La Fobia Social (FS) implica una enorme dificultad o hasta imposibilidad para relacionarse de manera adecuada en un plano social (incluso familiar), laboral, académico. El sociofóbico experimenta una gran ansiedad cada vez que ha de interactuar social o afectivamente: sus dificultades serán tremendas a la hora de obtener o retener un empleo, edificar una red de relaciones o embarcarse en una relación de pareja. La FS es angustiosa en especial durante la adolescencia, época donde sus efectos se hacen más evidentes.

La FS se encuentra en la actualidad definida en un plano académico, científico, profesional y asistencial, aunque no falta quien dice que la etiqueta "fobia social" responde a la tendencia de nuestros días de "medicalizar" todos los aspectos de la vida cotidiana. Según estos críticos, la "fobia social" constituiría una especie de medicalización de la vieja y conocida "timidez".

Pero estaríamos si acaso ante una timidez increíblemente ansiógena, que hace sufrir intensamente al enfermo, llevándole a atravesar una especie de calvario de culpa, miedo y sensación de incapacidad y fracaso. En la actualidad, no obstante, y gracias al notable desarrollo de la Psicología, la Psiquiatría y la Farmacología existen tratamientos muy eficaces para superar o aliviar este trastorno, que sufre un sector bastante más amplio de la población de lo que habitualmente pensamos.

Cómo identificar la FS. Qué hacer

Lo primero: comprender que estamos ante la presencia del mal. El aislamiento, el miedo a las situaciones sociales de casi cualquier tipo, el padre o la madre que ven cómo el hijo adolescente se muestra retraído y sombrío, aparentemente sin amigos o sin actividades extraescolares de tipo alguno, el desempleo del que ni siquiera se intenta salir, el tedio, la permanente desolación y tantos otros síntomas y evidencias han de llevarnos a concluir que tratamos con la fobia social.

Este trastorno fóbico que se manifiesta con una fuerte angustia, con los densos mariposeos en el estómago ante la exposición social más nimia, suele evidenciarse en la adolescencia, cuando la evolución personal lleva de modo natural a exposiciones sociales más abundantes y profundas, cuando se exploran territorios nuevos, y vemos no obstante que el enfermo, por el contrario se retrae de manera desconcertante. Es en ese momento, del modo más temprano posible, cuando se la ha de identificar y empezar a tratar.

Psicología, Psiquiatría y fármacos

La Psicología nos ofrece la terapia cognitivo-conductual, eficacísimo enfoque que permite racionalizar todos los aspectos de la vida cotidiana, identificando una serie de distorsiones cognitivas en que la persona ansiosa incurre normalmente, especie de pensamientos distorsionados (y por lo tanto ansiógenos) en los que cae sin darse ni cuenta.

Pensamientos del estilo "todo el mundo piensa que soy tonto" (distorsiones cognitivas: generalización excesiva, lectura del pensamiento), "no seré nada en esta vida" (distorsión: error del adivino), "la mirada y expresión de Sandra significa que piensa que no tengo el más mínimo interés como persona" (distorsión: lectura del pensamiento), etc. Se trata de identificar y desmontar estos errores cognitivos y cambiarlos por pensamientos racionales y menos ansiógenos.

Los cambios cognitivos han de conducir a cambios de conducta, que a su vez han de consolidar esos cambios cognitivos. Entramos así en un círculo virtuoso.

Terapia cognitiva, grupal y psicofármacos

La mayor parte de los psicólogos entienden que la terapia cognitivo-conductual es muy preferible a otros acercamientos como el psicoanálisis. La exposición de grupo es un excelente complemento a la terapia cognitiva y los fármacos son también de una gran ayuda como "catalizadores" de los cambios.

Lo ideal es, por lo tanto, que tanto psicólogo (que ha de encargarse de las terapias grupales y cognitivas) como psiquiatra (que se encargará de recetar los fármacos adecuados) trabajen en equipo. En las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, no ha de costar demasiado esfuerzo encontrar clínicas especializadas en el tratamiento de la fobia social, y donde encontremos esa combinación ideal psicólogo-psiquiatra.

Fármacos: IRSS. Escitalopram

Los fármacos más adecuados para el tratamiento de la FB pertenecen al grupo de los Inhibidores de la Recaptación de Serotonina (IRSS), prescritos habitualmente como antidepresivos y al que pertenecen los "célebres" Paroxetina (Seroxat) y Fluoxetina (Prozac). No obstante, los IRSS más adecuados para el tratamiento de la FB son el Citalopram y el Escitalopram.

Como todos los fármacos del grupo de los IRSS, tanto Citalopram y Escitalopram tienen, desde luego, efectos secundarios. No obstante, suelen ser muy bien tolerados y al cabo de unos quince días remiten ciertos efectos desagradables (hipotensión postural, mareos, somnolencia, insomnio, agitación) y empiezan a manifestarse de una manera apreciable los efectos antidepresivos y ansiolíticos (y disminuidores de la ansiedad asociada a la FB).

La nueva situación emocional facilitada por el fármaco hará al paciente mucho más permeable a los cambios cognitivos y de conducta sugeridos por la terapia cognitiva del psicólogo. Con suerte, entraremos en una dinámica que posibilitará el abandono del fármaco tras un período de unos doce meses.

Los IRSS suelen ocasionar algunos problemas de disfunción sexual, con lo cual lo ideal es llegar a prescindir en el futuro del fármaco. En cualquier caso, es el triángulo paciente-psicólogo-psiquiatra el que ha de discutir los pros y contras de la terapia escogida.

Esperanza: hay salida

Lo que está claro es que hoy día es perfectamente posible salir de un pozo mental que en otro tiempo, no muy lejano, obligaba al enfermo a llevar una existencia de vaciedad y tristeza, sin apenas esperanza de cambio. Hoy día, coger el teléfono y llamar a una clínica especializada es el primer paso que ha de llevar a una vida digna, y a un adecuado recorrido emocional.