrecen desde anillos de coco a cuadros abstractos.
  • Cap de Barbaria: en el extremo opuesto se encuentra el faro de Barbaria, conocido por la mayoría por ser uno de los escenarios de la película española Lucía y el sexo. Se accede por un camino asfaltado, cuya magia aumenta por segundos a medida que nos acercamos al faro, que queda de frente. Una vez allí, más magia. Acantilados rocosos, zonas de cultivo, y una cueva estrecha que nos presenta el mar en un estado de soledad y naturaleza puros, hacen del lugar una visita obligada.
  • Atarcederes: de día Formentera esconde secretos que la noche sabe guardar. Y en ese punto intermedio tienen lugar los atardeceres más bellos que uno puede ver. Éstos son visibles desde distintos puntos de la isla, siendo el Cap de Barbaria uno de los lugares favoritos para los turistas. Otra opción es disfrutar de la puesta de sol saboreando un mojito o una caipirinha mientras, sentados en las rocas, vemos como el cielo anaranjado augura una noche cercana. El Piratabus, un chiringuito mítico en la isla al cual se accede a través de un camino arenoso cerca de la playa de Migjorn, ofrece unas vistas increíbles con unos cócteles deliciosos para inmortalizar un momento único por mucho que se repita.
  • Fonda Pepe: es uno de los lugares legendarios de la isla. Situado en el centro de San Ferran, sus hierbas ibicencas son conocidas por todo aquel que pisa sus tierras. El cantante Bob Dylan era asiduo al local durante su estancia en Formentera. Y es que, sin duda, es un lugar acogedor e ideal para sentirse uno más en la isla.
  • Espalmador: esta isla situada a pocos metros de Formentera es conocida, a parte de por sus aguas cristalinas y sus tierras deshabitadas, por los baños de lodo o barro, uno de los atractivos de esta isla virgen llena de fauna y flora en su estado más puro.
  • Parque natural de Ses Salines: son unas instalaciones dedicadas a la extracción de sal marina; actividad importante para la economía de la isla durante muchos años.
  • Estany des Peix: se trata de un paraje natural compuesto de una pequeña laguna con abertura al mar. Está considerada zona de especial protección para las aves, y ha sido declarada reserva de la biosfera por la UNESCO.

Cuándo visitar la isla

Formentera tiene un clima típico mediterráneo, con una temperatura media anual que roza los 18 grados centígrados y con cerca de 300 días de sol al año. Los meses más concurridos suelen ser de junio a septiembre, siendo estos dos los más tranquilos de la temporada veraniega. Y es que, mientras en invierno la isla permanece tranquila ocupada por sus cerca de 10.000 habitantes, durante los meses de verano esa población casi se duplica. Es por eso que muchos encuentran en los meses de junio y septiembre el momento ideal para escaparse a la isla.

La mayoría de turistas provienen de Italia, y durante los meses de verano es habitual encontrarse decenas de barcos amarrados a unos centenares de metros de las playas. Aun así, y gracias a la política medioambiental de la isla, ésta no se encuentra abarrotada de grandes hoteles, sino más bien de pequeños hostales y apartamentos particulares. Es por eso que, aunque uno decida irse en pleno agosto, siempre encuentra un lugar en el que estar tranquilo.

Este hecho va ligado a otro muy parecido, y es que en Formentera está prohibido acampar, por lo que el número de turistas está limitado por ley. Esto, que puede parecer una ventaja para quien busca tranquilidad en la isla, puede llegar a convertirse en un inconveniente mientras uno lleva a cabo la ardua tarea de encontrar alojamiento. Es por eso que, para no encontrarnos con sorpresas, conviene preparar el viaje con unos cuantos meses de antelación.

En definitiva, Formentera es un paraíso en forma de isla. Es un lugar en el que perderse para encontrarse a uno mismo. Formentera es un lugar ir. Y es un lugar para volver. Por eso, al salir de la isla, uno debe tener en cuenta que probablemente una parte de él se habrá quedado allí para siempre.