Algunos de los miedos que caracterizan a esta clase de fobia son: hablar en público, asistir a reuniones sociales, tener citas con posibles parejas, expresar desacuerdos o mirar a los ojos, entre otros.

El trastorno de ansiedad social (TAS) tiene sus inicios en la infancia o principios de la adolescencia, momento en que surge la necesidad de socializar y relacionarse con el sexo opuesto. La edad promedio varía entre los 14 y 20 años, y aproximadamente una de cada ocho personas lo padecen. El TAS no se manifiesta de la misma forma, sino que una persona puede sentir miedo en una sola circunstancia, pero sentirse relajada en otro contexto. Actualmente se considera que hay dos tipos de TAS: generalizado si se presenta en todas las situaciones sociales y especifico cuando se da sólo en alguna de ellas.

El origen de estos comportamientos se da en elementos biológicos, vinculados con la amígdala cerebral y su capacidad de estar en alerta y detectar peligros; y psicológicos, acompañados de baja autoestima y perfeccionismo, situación que lleva a las personas a estar en constante tensión en lo que se refiere a sus propios actos y comentarios

Síntomas y tratamiento

Algunos de los síntomas físicos que sufren los enfermos son sudoración, temblores en las manos, cambios en el tono de voz, falta de aire y tensión muscular. En cuanto al aspecto psicológico, la persona tiene un miedo irracional ante la posibilidad de actuar de forma negativa frente a los demás. Esto provoca ansiedad, por lo cual la gente evita el contacto social.

Los especialistas sostienen que el tratamiento incluye dos partes: psico educación, relacionada con darle al paciente y a sus familiares toda la información acerca de la enfermedad; y por otro lado la terapia cognitiva-conductual en la que se trabaja directamente con los pensamientos y las creencias de cada paciente. El aprendizaje de nuevas técnicas le permite al paciente romper con el temor de que todo lo que hace lo va a avergonzar o humillar; a la vez que le provee herramientas que les permiten relacionarse sanamente con su entorno.

En algunos casos, el medico deberá recetar ansiolíticos o inhibidores de la serotonina; si bien estos representan la minoría de los pacientes. En lo que compete a la familia y amigos, es fundamental acompañar desde el afecto, y no confundir fobia social con timidez. No debe minimizarse la situación, ya que a medida que pasa el tiempo el trastorno aumenta. En caso de que sea necesario, debe consultarse con un especialista para llegar a un diagnóstico y tratamiento adecuado a fin de lograr la recuperación del paciente.