"La vida es una constante pugna por maximizar el placer" sostenía Epícuro, quien desde entonces sugería al hedonismo como la maquinaria esencial con la cual el ser humano logra sobrevivir. Los hallazgos hechos por las neurociencias, la etología y la filogenia han logrado sustentar esta premisa. Hoy en día sabemos que el placer y todo el mecanismo neural que lo nutre, son los instrumentos por excelencia de la supervivencia.

Importancia del placer

Nuestro encéfalo está diseñado estratégicamente para reaccionar de forma particular a ciertos estímulos que alertan de la existencia de menesteres para la conservación de la vida; estos son: alimentos, una pareja sexual apta o un refugio disponible para descansar y resguardarnos de amenazas del medio. Su obtención trae como consecuencia un estado emocional que va desde el confort hasta el regocijo, lo que no es coincidencia, sino un mecanismo adaptativo. Los resultados de que, por ejemplo, el consumo de alimentos no tuviera un inherente correlato hedónico, traerían consecuencias desde la desnutrición hasta, en un caso extremo, la inanición; de igual forma, el no obtener recompensa emocional alguna por copular, extinguiría a cualquier especie en cuestión de décadas.

Por supuesto, el placer ha llegado a trascender como respuesta a estos estímulos arcaicos; el ser humano, por ejemplo, logra sentir placer por muchas más cosas, que van desde lo muy ligado a la satisfacción de necesidades primarias, como el anuncio de la visita a un magnífico restaurante o la lencería provocativa detrás de un aparador, hasta circunstancias tan intangibles y abstractas como cualquier manifestación artística o las palabras románticas de la persona amada.

Fisiología didáctica del placer

¿Cómo saber si de verdad los gustos desarrollados pertenecen esencialmente a la misma clase de aquellos innatos? Los mecanismos cerebrales, grosso modo, han sido descritos como los mismos para ambos casos. La comunicación entre el área ventral tegmental (AVT) y núcleo accumbens (NAc), dos centros neuronales pertenecientes al sistema límbico, es la orquestadora en la modulación del placer. Las proyecciones axónicas del AVT liberan al neurotransmisor conocido como dopamina (DA), una gran cantidad de receptores a este neurotransmisor se encuentran en las ramificaciones dendríticas y en el soma de neuronas del NAc. Cuando la dopamina hace contacto con dichos receptores, tienen lugar una serie de procesos bioquímicos que resultan en la excitación del NAc. Las manifestaciones emocionales producidas por este último suceso, son magníficamente ilustradas por un experimento clásico llevado a cabo en 1954. En este año, los científicos Olds y Millner estimularon eléctricamente áreas circundantes al NAc, en modelos roedores experimentales. Lo que hallaron fue que los sujetos eran capaces incluso de poner en riesgo su integridad física por obtener la microdescarga eléctrica. Estudios de resonancia magnética, han encontrado también que los humanos tenemos una gran activación del Nac cuando se nos presentan estímulos placenteros.

Memoria y placer

El tener la capacidad de sentir placer no sólo nos motiva para llevar a cabo diferentes conductas, sino que hace posible el almacenamiento de estrategias susceptibles de ser usadas en situaciones futuras, es decir, genera memoria. El hipocampo (HPP) es la estructura cerebral que logra que lo anterior se realice. Es conocido como el centro de almacenamiento de información relevante a corto y mediano plazo. Posee conexiones indirectas con el AVT y el NAc, es por ello que cuando son activados, advierten por medio de procesos electroquímicos al HPP de que algo placentero está ocurriendo, éste a su vez, substrae conceptualmente dicho evento. En otras palabras, nuestro organismo está diseñado para que el detonador de los recuerdos sea el placer, muy probablemente sin él no tendríamos remembranza alguna.

Depresión y anhedonia

Una muestra clara sobre la utilidad del placer, es la depresión; enfermedad que es estrictamente acompañada de anhedonia. Si la anhedonia, en los pacientes deprimidos no es combatida y abolida, la posibilidad de suicidio incrementa dramáticamente. Los antidepresivos, de entre cuyas funciones principales se encuentra la de atacar la anhedonia, están fabricados principalmente a base de sustancias psicoactivas que incrementan en los espacios sinápticos los niveles de catecolaminas, grupo de neurotransmisores dentro de los que se encuentra la dopamina.

Altruismo evolutivo

¿Por qué si el placer lejos de ser algo fastuoso es inexcusable, suele generar culpa cuando se tiene en demasía? Las teorías evolutivas sugieren que, en algún momento de nuestro desarrollo como especie, mecanismos neurales aún no dilucidados fueron creados para asegurar que todos los miembros tuvieran en promedio la misma cantidad de placer, lo que se traduce como la misma posibilidad de sobrevivir y así incrementar la probabilidad de que la especie trascendiera.

Conclusión

El placer asegura nuestra existencia en la Tierra, no sólo como especie sino también como individuos. Los mecanismos fisiológicos que lo producen han ido evolucionando a lo largo del tiempo, adaptándose así a las variabilidades ambientales. La culpa que surge en ocasiones peculiares, cuando se tiene demasiado placer en comparación de los individuos circundantes, es un mecanismo evolutivo activado para procurar la supervivencia de la especie.