La fístula consiste en la comunicación anormal que aparece entre en órgano, un vaso sanguíneo o el intestino y otra estructura. Por lo general las fístulas se originan a partir de traumas o debido a intervenciones quirúrgicas. También pueden ser congénitas o ser el resultado de infecciones o inflamaciones del órgano afectado.

Fístula perianal: causas, síntomas y tratamiento

La fístula perianal aparece a menudo debido a un proceso inflamatorio de la zona circundante al ano, y que puede deberse a un absceso, a exploraciones instrumentales, a diversos trastornos anorrectales o estar asociado a enfermedades como la enteritis regional, hemorroides, apendicitis, o la enfermedad de Crohn.

La fístula perianal provoca una tumefacción dolorosa que suele ir acompañada de secreciones con material purulento o fecal. En algunas ocasiones también se puede presentar material sanguinolento. Los síntomas, además del dolor, aparecen en forma de picores, eczemas y secreciones, con el subsiguiente manchado de la ropa. La fiebre es otro de los síntomas que se presentan ocasionalmente.

El tratamiento para este tipo de proceso es quirúrgico. Las técnicas empleadas irán en función de las características de la fístula. El objetivo consiste en la eliminación del recorrido fistuloso, dejándola sin cerrar para que vaya cicatrizando poco a poco. La intervención puede realizarse con bisturí convencional, llevándose a cabo la coagulación de los vasos sangrantes mediante un bisturí eléctrico, aunque para ambos casos se emplea más habitualmente el bisturí eléctrico. Otra opción es el bisturí láser, con el añadido de poderse realizar la operación con una mayor precisión, al tiempo que ofrece una capacidad selectiva superior en la coagulación.

Fístula vesical: causas síntomas y tratamiento

La fístula vesical se produce debido a una conexión anormal de la vejiga con otro órgano o bien con la piel. Las condiciones más habituales son aquellas en las que se ven involucrados los intestinos, por lo que hablaríamos de fístula vesicointestinal, o cuando la conexión afecta a la vagina, en este caso se trataría de una fístula vesicovaginal.

La causa principal se debe a la necrosis vesical durante el parto; una situación que se da con mucha más frecuencia en las mujeres primerizas asociado con lesiones significativas que se producen en el piso pélvico.

Los síntomas que se refieren más a menudo son las pérdidas de orina asociadas a infecciones de las vías urinarias, salida de aire al orinar, en el caso de la fístula vesicointestinal, irritación de vulva, vagina y perineo y dolores abdominales.

El tratamiento de la fístula vesical puede ser de tipo conservador, instalando una sonda transuretral, más el uso de electrofulguración y el empleo de colágeno. También puede ser necesario el empleo de métodos quirúrgicos. En este caso se procedería al cierre directo de la lesión entre 3 y 6 meses.

Fístula arteriovenosa: causas, síntomas y tratamiento

La fístula arteriovenosa, como su propio nombre indica, consiste en una conexión anormal entre una arteria y una vena. Su aparición puede deberse a varias causas; una anomalía congénita, producto de un traumatismo o herida o bien ser provocada artificialmente por el cirujano.

Una fístula arteriovenosa debe tratarse para evitar consecuencias que pueden llegar a ser graves, máxime si la fístula es grande. Un gran volumen de sangre fluye de la arteria a la vena a una presión superior de la que soporta la vena, con lo que estas se estiran, se dilatan y se abultan. El retorno de la sangre al corazón a través de la conexión arteriovenosa, más rápido de lo normal, puede producir insuficiencia cardiaca, que se desarrollará con más rapidez cuanto más grande sea la fístula.

Las fístulas arteriovenosas congénitas pueden estar cerca de la piel y aparecer hinchadas, dando un aspecto antiestético cuando aparecen, por ejemplo, en la cara. Cuando son de pequeño tamaño pueden eliminarse mediante terapia de coagulación con láser. Sin embargo, cuando su localización está demasiado próxima a los ojos o al cerebro el tratamiento es más complicado.

Las fístulas arteriovenosas que se han contraído conviene tratarlas lo antes posible. Cuando no en sencilla su eliminación, al estar próximas a órganos importantes, se emplean métodos como la obstrucción de la arteria con técnicas de inyección, con lo que se logra la formación de trombos que interrumpen el flujo de sangre dentro de la fístula.

Las fístulas arteriovenosas creadas artificialmente tienen por objeto eliminar el problema de inflamación y coagulación de la vena, circunstancia que puede ocurrir cuando deben hacerse repetidas perforaciones, como por ejemplo en el caso de la diálisis renal. Con este procedimiento se consigue ensanchar la vena y evitar esos problemas. Estas pequeñas fístulas no afectan al corazón y pueden cerrarse de nuevo cuando ya no son necesarias.

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