Además de su formación como ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y urbanista, Florent Marcellesi (Angers, Francia, 1979), es también especialista en cooperación internacional y autor de numerosos artículos y publicaciones sobre ecología política, medio ambiente, cooperación al desarrollo y otras cuestiones europeas e internacionales. Marcellesi es también miembro de EQUO, el nuevo partido político sustentado en la ecología, la equidad social y la horizontalidad y la transparencia democráticas.

Hoy martes 27 de diciembre, a partir de las 20.00 h en el edificio Moneo de Murcia, imparte la conferencia 'Análisis y respuestas a la crisis económica desde la Ecología Política'

Estamos atravesando una crisis no sólo económica, sino también ecológica. ¿Qué soluciones aporta la ecología política?

La ecología política plantea una transformación ecológica, social, democrática y ética de la sociedad.

Esto pasa por relocalizar la economía en torno a actividades poco intensivas en energía pero sí en mano de obra, que creen utilidad socioecológica y que desmantelen la lógica social del consumismo. Al mismo tiempo, necesitamos invertir masivamente en tecnologías y energías limpias, en la mejora de los ecosistemas y en los sectores sostenibles (véase el New Deal Verde), la autosuficiencia energética y la soberanía alimentaria. Supone también hacer un uso masivo de la reducción de la jornada laboral y del reparto del trabajo, incluyendo el de los cuidados así como redistribuir la riqueza a través de una renta máxima, una renta básica de ciudadanía y una fiscalidad sobre los capitales y los recursos naturales. Es prioritaria la regulación drástica del sector financiero y la conversión de la “banca ética” en norma para el sector bancario. Por fin, hace falta construir una macroeconomía ecológica que integre las variables ecológicas y donde la estabilidad no dependa del crecimiento, la productividad del trabajo no sea el factor determinante y, sobre todo, que supere definitivamente el PIB como indicador principal de riqueza.

Para todo esto y como instrumento vertebrador de una transición exitosa, tenemos que poner en marcha una democracia participativa y ecológica.

Hay una corriente que promulga el llamado decrecimiento como un modo de salir de esta situación.

El decrecimiento, una herejía para el sistema socio-económico dominante, tiene el mismo trasfondo que la ecología política: no existe un crecimiento infinito en un planeta finito. Salir del dogma del crecimiento y de la dictadura del PIB, reducir drásticamente nuestra huella ecológica o combinar justicia social y ambiental dentro de los límites del Planeta son las bases del ecologismo político y social. En este marco, el decrecimiento es más bien una herramienta, un término obús y provocador que sabe convocar y obligar a reflexionar sobre la situación actual del mundo, mientras que la ecología política se refiere al conjunto de valores, propuestas e ideas que conforman la ideología verde. Ambos tienen como objetivo un cambio de paradigma social, cultural y económico hacia la construcción de sociedades resilientes, democráticas y de seres humanos libres, que sepan vivir en armonía con la biosfera y el conjunto de su entorno.

La navidad es una época de consumo desorbitado, ¿cuál sería una actitud responsable?

La de apostar por un consumo consciente y transformador, por ejemplo consumiendo local y ecológico, y reduciendo el número de compras: en una sociedad de la abundancia como la nuestra, lo importante es la calidad, no la cantidad. Para alcanzar estos objetivos, animo a consultar campañas como la del “Otro regalo” de Jóvenes Verdes donde proponen divertidas alternativas para escapar del consumismo, entre ellas: exenciones de regalo, regalos manuales, de comercio justo, productos locales....

Como miembro de EQUO, ¿qué balance hace de los resultados electorales de esta formación?

Es de recalcar que Equo ha despertado mucha ilusión y que unas 215.000 personas han votado a Equo como opción política en solitario, lo cual es una muy buena señal de cara al futuro y nos anima a continuar trabajando para ser más fuertes para las próximas convocatorias electorales (como las andaluzas en marzo 2012) y la construcción de una cooperativa política del siglo XXI, horizontal y transparente.

Es cierto que los resultados en Madrid no han sido los esperados. El adelanto electoral y la falta de medios económicos nos han perjudicado para dar a conocer nuestro proyecto a la ciudadanía y eso se ha notado en el número de votos. Además, Equo ha sido una de las fuerzas políticas más perjudicadas por la ley electoral ya que es una ley claramente injusta que impide que el Parlamento refleje la diversidad real de la población española, por lo que vamos a seguir luchando por cambiarla y confiamos en la capacidad de acción ciudadanía para hacerlo.

Recientemente se ha celebrado la Cumbre del Clima en Durban...

No deja de sorprender la incapacidad de los líderes mundiales a dar una respuesta a la altura de la gravedad de la situación. La firma de un acuerdo in extremis no puede esconder una huida hacia delante de los jefes de Estado y negociadores más preocupados por la reconfiguración de los intereses geopolíticos a escala mundial donde predominan la competición a ultranza, la lucha por los recursos naturales y una carrera por el crecimiento.

Primero, porque ni se cumplen las (pocas) promesas de cumbres anteriores de no superar un aumento de 2 grados en comparación con niveles preindustriales (límite para no exponerse a cambios totalmente imprescindibles y extremos según el GIECC). Segundo, porque la puesta en marcha en 2020 de un nuevo acuerdo vinculante llegará demasiado tarde. Hace poco, la muy institucional Agencia Internacional de la Energía ponía 2017 como fecha límite para acotar el incremento de temperaturas a niveles no irreversibles. Tercero, porque se ha vaciado de su sustancia al protocolo de Kyoto: solo representará un 15% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Ante este escenario, se imponen nuevas estrategias:

- Nuevas alianzas entre movimientos de justicia ambiental, social y democrática a nivel local y mundial para impulsar los cambios que no dan los jefes de Estado.

- Poner la mayor parte de los recursos y energías disponibles para construir sociedades resilientes y cohesionadas, es decir preparadas para adaptarse y enfrentarse a cambios bruscos.