El sexo se vive de muy diversas formas dependiendo de la cultura. Eso es lo que mucha gente piensa, pero ¿realmente es así? ¿Depende la sexualidad de los hábitos y costumbres de quienes la practican? En principio, parece que sí. La cultura y la religión mantienen una relación inherente, por tanto, la religión influye de alguna forma en la práctica de la sexualidad.

Sexo para agradar a Dios

En el mundo árabe la sexualidad está muy ligada a la religión, hasta el punto de que es considerada como un don de Dios. “Toda intimidad es intimidad con Al-lâh”, dice Abdennur Prado, secretario de organización de Junta Islámica y director de Webislam.com. Los árabes tienen la creencia de que mantener relaciones sexuales y después lavarse todo el cuerpo les libra de sus pecados. Es por ello que rechazan la abstinencia y además, el matrimonio es algo extremadamente importante para ellos. Los árabes tienen muy presente la palabra de Al-lâh: “Si la pareja procede al acto sexual con el propósito de alcanzar un goce sexual, para la procreación, por el placer sexual, si se sitúa en esta perspectiva de agradar a Dios, de expresarle reconocimiento y obediencia, está cumpliendo un acto de adoración”.

La forma de vivir la sexualidad en la cultura árabe es meramente machista, todo gira en torno al hombre. Es él quien tiene que satisfacer a su mujer, el que debe conocer la importancia de estar casado y el que debe acercarse a su Dios a través de la sexualidad.

Sexo prohibido

La cultura europea y la latinoamericana, donde predomina el cristianismo, es muy diferente, al menos en lo que a la teoría se refiere. Bertrand Russell, filósofo británico, explicó que “la enseñanza tradicional de la Iglesia ha sido y sigue siendo que la castidad es lo mejor, aunque para quienes esto les resulte imposible dejan la posibilidad del matrimonio”. La Iglesia concibe el sexo como algo malo, prohibido, critica el uso de anticonceptivos e incluso reprocha la sexualidad entre esposos si no se realiza con la finalidad de procrear.

A pesar de la multitud de restricciones teóricas con que cuenta el sexo en Europa, y aunque más del 80% de los europeos son cristianos, lo cierto es que un escaso número de ellos sigue a rajatabla esas estrictas normas. En la práctica, la sexualidad se vive de forma muy diferente a lo que dicta la Iglesia. Hombres y mujeres viven de forma cada vez más liberal y las mujeres no se someten a los deseos de sus maridos, como sucedía hace algunos años, sino que se preocupan tanto del placer propio como del de su pareja. En la actualidad no está mal visto, al menos no tanto como hace algún tiempo, que una pareja mantenga relaciones antes de casarse, incluso pueden vivir juntos sin contraer matrimonio y no tener que someterse a las críticas de la sociedad.

El concepto de libertad sexual está evolucionando de tal modo que, tanto en Europa como en Latinoamérica, hoy día el sexo sin amor es algo que está muy de moda. Las relaciones ya no se dan sólo entre parejas estables, es muy habitual que dos personas que se acaban de conocer y se gustan, acaben compartiendo cama.

Aún así, todavía hay gente, sobre todo personas mayores, que, influenciados por la ideología de la Iglesia, temen dar rienda suelta a sus deseos sexuales por miedo a pecar e ir al Infierno.

Sexo espiritual y medicinal

En algunos países asiáticos, como China, el sexo se vive según los ideales del taoísmo, teoría que entiende las relaciones sexuales como algo espiritual, como una conjunción entre lo positivo –el yang– y lo negativo –el yin–. Para ellos el sexo es una práctica necesaria para alcanzar la energía del cuerpo, ser más longevos e incluso lograr la inmortalidad. Además, es muy importante conocer las posturas sexuales, porque a través de ellas se pueden curar dolencias y enfermedades.

A pesar de la multitud de formas que existen de vivir la sexualidad, son muchos los lugares en los que las prácticas sexuales se ven demasiado influenciadas por aspectos como la religión, la cultura o la educación.