Después de días y días de rutina en la ciudad una buena opción para cargar las pilas con aire fresco y disfrutar de nuestra pareja es hacer una escapada a Andorra. Con un par de días en la nieve se empieza de otra manera la semana.

Y es que el invierno aunque invite más quedarse en casa tumbado con una manta encima, también es un momento ideal para pasarlo en la naturaleza. Las estaciones de esquí no sólo ofrecen nieve sino que las opciones a estas alturas son infinitas. Estas son sólo algunas de las más recomendables para compartir con la pareja. Un fin de semana diferente para sorprender y descubrir.

Primer día: esquí y dormir en iglú

Una de las mejores cosas que tiene el invierno es esquiar. Actividad al aire libre y además sin límite. Al menos este es el eslogan de Grandvalira, una estación que cuenta con más de 190 kilómetros de pistas. Realmente es todo un lujo para los amantes del deporte blanco.

Entre bajada y bajada hay infinitas propuestas para comer pero lejos de las aglomeraciones a pie de pistas hay restaurantes más tranquilos. Ideales para comer en pareja, descansar un rato y coger fuerzas. Destacan el Grandvalira Restaurant El Mercat del Pi que está en el sector del Tarter o el restaurante Steak House Gall de Bosc en Soldeu, los dos sin necesidad de moverse de la estación de esquí, pero con mucha más intimidad que las cafeterías y snacks rápidos. Aquí la cocina es mucho más elaborada, con platos dignos de cinco tenedores.

Para pasar la noche de una forma diferente, el iglú de Grandvalira es todo un acierto. Cada año se construye esta instalación situada a más de 2.500 metros de altitud. Se llega subiendo con ratrac o con raquetas de nieve y no tiene nada que ver con los hoteles convencionales. Eso sí, las comodidades son muchas. Sólo hay que ir equipado con un saco de dormir y ropa de abrigo. En los 3.000 metros cuadrados que ocupa el iglú, hay un restaurante para degustar las típicas fondues o raclettes y también momentos para relajarse en un jacuzzi mientras se contemplan las estrellas.

Segundo día: vuelo en helicóptero y visita turística

Sobrevolar las montañas nevadas en invierno es una manera de ver Andorra des de otro punto de vista y seguro que espectacular. Hace falta, eso sí, reservar antes y una vez concretado el vuelo hay que desplazarse al helipuerto que está situado a la salida de la Massana en dirección a Ordino. En unos 15 o 20 minutos se recorren los dos valles que conforman Andorra y se podrán apreciar espectaculares paisajes nevados.

Una vez se vuelve a tocar de pies en el suelo vale la pena hacer una pequeña ruta por la decena de iglesias románicas que encontramos en el Principado. Los folletos están disponibles en cualquier oficina de turismo pero destacan el Santuario de Meritxell que se quemó en 1972 y que en el mismo sitio el arquitecto catalán Ricardo Bofill construyó un nuevo templo muy moderno. También vale la pena visitar la iglesia de Santa Coloma, en Andorra la Vella, ésta típicamente románica y después subir hasta Sant Martí de la Cortinada, en Ordino.

Si se continua por la misma carretera unos kilómetros más arriba, en Llorts hay el restaurante La Neu. Un rincón espléndido para degustar platos típicos de la tierra con un toque de modernidad. Alta cocina en un ambiente tranquilo y acogedor.

Para terminar la jornada hay dos opciones o hacer unas compras en Andorra la Vella y Escaldes donde se encuentran tiendas de marcas conocidas o relajarse en el centro termolúdico de Caldea, en Escaldes.